25 de noviembre 2005 - 00:00

Zannini se presentó como nuevo gerente de la transversalidad

Un seleccionado de rostros de la nueva política se exhibió ayer en la cumbre kirchnerista de Parque Norte, en Capital Federal. Entre ellos, el secretario presidencial Oscar Parrilli, el vicejefe porteño Jorge Telerman, el sindicalista Armando. Cavalieri, el anfitrión Carlos Zannini y el vicegobernador Juan Schiaretti.
Un seleccionado de rostros de la "nueva política" se exhibió ayer en la cumbre kirchnerista de Parque Norte, en Capital Federal. Entre ellos, el secretario presidencial Oscar Parrilli, el vicejefe porteño Jorge Telerman, el sindicalista Armando. Cavalieri, el anfitrión Carlos Zannini y el vicegobernador Juan Schiaretti.
Néstor Kirchner colgó ayer otro sello de su medallero político: estrenó Compromiso K, marca con la que pretende reanimar la transversalidad y decretar, por generación espontánea, la hora final de los partidos y el comienzo de una etapa de apertura; movimientista.

Una colección de ministros (desde Alicia Kirchner hasta Ginés González García) se cuadró para, en Parque Norte, animar un encuentro que, como cada acción oficial, exuda una pretensión fundacional: convertir al kirchnerismo en un núcleo que cobije, sin importar origen o pertenencia partidarios, a todos los soldados K.

Pero la división del mundo conocido necesita delimitar quiénes están enfrente, del otro lado. Y así se hizo: «sectores de la Iglesia y del empresariado» y opositores como Mauricio Macri y Elisa Carrió engordan, según la cosmogonía K, las tropas del enemigo,

En la identificación de «el otro» se retroalimentaron Carlos Zannini, gestor de la aventura, y Alberto Fernández, invitado de apuro por pedido del Presidente para evitar lo inevitable: que Compromiso K se lea como un antagonismo al jefe de Gabinete.

«Esto es sólo para reunir ideas y apoyar al gobierno. Todo lo demás es especulación de los periodistas»,
se atajó Zannini, en el discurso, para negar que el lanzamiento de CK sirva como plataforma para cimentar la reelección de Kirchner en 2007.

Fue Zannini, también, quien pronunció la exequia de los partidos al postular el nacimiento de un proceso de apertura. Algo similar había dicho antes Fernández: «Debemos estar juntos todos los que apoyamos al gobierno sin importar de qué partidos venimos», invitó.

Para dar el ejemplo, el jefe de Gabinete recitóun largo soneto sobre las bondades del gobierno, desde la renegociación de la deuda hasta la renovación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. «Es un orgullo tener como ministro a Zaffaroni», festejó.

El mismo libreto repasó, más tarde, Zannini y martilló con la urgencia de conformar un bloque que, más allá de las pertenencias partidarias, se encolumne «para apoyar al gobierno y garantizar el triunfo».

Por eso, no hubo ni marcha ni cotillón peronista a pesar de que la mayoría era portadora del gen PJ.

Algo es cierto: aunque la matriz de Compromiso K es similar a la que, en el pasado, se usó para otras intentonas transversales, en este caso -como nunca-,
Kirchner obligó a subir al escenario a dirigentes de su extrema confianza como Zannini y Fernández.

En ese sentido, la diferencia con las avanzadas piqueteras de principios de 2004 es abismal.

Pero no todo es perfecto. A la «nueva era» que proclamó
Zannini se sumaron Armando Cavalieri, Carlos Kunkel, Julio Piumato, Juan José Zanola y una ristra de punteros que, hasta hace pocos meses, se postraban ante Eduardo Duhalde.

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