Vinos: crece el enoturismo ante la caída de consumo y exportaciones

Espectáculos

La actividad registró un fuerte crecimiento desde la salida de la pandemia. Y ocupa un lugar cada vez más relevante dentro del esquema de negocios de las bodegas, que enfrentan una coyuntura económica adversa.

El enoturismo es un área de negocios que está ganando cada vez más protagonismo entre las bodegas argentinas. Durante muchos años fue apenas una forma de posicionamiento de marca, pero últimamente cobró mayor relevancia debido a las dificultades para exportar y a la retracción del consumo de vinos en el mercado interno.

El creciente interés de las bodegas por desarrollar proyectos que vinculan al vino con el turismo quedó reflejado en la agenda del Foro Vitivinícola 2022, que se realizó el viernes pasado en Mendoza, organizado por Bodegas de Argentina, la cámara que nuclea a más de 200 empresas (ver recuadro). En el encuentro se analizaron los factores que afectan la rentabilidad del sector, como las retenciones, el tipo de cambio y la inflación, entre otros. También se plantearon reclamos por la demora en implementar medidas de alivio que el gobierno nacional prometió a los bodegueros.

En este contexto, hubo dos paneles dedicados al enoturismo con participación de expertos locales e internacionales que generaron mucha atracción entre los participantes.

“El enoturismo se viene desarrollando hace muchos años en Mendoza, pero hubo una explosión a partir de la salida de la pandemia y está mostrando un crecimiento muy acelerado”, explicó a Ámbito el enólogo Walter Bressia, presidente de Bodega Bressia y encargado del área de enoturismo en Bodegas de Argentina.

Bodega Bressia cuenta con un wine bar y recibe turistas en su finca de Agrelo. Pero la demanda creció tanto que está próxima a iniciar la construcción de un restaurante. “Además de fidelizar consumidores, esto nos permite vender nuestros vinos con facturación 100% propia, sin intermediación”, sostiene Bressia.

Gustavo Arizu, de Bodega Luigi Bosca, comentó a este diario que “el enoturismo tiene un potencial enorme” para todo el sector. Y en el enfoque del negocio dice que, entre otras cosas, permite a las bodegas “hacer caja en forma inmediata, en un contexto de incertidumbre económica que no ayuda a la planificación que exige una actividad de capital intensivo donde las inversiones se hacen con horizonte de largo plazo”.

En el caso de Luigi Bosca la bodega abrió recientemente al turismo la histórica finca familiar El Paraíso, en Maipú, donde ofrece catas y recorridos gastronómicos premium, inspirados en la campiña francesa, rodeadas de 250 hectáreas de viñedos y olivos. También alquila salones para eventos privados y tiene disponibles para hospedaje algunas habitaciones de la antigua casona.

El desarrollo del enoturismo en Mendoza recibió un nuevo impulso a fines de noviembre, cuando la ciudad fue declarada “Capital Iberoamericana de la Gastronomía y el Vino 2023” por la Academia Iberoamericana de Gastronomía (AIBG). Esto implica poner a Mendoza en una vidriera mundial y facilitar la realización de una serie de actividades globales que atraerán consumo e inversores.

El esquema de enoturismo local sigue el modelo creado en el Valle de Napa, California, donde las bodegas tienen producciones limitadas de vinos que sólo venden a los visitantes que participan de sus experiencias. En Mendoza, los bodegueros reconocen a Ruca Malén como precursor de la actividad en estas tierras.

Pero el fenómeno no está restringido a Mendoza. En segundo lugar como destino de turismo enológico está Salta, que tiene a Colomé como una de las bodegas insignia. Durante el Foro Vitivinícola 2022, el ministro salteño de Producción, Martín de los Ríos, comentó el proyecto para abrir un aeropuerto en Cafayate y levantar un centro de convenciones, en función de captar las corrientes de turistas que llegan desde toda la región en busca de los caminos del vino.

Los proyectos de enoturismo se expanden junto con la producción de vinos en muchos distritos no tradicionales, como el caso de la provincia de Buenos Aires. Bodegas Trapiche (que tiene uno de los principales desarrollos de Mendoza en Maipú) sentó presencia con Costa & Pampa, la primera bodega oceánica del país en Chapadmalal, a 10 km de la playa. Sus vinos se exportan y en el país sólo se consiguen visitando la bodega o en la carta de algunos restaurantes selectos de Mar del Plata.

Otra experiencia de enoturismo bonaerense es Bodegas Gamboa, que tiene su finca en Campana, donde cuenta con un restaurante para almorzar y pasar un día entre viñedos. Su producción también es limitada y sólo se consigue yendo al lugar. Hace poco compró un campo en General Madariaga, a 18 kilómetros de Pinamar, donde empezó a desarrollar un negocio similar. Su dueño, Eduardo Tuite, ya está analizando posibles destinos en el norte y en el sur del país para nuevos emprendimientos.

Claro que también hay bodegas que le asignan una relevancia diferente al enoturismo. “Para nosotros, es la parte lúdica del negocio; sirve para fidelizar clientes, pero nuestra actividad principal siempre será hacer vino”, dijo a Ámbito Patricia Ortiz, propietaria de Bodega Tapiz, y además presidenta de Bodegas de Argentina.

Temas

Dejá tu comentario