22 de agosto 2022 - 00:00

Wall Street baja un cambio ante la insistencia de la Fed

Le desagrada a la Reserva Federal el veranito de bonos y acciones. No canta victoria ni quiere que la canten los demás. ¿Por qué? Los mercados hacen mucho del trabajo sucio de la política monetaria.

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Es temprano para cantar victoria. Lo dijo Mary Daly, de la Fed de San Francisco, ni bien se supo que la inflación minorista de julio cantó cero. Lo repitió Esther George, de la Fed de Kansas City, y otros voceros de la institución. Es lo que dicta también el sentido común. A trasmano, Wall Street lanzó un rally contundente, desde mediados de junio, que tomó fuerzas renovadas tras la buena racha del mes pasado. Se frenaron los precios al consumidor y cayeron los precios mayoristas, de importación y de exportación. El Nasdaq desplegó un avance de 23% desde los mínimos del mercado bear. ¿Vende la piel del oso antes de haberlo cazado? ¿Canta las loas a un nuevo capítulo bull? Se suponía, y lo dijo Jay Powell, el mandamás de la Fed, que la comunicación (la “forward guidance”) entraría en cuarteles de invierno cuando la tasa corta pisara terreno neutral, que es donde se ubica, pero no resulta así.

La Fed discrepa con la visión de los mercados y machaca –las dos últimas semanas con notable insistencia– para hacérselos saber. Le desagrada el veranito de bonos y acciones. No canta victoria ni quiere que la canten los demás. ¿Por qué? Los mercados hacen mucho del trabajo sucio de la política monetaria. Recién a mitad de marzo, el banco central canceló la compra de bonos (QE) y comenzó a izar sus tasas. Pero ni bien empezó 2022, la comunicación ya había sembrado el estrés financiero. El último rugido del mercado alcista fue el 4 de enero. La curva de bonos se tensó a la par. Las tasas largas del Tesoro y de las hipotecas se duplicaron a control remoto del discurso oficial. ¿Y qué pasó en julio? La Fed elevó 75 puntos base la tasa corta, pero la correa de transmisión traccionó al revés. Los mercados festejaron la decisión y las condiciones financieras se relajaron más que proporcionalmente. Cualquier banquero central agradece las expectativas favorables. Si las combate es porque todavía necesita un relieve de asperezas que atosigue a la economía real para completar su tarea.

Septiembre

Nadie espera un recreo en septiembre (como alguna vez sugirió Raphael Bostic, de la Fed de Atlanta). James Bullard, de St. Louis, se inclina por un retoque de 75 bps. Mary Daly hoy prefiere 50. Los futuros basculan en función de los avatares diarios. Se crea medio millón de empleos netos y suponen 75. Con la inflación de un mes en cero, 50. En su momento, se planteó 100 y los halcones de la Fed lo descartaron.

Hay que pensar que los 150 bps de junio y julio no inhibieron el rally de bonos y acciones. También se acepta que las tasas cortas van a trepar más. Bullard quería llegar a 3,50% a fin de año como sugieren los futuros, y ahora postula 3,75% / 4%. No hay queja. Pero el momento en que la Fed achique la suba a 25 bps, no importa el nivel absoluto, ¿cómo frenará las hurras de los inversores? Se escribió aquí: “con mercados exultantes, la Fed podría tener que ir más lejos y por más tiempo”. De ahí el giro del discurso que irrumpió en las minutas refutando la idea de que las tasas bajarán en la primera mitad de 2023. No, van a escalar y después a permanecer en el pico y, a diferencia de lo que muestran los futuros, no caerán con rapidez. ¿Será así? ¿Dónde rondarán la inflación y la economía?

La canasta líder (Conference Board) con su sexta caída consecutiva sumó esta semana su vaticinio de recesión. El aterrizaje suave perfecto –la receta de Alan Greenspan de 1994-1995 de donde se copió el calibre creciente de los ajustes– se logró tras impulsar las tasas de 3% a 6% en un año y luego, en veloz golpe de timón, permitir dos bajas de 25 bps que evitaron un accidente. Es verdad que la Fed ahora tiene que extirpar sí o sí la inflación. Si hace falta, pagará el costo de una recesión. Pero la inflación ya acusó recibo en julio, y los commodities desde antes. Dado que se empinarán las tasas cuando se sabe que surten efectos con rezago, los mercados apuestan a una rebaja posterior, necesaria para no excederse con la saña. ¿Consiguió algo la Fed con su insistencia? Sí, metió la cizaña de otra suba de 25 bps en el primer trimestre de 2023. La tasa de 10 años se arrimó de nuevo a 3% y Wall Street bajó un cambio. Con una sobrecompra de acciones tan masiva la merma se hubiera dado igual bajo cualquier otro motivo. Algo duradero requerirá una mejor explicación. Powell en Jackson Hole, este viernes, tendrá la tribuna ideal para moderar el entusiasmo. Una faena fácil, se diría, pero que no logran el alza de tasas, los traspiés económicos ni los balances magros. El año pasado Powell habló de una inflación transitoria, ahora deberá ponderar la duración indeterminada de su estadía.

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