2 de mayo 2023 - 00:00

Silvia Pérez: de sex symbol a Marie Bonaparte, una discípula de Freud

La actriz, que descolló en los 90 junto a Alberto Olmedo, interpreta hoy a una persona célebre por investigar la falta del deseo en la mujer.

silvia pérez. En la piel de la discípula de Freud, Marie Bonaparte.
silvia pérez. En la piel de la discípula de Freud, Marie Bonaparte.

Un cruce de dos vidas: la de Silvia Pérez y la de Marie Bonaparte. Una sex symbol que conduce un docudrama sobre el último eslabón de la familia Bonaparte, una mujer célebre por investigar su anorgasmia a comienzos del siglo XX y discípula de Sigmund Freud. “La última Bonaparte” regresa el viernes 5 en su segunda temporada, basada en el libro homónimo de Walter Ghedin, con adaptación y dirección de Dennis Smith y actuaciones de Silvia Pérez, Mauro Álvarez y el músico Agustín Buquete en escena. Se verá los viernes a las 20.30 en el Camarín de las Musas. Dialogamos con Pérez y Alvarez.

Periodista: Silvia Pérez, ¿qué puede reflexionar sobre aquella que fue y aquella que es hoy, algo presente en la obra?

Silvia Pérez: La que fui es un personaje entrañable y tierno, que me da ganas de proteger, con muchas inseguridades, poniendo siempre la cara, la fuerza aparente a todo. Eso que inventa la cultura de sex symbol, la cultura del cuerpo, que había que hacerlo porque era de esa manera y estaba trabajando, no me cuestionaba nada. Le daba valor a mi trabajo como actriz y en el fondo la pasaba mal y sufría. Y esta que soy hoy también la abrazo por el camino recorrido, por querer encontrar a quiénes somos en esta vida, por trabajar en ser más auténtica, más allá del mostrarse en las redes que también es duro. Pero hoy me siento con más fuerza y el trabajo no termina nunca.

P.: ¿Como trabajó el director el tono fluido y absurdo, que salta de un registro a otro?

S.P.: Mauro es el alter ego del director y el autor, que querían saber de mi, de la sex symbol, entonces esa relación de los personajes sobre el escenario invita a que sea juguetona, divertida, que no haya nada desparejo entre nosotros. Ir de un registro a otro es un lindo trabajo de artista, cuando me meto en Marie con ese acento francés, luego paso a momentos más dramáticos y salto a Silvia, es un fluir constante.

Mauro Alvarez: Trabajar a través del humor es sello del director, sea drama, hable de separación, de bullyng, todas sus obras tienen ese registro. Eso genera más profundidad, que los personajes se rían de sí mismos y sean frágiles. Cuando el personaje es frágil llega más. A medida que fuimos entendiendo la obra vimos que el camino era a través del absurdo, al menos en el inicio. La historia de Marie Bonaparte es sumamente interesante, no deja de ser dura, histórica, y eso a través del documental que estamos filmando en escena nos ampara a poder contar esa historia cruzada con la de Silvia Pérez, lo que la vuelve más llevadera, entretenido y nos ayuda a transitarlo de otra manera, desde las inseguridades de los personajes.

P.: ¿Qué otros temas toca la obra?

S.P.: Cómo nos marca la infancia y el lugar donde nos desarrollamos, cómo nos crían y se signa nuestro camino desde el deber ser, cómo influye la mirada de nuestros padres y qué hacemos con eso, obedeciendo o desobedeciendo, y dónde está el placer. En búsqueda de respuestas sobre su anorgasmia esta mujer quizá encontró el placer en su lucha, en hacerse pasar por una médica investigadora, tan diferente a lo que eran las mujeres en ese entonces.

M.A.: Qué hace el ser humano para pertenecer a ciertos lugares, para agradar al otro, para ser querido, caer bien, estar acorde al lugar, a veces inconcientemente y otras adrede en busca de rédito.

P.: ¿Cómo es ese cruce entre la persona y el personaje?

S.P.: Tiene que ver con interpretar como actriz a esa que fui, a verme a mi misma y los diferentes momentos desde la infancia, mi relación con mis padres, ver a esa Silvia chiquita a los 9 años, la adolescente, la de los años 80, y ponerme en ese personaje. Siempre se juntan en mi corazón porque somos la misma persona.

M.A.: El personaje de Silvia se pregunta por qué aceptó hacer ese documental y lo va descubriendo a través de la obra, y es fuerte el contraste Bonaparte y su frigidez con lo sex symbol de Silvia en los ´80. Esos puntos tan distantes se cruzan.

P.: ¿A qué atribuyen el boca en boca del público que los llevó a la reposición?

S.P.: La obra funciona porque sorprende, porque hay una puesta original y creativa, porque la historia de Marie es interesante, está la lucha de la mujer y la valentía por salir a buscar el placer de algo tan íntimo, no era fácil en su momento ni siquiera lo es hoy, asumir la anorgasmia. Conocer la intimidad de mi vida tras las revistas, los sketchs de Olmedo, y conocer mi infancia, hay muchos condimentos interesantes. El público me habla de mi valentía, el desnudarme así hoy es valorado, quizá más que el del pasado.

M.A.: Ayuda que esté Silvia en el elenco por todo lo que eso conlleva pero lo más importante es lo que la obra genera y lo que deja. El público recomienda porque se sorprende, arranca contando cosas sobre Marie Bonaparte y termina en otra cosa, llevando a pensar cosas que por estar en piloto automático no registramos.

P.: Como ve la escena teatral... ¿qué le falta?

M.A.: Creo que es irreemplazable, porque vienen nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, aparecen plataformas, pero el teatro es inagotable. El cine y la tele se ve en casa pero la experiencia de entrar en el teatro es y será única. Al haber tanta oferta va en detrimento del teatro pero por algo funcionan todos los circuitos y pospandemia cada vez más.

P.: Silvia, ¿qué balance hace de su recorrido como actriz?

S.P.: Fue atípico porque comencé con lo comercial y me fui a lo independiente. Me gusta hacer cine, teatro, TV, comercial, off, donde me siento más cómoda es en el humor, algo que descubrí después de estudiar mucho y hacer dramas. Es más difícil hacer humor que drama, pero para mi es un terreno conocido. Me gustaría hacer más cine.

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