River no tuvo el debut «lujoso » que la gente presumía. El mal estado de la cancha y el buen planteo de Nueva Chicago opacaron a sus estrellas y tuvo que luchar mucho para ganar -sobre el final-con un penal.
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De los nuevos, el mejor fue Montenegro, que en el segundo tiempo mostró destellos de su calidad y fue el más activo. Salas puso voluntad, pero lo suyo se enmarca en la sutileza, y el campo de juego no estaba para esas cosas.
El campo estaba imposible de transitar. La pelota se frenaba o salía a más velocidad de lo normal, por lo que las jugadas -en la mayoría-no permitían controlar la pelota y su destino terminaba por ser un hecho afortunado. Chicago aprovechó esa situación para sacar a River de su campo con rechazos largos y mucha presión en la zona media. Más, por momentos «manejó» la pelota con Huerta y Martínez y tuvo en Tilger a un delantero penetrante, que siempre encontró la ubicación exacta en la cancha.
De esa manera se puso en ventaja (se diría con justicia), pero no pudo comenzar a trabajar para defenderla porque Montenegro mostró su precisión en el envío de un centro perfecto que llegó a la cabeza de Guillermo Pereyra. River, sin poder jugar por abajo -con la precisión buscada-tuvo que «embarrar el frac» y luchar el partido. Fue donde afloró el amor propio de Coudet y de Zapata para desbordar una y otra vez. Chicago no se metió atrás y trató de defenderse con la pelota, por lo que el partido se hizo vibrante.
En verdad con resultado incierto. Podía ser para cualquiera de los dos, pero Testa metió la mano en un centro y Madorrán (que había expulsado mal a Basualdo) cobró bien un penal, para que Cavenaghi le ponga un toque de calidad al remate que entró por un ángulo. Ganó River, pero el equipo de las estrellas ayer fue tapado por las nubes.
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