Veinte años no es nada, pero 22 años y 9 películas es demasiado, por lo que el hecho de que en dos décadas una franquicia que empezó más modesta en presupuesto y con los pies en la tierra –o mejor dicho en el acelerador de algún auto robado- a nivel argumental siga viva es uno de esos milagros absurdos que sólo suceden en el show business. Sin ánimo de spoilear, lo cierto es que la saga del clan Toretto de “Rápidos y furiosos” tiene pista para rato, y así lo deja bien planteado el argumento de esta décima entrega que mejora las locuras de las dos últimas secuelas, apoyándose desde la escena de prólogo en Río de Janeiro en uno de los momentos culminantes de la, para muchos, mejor película de la serie, “Rápidos y Furiosos 6” donde la pandilla pistera cometía un robo imposible a la bóveda de una comisaría en la ciudad de la Garota de Ipanema.
“Rápidos y furiosos” llegó a su capítulo 10 sin dejar de acelerar
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El asunto es que luego de esa secuencia brasileña descubrimos que la mitad de los muchachos van a dar un supergolpe en Roma, una trampa preparada por el hasta ahora desconocido hijo psicópata de aquel Joaquim de Almeida de la parte 6 que, por supuesto, quiere vengarse del clan. Este villano grandote y un poco metrosexual encarnado por Jason Momoa (o sea Aquaman) le da cierto encanto al film, igual que las apariciones de un ingenuo y divertido John Cena, el tío del hijo de Toretto, extraña elección de babysitter.
El asunto es que la trama minimalista da lugar a las espectaculares y descerebradas escenas de superacción que, en este caso, están bien pensadas por el francés Louis Leterrier, alumno de Luc Besson y director de “Hulk”, que arma videogames vertiginosos con autos, camiones y una bola explosiva gigante soltada por las calles de Roma para hacer volar el Vaticano, salvado por Toretto, que la va llevando a choques con su auto como en un juego de billar. Esta y otras escenas llenas de gadgets que serian la envidia del propio James Bond justifican el precio de la entrada, pero hay que aclarar que cuando la acción se detiene las escenas melosas, con diálogos cursis sobre valores familiares, llevan el marcador a cero. Evidentemente, todo no se puede y la presencia de Jason Statham, Michelle Rodríguez y Charlize Theron en la Antártida, una pizca de Helen Mirren y una audaz secuencia en una represa de Portugal hacen que esta “Fast X” pueda recomendarse a los fans de la serie pochoclera por excelencia del siglo XXI.
D.C.
“Rápidos y furiosos 10” (“Fast X”, EE.UU., 2023). Dir.: L. Leterrier. Int.: V. Diesel, M. Rodríguez, J. Statham.




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