El año que vivimos en silencio: el cine, ante el desafío de la nueva normalidad

Anuario 2020

La pandemia no solo interrumpió el funcionamiento de las salas sino que estableció reglas de juego que llegaron para quedarse, como los estrenos simultáneos con las plataformas de streaming.

¿Qué lugar ocupará el cine en la “nueva normalidad”? No hablamos del protocolo ni del “aforo”, una de las tantas palabritas que nos dejó en el lenguaje cotidiano este tsunami de 2020, sino del cine como se lo entendió siempre: el “más popular de los espectáculos”, esa salida que podía ser tanto lugar de esparcimiento, emoción y felicidad, como momento de contemplación, a oscuras y en compañía de desconocidos hermanados en una misma experiencia, de una obra de arte: un arte nacido a fines del siglo XIX, consolidado en el XX, y herido de muerte desde principios del XXI.

En estos meses se dijo, más de una vez, que la pandemia del coronavirus había precipitado los tiempos, y que aquello que inevitablemente iba a ocurrir dentro de cinco o diez años sobrevenía abruptamente ahora. En lugar de lo colectivo, lo individual; en lugar de lo presente (o “presencial”, otra de las palabritas nuevas), el streaming, o el “home office”, que para el caso es lo mismo. La “aldea global” que profetizaron los teóricos de los años 60, como Marshall McLuhan, se convirtió en un medioevo digital de cines, teatros y hasta oficinas cerradas, e individuos intercomunicados por Zoom (esa escena anticipada por tantas fantasías “distópicas” que encontraron finalmente su lugar, su tópica). Un día amanecimos en el corazón de esa nueva era, que se llevaba a su paso lugares tan familiares como la sala de cine, el café, el restoran. Y hasta el viaje. No faltaron, tampoco, quienes empezaron a encontrarle ventajas: no sólo la de quedarse en casa para engordar cómodamente ante Netflix (evitando de paso los gastos de la salida y la exposición ante la inseguridad), sino hasta la de los festivales de cine, si total todo se puede hacer vía Zoom. La experiencia de este año bisagra permite aventurar esa y otras especulaciones, aunque será necesario ir saliendo poco a poco de la pesadilla para dimensionar el futuro con claridad. Aquellas fantasías pudieron haber acertado parcialmente los efectos de esta peste, aunque lo hicieron a la manera del cine catástrofe, lleno de ruidos, explosiones y efectos especiales; sin embargo, el tránsito de estos meses se acercó más a la expresión creada por Hannah Arendt en circunstancias diferentes: la banalidad de la peste, que permitió hasta la industria de los barbijos “fashion” en medio de tanto dolor.

El cine, empezando por su “Meca” histórica, Hollywood, todavía no termina de asimilar el golpe. Obligados por la pandemia, la mayor parte de las salas del mundo debió cerrar. Algunas reabrieron a medida que la “curva” descendía, pero nuevos rebrotes indicaron que esa felicidad había sido precoz. Los estrenos “presenciales”, con entre el 30% y el 50% del aforo admitido les permitieron sólo a unos pocos títulos una carrera más o menos convencional. Entre ellos “Tenet”, el nuevo tanque de Christopher Nolan.

Sin embargo, además de la consagración de la miniserie de plataforma, que empezó a sacar a empujones al cine de su histórico lugar de primacía ya mucho antes de que el covid-19 nos cambiara la vida (“Gambito de dama” de Netflix, por ejemplo, batió todos los records de espectadores hogareños con los que ni siquiera podía soñar una película, 62 millones de vistas en sólo cuatro semanas), otras modalidades se vienen poniendo en marcha, y no traen buenas noticias para los dueños de las salas de cine.

A principios de este mes, la Warner Bros anunció que todo su lote de películas para 2021, e independiente de lo que ocurriera con la situación sanitaria del mundo, tendría estreno simultáneo en los cines y su plataforma propia, HBO Max. Ese paquete comprende superproducciones como la cuarta “Matrix” y “Godzilla vs. Kong”.

La noticia, para el sector de la exhibición, fue casi la puñalada final. Las acciones de las cadenas más importantes, como AMC y Cinemark, cayeron casi hasta un 20% de Wall Street. El slogan que siempre se agitó, “Sólo en cines”, ya no tendrá más vigencia. Ese fue sólo el comienzo. Warner dijo que tal política regirá sólo un año, pero nadie le cree. El cine sobrevivió al radioteatro, a la televisión, al video y al dvd, pero hoy enfrenta su batalla más difícil.

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