Para los legisladores nacionales, la presencia de un «hombre gris» como Juan Carlos Blumberg es casi demoníaca. Hasta pensaban impedirle que asistiera a las deliberaciones de la Comisión de Legislación Penal. No se atrevieron. Sí, en cambio, elucubraron postergar algunas leyes y consentir otras. Creen que, de ese modo, al igual que en la Casa Rosada, otra noticia en los próximos días tapará finalmente la noticia Blumberg, como si la vida estuviera regida por la ley de los medios. Pero el «hombre gris» sigue sensato y sostuvo: «Estoy aquí para ayudarlos a legislar. De a poco. No importa si sale todo mañana (por hoy), lo que importa es que vayan saliendo de a una o de a dos leyes».
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Su batalla, entonces, puede ser larga. Y, de paso, advierte: «No sé para qué pierden tanto tiempo haciendo discursos sobre el calibre de un arma u otra para permitirla. ¿Para qué debatir entre un arma de guerra y otra que no lo es? Son todas armas, la 45 y la 22». Claro, bien sabe Blumberg que admitir una 22 es desconocer que ésa es la preferida de los killers profesionales y que con una de ellas fue asesinado Robert Kennedy. Los legisladores, en cambio, entendían que era un juguete.
Blumberg fue, ayer, todavía más certero. Prometió que habrá más marchas -que invitará a hacerlas, claro-si no se accede a las demandas cada vez más sólidas y firmadas por la gente (ahora, para ayudarlo, se anotaron los canillitas, los garajistas y hasta los evangélicos con los reclamos a suscribir) y recordó dos cuestiones puntuales. Una, referida a la desidia: «Hace mucho tiempo que estas propuestas ingresaron en este recinto y ustedes nunca las trataron». La otra, al dolor: «Sé que si mi hijo viviera, los habría asistido a ustedes. Porque estudió duro, se recibió, trabajó y seguramente hubiera colaborado para que legislaran mejor. Tratemos de que otros hijos, en las mismas condiciones, no sean asesinados».
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