5 de abril 2004 - 00:00

Un problema es que el gobierno no piensa igual que Blumberg

Este agrupador de un sentir social abrumadoramente mayoritario por la seguridad que es Juan Carlos Blumberg mencionó el tema de «sacar las manzanas podridas de la Policía Bonaerense» en tercer lugar dentro de las reivindicaciones que pidió. Primero, legislación más severa («que los derechos humanos sean también para nosotros y no sólo para los delincuentes», dijo ante 250.000 personas el jueves en Plaza Congreso y para millones de argentinos que lo siguieron por televisión). En segundo lugar, exigió que no prosiga el alarmante liberticidio en el Poder Judicial. Aparte no atacó al agobiado gobernador Felipe Solá.

En cambio, cuando el presidente Néstor Kirchner llegó a un acto con 400 veteranos de Malvinas -que bien pudo posponerlo para el viernes, día exacto de la conmemoración- lo primero que atacó fue a la Policía Bonaerense y casi explícitamente al gobernador Solá. En cambio, no habló de leyes más severas contra la delincuencia y menos de llegar a formas menos liberticidas de parte de nuestros magistrados.

De acuerdo con sus modos de pensar, es lógico que el Presidente y el dolido padre prioricen distinto este momento. Al hombre de Santa Cruz le preocupan más los cambios en las leyes y una Justicia actuando hacia atrás para reivindicar las muertes del setentismo que generar normas jurídicas nuevas para proteger la vida en este momento, en este nuevo siglo. Son dos concepciones. Por eso media hora antes del acto multitudinario frente al Congreso el Presidente tomó el avión hacia Tierra del Fuego. Por la misma convicción la mujer del periodista Miguel Bonasso, como alta directiva designada en el «Canal 7» estatal, ordenó -a diferencia de todos los restantes canales abiertos y de cable- que las cámaras de exteriores del «7» no salieran a registrar ese acto originado en la muerte impiadosa del joven Axel, de 23 años, que conmueve al país. El canal oficial fue el único que nunca tuvo ese acto importante en su pantalla. En cambio, la misma mujer ordenó televisar íntegro el acto en que se oficializó la conversión de la ESMA en un museo con no más de 20.000 personas.

Sorprende la forma, por momentos hasta insólita, en que este Blumberg padre angustiado interpreta el sentir mayoritario de la gente, pese al terrible dolor que está viviendo por la inmolación de su único hijo. Porque, efectivamente, la rechifla espontánea en la multitud del jueves (que no tenía organizadores, ni pancartas partidarias, ni punteros actuantes) coincidió con las prioridades suyas, no con las del Presidente.

Es un detalle muy importante que hace a la forma política en que se gestó el gobierno actual, sin internas partidarias que ayudan a seleccionar y con mínimos votos, luego agravado el hecho por casi 6 millones de personas que no sufragaron. Néstor Kirchner, en todos los órdenes, debería meditar que no está de ningún modo asegurado que lo que él piensa coincida con el sentir mayoritario de la sociedad. Tampoco en este caso de priorizar la reivindicación de la muerte sobre dar más protección a la vida.

Fueron ensordecedores los silbidos cuando Blumberg nombró por el micrófono a los «senadores y diputados». Bastante menos, pero igual fuerte, cuando mencionó al «Poder Judicial» y mucho menos cuando habló del tema policial (en realidad la mayor referencia a «la Bonaerense» la hizo fuera del acto y cuando salía de la Casa de la Provincia de Buenos Aires en la avenida Callao).

Ante esta disparidad de enfoques entre el gobierno y la gente crecen las dudas sobre lo que se hará en la reunión especial citada para este miércoles en Diputados y Senadores. No predominan entre los legisladores lo que piensan por sí mismos en función del país y sí los que actúan mirando al gobierno o a caudillos tipo Eduardo Duhalde. Este vive dispuesto a sobrellevar todo para que no se le derrumbe el presidente que designó y consagró con su aparato político bonaerense y fondos públicos. Ni aun la mayor muchedumbre reunida en 20 años de democracia podría llegar a movilizar a Duhalde y a los legisladores que domina si ve que Kirchner podría quedar descolocado porque la gente le mostró que valora otras prioridades. Por supuesto que a Blumberg le pueden otorgar hacer menos falsificables los DNI, registrar los celulares -ya se dispuso-, hacer más severas las penas si participan fuerzas de seguridad. Pero se duda hoy si le darán mucho más. La línea oficial sigue siendo de hombres de izquierda o que beneficiaron a la izquierda (tipo Eugenio Zaffaroni o Esteban Righi) y aquellos que le restaron fuerza y le minaron el prestigio a la Policía, más allá de separar a los miembros corruptos pero generalizando (tipo León Arslanian o Gustavo Béliz). O que el gobierno propone para la Corte Suprema a dos mujeres juristas defensoras del aborto, que es también una forma de no privilegiar la vida.

