Un problema es que el gobierno no piensa igual que Blumberg
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Ante esta disparidad de enfoques entre el gobierno y la gente crecen las dudas sobre lo que se hará en la reunión especial citada para este miércoles en Diputados y Senadores. No predominan entre los legisladores lo que piensan por sí mismos en función del país y sí los que actúan mirando al gobierno o a caudillos tipo Eduardo Duhalde. Este vive dispuesto a sobrellevar todo para que no se le derrumbe el presidente que designó y consagró con su aparato político bonaerense y fondos públicos. Ni aun la mayor muchedumbre reunida en 20 años de democracia podría llegar a movilizar a Duhalde y a los legisladores que domina si ve que Kirchner podría quedar descolocado porque la gente le mostró que valora otras prioridades. Por supuesto que a Blumberg le pueden otorgar hacer menos falsificables los DNI, registrar los celulares -ya se dispuso-, hacer más severas las penas si participan fuerzas de seguridad. Pero se duda hoy si le darán mucho más. La línea oficial sigue siendo de hombres de izquierda o que beneficiaron a la izquierda (tipo Eugenio Zaffaroni o Esteban Righi) y aquellos que le restaron fuerza y le minaron el prestigio a la Policía, más allá de separar a los miembros corruptos pero generalizando (tipo León Arslanian o Gustavo Béliz). O que el gobierno propone para la Corte Suprema a dos mujeres juristas defensoras del aborto, que es también una forma de no privilegiar la vida.
• Enfrentamiento
Inevitablemente -aunque nadie lo quiera y constituya una infamia y un desprecio a la memoria de este joven Axel asesinado a los 23 años-estos sucesos derivarán hacia un enfrentamiento de derechas e izquierdas de una línea stalinista y que hace oír su voz con peso en la Casa Rosada. Una línea que sabe que nunca fue ni es hoy mayoritaria en un país que tiene otra idiosincrasia, más propia del Occidente moderno -aun en países con socialismos pero de libre empresa, democráticos, conscientes de las alternativas de ejercer el poder-y además con creencias religiosas, cualesquiera que sean.
Este enfoque distinto en estos aspectos entre el gobierno y la gente moderada, dentro de un país donde existen hoy intenciones hegemónicas, prensa mayoritariamente dominada con dinero estatal, acechanzas de autoritarismo y miedo que se va expandiendo, puede hacer fracasar los propósitos nobles de restituir seguridad de Blumberg y de esa multitud del 1 de abril frente al Congreso. Ojalá no ocurra, pero hay que advertir que la lucha puede ser prolongada y con muchos obstáculos. Blum-berg habló de exigir cambios en democracia, con tranquilidad y templanza. Comparémoslo con la iracundia de los discursos presidenciales, de varios ministros, de asesores ideologizados.
Midamos esas palabras en el acto del Congreso con la señora Hebe de Bonafini, que tras pedir y obtener del Presidente el edificio de la ESMA, ahora dice que no le gustan los museos sino que propone exhibir allí armas de guerrilleros, sus planes y sumará, seguramente, cómo constituir las llamadas «cárceles del pueblo» donde encerraban a los secuestrados bajo tierra. Todo porque «la revolución debe seguir», dice la Bonafini, y hay que entrenar a otros jóvenes que inmolen sus vidas para tomar gobiernos por la fuerza, como en Cuba, desconociendo las intenciones de la gente. ¿Puede el Presidente oír a esta señora Bonafini proclamando más violencia y no a un Juan Carlos Blumberg que pregona la paz, el derecho a la vida? Bonafini obtuvo la ESMA. ¿Qué obtendrá Blumberg, siendo ambos padres de hijos muertos con violencia y no comparables por la total inocencia de Axel? Inclusive a partir de que no es fácil jurídicamente y sin ideología alguna asegurar reformas penales ecuánimes, sobre todo cuando la alevosía delictiva apasiona a los espíritus. Es comprensible que las 3 religiones (catolicismo, islamismo y judaísmo) hayan esperado y no se sumaran al acto del jueves. Pero, sin exabruptos, hay que cambiar formas probadamente permisivas de nuestra legislación y reclamadas desde hace mucho hasta transformarse en «voz de pueblo». En secuestros, crímenes y ese otro flagelo que son las violaciones. La muerte de un niño secuestrado, hijo del famoso aviador Charles Lindbergh, cambió en Estados Unidos hace 70 años toda la legislación sobre este tipo de delitos, que son hoy una excepción en ese país.
Pero buscaremos cambios dentro de un hecho politizado, no lo ignoremos. Basta fijarse en lo que publicó el diario «Página/12», que hoy es parte misma del sector más radicalizado del gobierno (ver recuadro aparte). El dolor de Blumberg no va a ser aceptado por nuestra izquierda, salvo que signifique el fin de todo uniformado, de toda fuerza del orden capaz de ser usada eventualmente para otra amenaza a la sociedad, la «revolución continua» que predomina en esta inefable señora Bonafini.
• Paranoia
El gobierno, sus asesores (como HoracioVerbitsky y Miguel Bonasso) representan esta terrible forma de pensar: la sociedad argentina en su conjunto participó, aunque haya sido por omisión o falta de marchas y actos masivos de repudio, en la represión ilegal de los '70. Por tanto ahora no puede pedir más penas y mejor Justicia para resguardar sus vidas y las de sus hijos. «La derecha explota que la gente quiere seguir viviendo», dice -ya en grado de paranoia-el comentarista de «Página/12».
Es muy difícil que el presidente Kirchner, con los traumas de carencia de afectos y los celos que tanto lo caracterizan, vaya a tolerar que se empine la figura de Juan Carlos Blumberg, quizá hasta el grado de figura política que podría alcanzar si lograra otra legislación contra el delito. El Presidente reunió a 8.000 personas con activistas y beneficiarios de planes asistenciales trasladados en micros donde este simple hombre, con el simple título de padre dolorido, convocó a más de 200.000. Es muy impactante eso en una Argentina hoy dominada desde el rencor, donde no interesa lo mayoritario. Si hay algo no dominable, porque es mayoría y el dinero no sirve o no alcanza -como también es el caso del Partido Justicialista-se busca adormecerlo, ponerlo en hibernación. Esto lleva a que Blum-berg pueda ser silenciado. No suma rencores --sal-vo erróneamente al fiscal Jorge Sica-, habla de democracia y de paz cuando oficialmente se ve bien a la dictadura cubana. ¿Por qué va a priorizar la izquierda argentina la muerte de Axel Blumberg si nunca vio mal a 3 fusilados y 75 detenidos en Cuba por solo disentir? Los así ideologizados sólo pueden envidiar que un dolor de padre haya convocado el jueves a más de 200.000 personas y haya habido adhesiones en todo el país, cuando el acto de la ESMA sólo había reunido a 20.000 pocos días antes. Es comprensible que los Bonasso desde el «Canal 7» oficial no hayan querido televisar.




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