11 de febrero 2003 - 00:00
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Partiendo de la ciudad hacia el Sur, hay dos rutas posibles: la 68 y la 33, que luego empalma con la 40. Esta última es la que conduce a la zona de los valles, pasando por el Parque Nacional los Cardones y por los pueblos de Molinos, Angastaco y San Carlos, entre otros, hasta llegar a Cachi.
La Ruta Nacional 68, que pasa por Cerrillos (ciudad muy concurrida por estos días pues se celebra el Corso de Flores, con carpas y fondas folklóricas, comidas regionales y muestras de artesanías) y llega hasta Cafayate, es la que conduce al dique Cabra Corral.
Siempre por la 68 y con rumbo Sur, la provincia regala 80 kilómetros de inolvidables formas y colores denominados la Quebrada de las Conchas y pasa por el complejo arqueológico de los indios quilmes.
Pero, antes de adentrarse en la ruta 68, conviene desviarse hacia el Oeste (por la ruta 51) rumbo a Campo Quijano.
Remanso
En el pueblo La Silleta, se encuentran las 1.500 hectáreas de campo rodeadas por la Cordillera de los Andes pertenecientes a la estancia El Manantial. La casa colonial, construida en 1867 y posteriormente reciclada, fue la vivienda de la familia Lemos durante años. Es ideal tanto para el descanso como para la práctica de deportes. Cuenta con un tambo de 3.000 litros diarios, cría de caballos peruanos, cerdos, ovejas, llamas y vacas Brangus para el consumo de carne. Se realizan cabalgatas, con posibilidad de ascender a caballo o trekking hasta 2.500 metros de altura, donde vive la familia Sarapura desde hace 40 años. Allí se suele compartir una comida de típico sabor entre cuentos y anécdotas del saber popular. La vista panorámica de la ciudad de Salta es, desde allí, un regocijo para el alma.
Siguiendo por la ruta 68, se llega al dique Cabra Corral. Uno de sus brazos es el Río Juramento, que constituye el escenario ideal para practicar rafting, rappel, kayak, hidrospeed y hasta bungy-jumping. Salta rafting funciona desde 1997 y este año registra récord de turistas extranjeros. Su parador atrae con un ambiente joven y moderno, que invita con reggae a la mateada vespertina y a la velada nocturna. El calmo o ajetreado paseo por el río (dependiendo del deporte que se practique), se complementa con la maravillosa escenografía natural que se levanta estoica a las márgenes del torrente acuático: de un lado, la vegetación y del otro, un imponente paredón con sedimentos, huellas de animales prehistóricos y hasta pinturas rupestres conforman un paisaje único que maravilla durante las dos horas de recorrido que ofrece el río.
Dejando atrás el Cabra Corral y continuando por la misma ruta hacia el Sur, aparece la Quebrada de las Conchas, así bautizada por el hallazgo de conchas marinas en la región, lo que da indicios de que hubo mar en esas tierras precordilleranas.
La quebrada enamora con sus formaciones esculturales expuestas a lo largo de una gigantesca galería de arte natural. Las formas se asemejan a objetos reales: el sapo, el fraile, la ventanita y los castillos. Pero los que realmente dejan sin aliento y superan todo lo imaginable son el anfiteatro y la Garganta del Diablo. El primero es utilizado por artistas regionales para brindar espectáculos y regala una acústica natural inigualable. La segunda exhibe un maravilloso paredón natural, que los más osados se animan a escalar.
Es muy recomendable acampar en alguno de estos espacios naturales, donde todo lo que hay para hacer es mirar las infinitas estrellas del cielo y las luces de las montañas, pues las luciérnagas que se apoderan de la noche parecen soles centelleando sobre la negrura de la tierra.
Obligado
Pasando la espléndida Cafayate y tomando ahora la ruta 40, en dirección a Amaicha del Valle, la parada obligada es el Complejo Arqueológico de los Quilmes (a esa altura la vecina Tucumán mete su lengua en territorio salteño). Si bien es un espacio que ha sido en gran parte restaurado y la reconstrucción es notoria (no así Fuerte Quemado, en Catamarca, también de los quilmes, más virgen y menos difundido), la estratégica ubicación de los asentamientos y pucarás sobre la montaña y de cara a los Valles Calchaquíes, bien vale la visita y, si se es osado, la estadía nocturna. Puede pasarse la noche o bien en el hotel o, mejor aún y como para recuperar la mística de ese espacio único, en carpa.
Se siente uno un insignificante ser, rodeado de una penumbra plateada de luna llena sobre las ruinas; sólo el cielo por encima y, bajo la tierra, quién sabe... El Complejo de los Quilmes es maravilloso de día pero se transforma de noche, convirtiéndose en un espacio inmensamente conmovedor y desbordante de plenitud para el alma. Más información se puede obtener llamando a la Secretaría de Turismo de Salta al (0387) 4310950/ 640 o en la Web: www.turismosalta.com.




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