• Enfrentamiento

Inevitablemente -aunque nadie lo quiera y constituya una infamia y un desprecio a la memoria de este joven Axel asesinado a los 23 años-estos sucesos derivarán hacia un enfrentamiento de derechas e izquierdas de una línea stalinista y que hace oír su voz con peso en la Casa Rosada. Una línea que sabe que nunca fue ni es hoy mayoritaria en un país que tiene otra idiosincrasia, más propia del Occidente moderno -aun en países con socialismos pero de libre empresa, democráticos, conscientes de las alternativas de ejercer el poder-y además con creencias religiosas, cualesquiera que sean.

Este enfoque distinto en estos aspectos entre el gobierno y la gente moderada, dentro de un país donde existen hoy intenciones hegemónicas, prensa mayoritariamente dominada con dinero estatal, acechanzas de autoritarismo y miedo que se va expandiendo, puede hacer fracasar los propósitos nobles de restituir seguridad de Blumberg y de esa multitud del 1 de abril frente al Congreso. Ojalá no ocurra, pero hay que advertir que la lucha puede ser prolongada y con muchos obstáculos. Blum-berg habló de exigir cambios en democracia, con tranquilidad y templanza. Comparémoslo con la iracundia de los discursos presidenciales, de varios ministros, de asesores ideologizados.

Midamos esas palabras en el acto del Congreso con la señora Hebe de Bonafini, que tras pedir y obtener del Presidente el edificio de la ESMA, ahora dice que no le gustan los museos sino que propone exhibir allí armas de guerrilleros, sus planes y sumará, seguramente, cómo constituir las llamadas «cárceles del pueblo» donde encerraban a los secuestrados bajo tierra. Todo porque «la revolución debe seguir», dice la Bonafini, y hay que entrenar a otros jóvenes que inmolen sus vidas para tomar gobiernos por la fuerza, como en Cuba, desconociendo las intenciones de la gente. ¿Puede el Presidente oír a esta señora Bonafini proclamando más violencia y no a un Juan Carlos Blumberg que pregona la paz, el derecho a la vida? Bonafini obtuvo la ESMA. ¿Qué obtendrá Blumberg, siendo ambos padres de hijos muertos con violencia y no comparables por la total inocencia de Axel? Inclusive a partir de que no es fácil jurídicamente y sin ideología alguna asegurar reformas penales ecuánimes, sobre todo cuando la alevosía delictiva apasiona a los espíritus. Es comprensible que las 3 religiones (catolicismo, islamismo y judaísmo) hayan esperado y no se sumaran al acto del jueves. Pero, sin exabruptos, hay que cambiar formas probadamente permisivas de nuestra legislación y reclamadas desde hace mucho hasta transformarse en «voz de pueblo». En secuestros, crímenes y ese otro flagelo que son las violaciones. La muerte de un niño secuestrado, hijo del famoso aviador Charles Lindbergh, cambió en Estados Unidos hace 70 años toda la legislación sobre este tipo de delitos, que son hoy una excepción en ese país.

Pero buscaremos cambios dentro de un hecho politizado, no lo ignoremos. Basta fijarse en lo que publicó el diario «Página/12», que hoy es parte misma del sector más radicalizado del gobierno (ver recuadro aparte). El dolor de Blumberg no va a ser aceptado por nuestra izquierda, salvo que signifique el fin de todo uniformado, de toda fuerza del orden capaz de ser usada eventualmente para otra amenaza a la sociedad, la «revolución continua» que predomina en esta inefable señora Bonafini.

• Paranoia

El gobierno, sus asesores (como HoracioVerbitsky y Miguel Bonasso) representan esta terrible forma de pensar: la sociedad argentina en su conjunto participó, aunque haya sido por omisión o falta de marchas y actos masivos de repudio, en la represión ilegal de los '70. Por tanto ahora no puede pedir más penas y mejor Justicia para resguardar sus vidas y las de sus hijos. «La derecha explota que la gente quiere seguir viviendo», dice -ya en grado de paranoia-el comentarista de «Página/12».

Es muy difícil que el presidente Kirchner, con los traumas de carencia de afectos y los celos que tanto lo caracterizan, vaya a tolerar que se empine la figura de Juan Carlos Blumberg, quizá hasta el grado de figura política que podría alcanzar si lograra otra legislación contra el delito. El Presidente reunió a 8.000 personas con activistas y beneficiarios de planes asistenciales trasladados en micros donde este simple hombre, con el simple título de padre dolorido, convocó a más de 200.000. Es muy impactante eso en una Argentina hoy dominada desde el rencor, donde no interesa lo mayoritario. Si hay algo no dominable, porque es mayoría y el dinero no sirve o no alcanza -como también es el caso del Partido Justicialista-se busca adormecerlo, ponerlo en hibernación. Esto lleva a que Blum-berg pueda ser silenciado. No suma rencores --sal-vo erróneamente al fiscal Jorge Sica-, habla de democracia y de paz cuando oficialmente se ve bien a la dictadura cubana. ¿Por qué va a priorizar la izquierda argentina la muerte de Axel Blumberg si nunca vio mal a 3 fusilados y 75 detenidos en Cuba por solo disentir? Los así ideologizados sólo pueden envidiar que un dolor de padre haya convocado el jueves a más de 200.000 personas y haya habido adhesiones en todo el país, cuando el acto de la ESMA sólo había reunido a 20.000 pocos días antes. Es comprensible que los Bonasso desde el «Canal 7» oficial no hayan querido televisar.

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