José María Díaz Bancalari, Osvaldo Mércuri, Daniel Scioli y Alberto Balestrini, una postal
de la euforia breve, de un peronismo ecléctico y multifuncional.
Un trámite breve y simbólico: el PJ bonaerense, convertido otra vez en un «todo» del que sólo parece estar excluido Eduardo Duhalde, abrazó públicamente la jefatura de Néstor Kirchner y, con el envión, lo arrastró a un barro que el patagónico venía esquivando.
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Su forzado desembarco en el peronismo, con el objetivo inicial -quizá único-de evitar que otro dirigente tome esa bandera, puso a Kirchner en una lugar atípico: negociar, a veces migajas, con dirigentes de todo linaje. A lo Duhalde, pero en Puerto Madero.
Ese proceso derivó en que, en Caseros, algo más de 600 brazos se alcen para consolidar al dúo Daniel Scioli-Alberto Balestrini como ordenadores institucionales y políticos del PJ provincial. Y, más que nada, para festejar que «habemus» jefe y está adentro.
Lo que para muchos pareció un dato menor fue, en rigor, la confirmación de que aun respetado, Kirchner tuvo que preservar las formas para evitar descontentos: por eso, el viernes sólo se conocieron los tres primeros nombres de la lista de congresales.
Scioli, Balestrini y José María Díaz Bancalari, el otro actor que el patagónico sienta en el buró bonaerense, fueron los únicos mencionados. Recién mañana podría conocerse el resto de la nómina que se votó, en esencia, sin saber a ciencia cierta quién la integraba.
Ranking
En la práctica, el top ten de esa boleta funcionaría como el ranking de un ordenamiento político y por tanto dejaría ganadores y perdedores. Por lo pronto, Kirchner no quiso que los seguros malestares por ese orden, sacudan la modorra del congreso de Caseros.
Hizo bien. A pesar de «esconder» las boletas, algunas nunca se conocerán, la cumbre bonaerense de kirchnerización manifiesta, hubo, entre otros datos para el registro, momentos de tensión, abucheos y gestos poco amigables. Veamos:
Se perfilaba como uno de los jerarcas de lo que viene, pero faltó a la cita: Florencio Randazzo arguyó que tenía que participar de la visita de Estado de Lula da Silva y no se arrimó por Caseros donde tampoco estuvieron algunos de sus seguidores. ¿Fue a modo de protesta porque perdió algunas pulseadas locales como la de Almirante Brown donde Kirchner declaró un empate entre Darío Giustozzi y Jorge Villaverde? ¿O le tuvo pánico a que, en medio de una ola de peronismo ortodoxo, lo elijan como blanco de los silbidos? Tampoco, podrá argüir, estuvo Aníbal Fernández. Pero el quilmeño ya no tiene, como el ministro de Chivilcoy, pretensiones de jefatura provincial.
Los silbidos fueron inevitable para otro actor: a Jorge Landau le dieron la tarea de proponer una amnistía para todos los afiliados que en elecciones pasadas, 2005 y 2007, fueron en boletas ajenas a las del PJ. Fue un mandato de Kirchner para reunificar al peronismo entre los que jugaron con Duhalde y los que lo hicieron con él y, además, para perdonar a los peronistas del lavagnismo: Eduardo Camaño fue, incluso, invitado al escenario para una especie de veneración pagana por su regreso al rebaño.
Sin embargo, el abucheo fue a la sola idea del perdón. Lo curioso es que hasta los perdonados -por caso la banda que llevó Balestrini- repudiaron una amnistía que alcanza a su propio jefe por haber sido candidato del FpV contra el PJ en 2005. Quizá se quedaron pensando en su enemigo de entrecasa: Rubén Ledesma, ex asesor de Kirchner que fue excluido de las listas del FpV por pedido de Balestrini y terminó como candidato por Unión-PRO. Dato anexo: con la ventaja de la tropa propia, Balestrini fue el más aplaudido del congreso. Más, incluso, que el ausente Kirchner a quien se invocaba en cada frase.
Mañas de un peronismo implacable, Camaño cosechó más aplausos -no fueron tantos tampoco-que Felipe Solá, hasta hace tres meses, gobernador. El ahora diputado, que entró como delegado por Mercedes, tiene la promesa de Kirchner de figurar entre los primeros lugares de la lista de congresales. Dura la soledad del despoder: ni siquiera el beneficio de ser el único ex gobernador. Estaba por allí, también retornado y amnistiado por Kirchner, Antonio Cafiero.
De comisario en el congreso, Carlos Kunkel funciona también como comisario partidario y se preocupaba hasta en detalles de organización. Le gruñó Antonio Arcuri, junto a Carlos Caterbetti responsables de la logística del encuentro, por algunos desperfectos y se enfureció con Landau que cometió un furcio al patrocinar una reforma de la carta orgánica partidaria para impedir que los procesados por crímenes de lesa humanidad puedan ser candidatos del PJ. Donde debió decir víctimas de la represión, Landau dijo «víctimas de la subversión». Kunkel, implacable, lo fulminó con la mirada.
Celebración de la diversidad, también se trepó al escenario Hugo Moyano, que un rato después se dedicó a castigar a Duhalde por radio. El camionero tiene asegurado un lugar en la cúpula del PJ pero, una vez más, se olfatea que el pago es personal no hacia los sectores gremiales: ya ocurrió con la lista de diputados de 2007 donde el único que pasó por ventanilla fue Octavio Argüello, dirigente del gremio de Moyano.
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