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Bolsonaro, un hombre aislado en un círculo cada día más pequeño

El presidente de Brasil amenazó a la cadena Globo de no renovarle su licencia para transmitir en 2022. Recuerda la acción Chávez en 2007 contra RCTV.

Hombre dado a los desbordes emocionales y a los modos autoritarios, Jair Bolsonaro pareció iniciar este miércoles una nueva fase de su deriva política al amenazar a la cadena Globo de no renovarle su licencia para transmitir en 2022, poco antes del final de su mandato.

La movida, según la presentó, puede ser legal, pero no deja de responder a una vendetta y recuerda, de modo casi calcado, a la que llevó adelante Hugo Chávez en 2007, cuando sacó del aire al principal canal de Venezuela, RCTV. Desde entonces nada fue igual para el bolivariano; ¿inicia ahora Bolsonaro, reverso perfecto de aquel, el mismo serpenteo al repudio internacional?

El hombre lució indignado en el video que posteó en la madrugada, en el que negó a los gritos cualquier vinculación con el asesinato de la concejala carioca Marielle Franco. Es probable que haya dicho la verdad, sobre todo si se tiene en cuenta que el testimonio del portero del condominio en el que vivía en Río de Janeiro pareció quedar en entredicho con el correr de las horas. Lo que llama la atención, sin embargo, es que solo ahora se queje de reglas de juego que resultaron esenciales en el desarrollo de la operación Lava Jato y en el acoso y derribo de Dilma Rousseff, proceso que, a la postre, resultó crucial para su propia llegada al poder.

Que Bolsonaro le declare la guerra a uno de los principales conglomerados de medios de América Latina y, a la vez, a la gran prensa privada de Brasil es un hecho de enorme importancia. Pero la foto no queda del todo conformada si no se da cuenta de que su cruzada personal lo enfrenta ya con prácticamente todo el establishment político de su país.

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Eso quedó reflejado de un modo extravagante en el episodio del video que retuiteó y que lo presentaba como un león que luchaba contra una multitud de hienas acechantes, a las que el autor de la “pieza” había adosado carteles que las identificaban con los medios, la oposición, la izquierda, los movimientos sociales, la Iglesia católica, la ONU, el movimiento feminista... y hasta el Supremo Tribunal Federal.

“El atrevimiento presidencial parece no tener límites (...) Ese comportamiento, además de revelar una ausencia total de estatura presidencial, constituye una expresión odiosa y profundamente lamentable de quien desconoce el dogma de la separación de poderes”, lo destrató el martes el juez del STF Celso de Mello. Infantilizado, el león terminó pidiéndole perdón a la “hiena”. Hizo bien: cualquier causa que pueda involucrarlo durante el ejercicio de la Presidencia recaería, justamente, en ese tribunal.

A lo anterior hay que sumar el rechazo fuerte de buena parte del empresariado a su proyecto de abrir comercialmente al Mercosur de un modo radical, lo que pone en peligro a amplios segmentos industriales. En su ofensiva, Bolsonaro amenaza con llevarse puesto al propio bloque y la relación con la Argentina, a cuyo presidente electo, Alberto Fernández, no deja de hostilizar. Él lo hace desde lo político; su hijo Eduardo, diputado federal, desde lo personal y del modo más vulgar, ante el silencio de la Cancillería argentina.

El choque con tantos factores de poder no necesariamente le jugará en contra: amplios sectores sociales confunden agresividad con reformismo. Sin embargo, la sabana es peligrosa para un león solitario.

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