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El Mallorca hizo lo que la mayoría de rivales del 'equipo de Pep': correr sin parar, pero lo hizo con criterio, con una defensa en línea y presionando arriba. No se limitó a ver cómo circula la pelota de un lado a otro, siempre al acecho del error para montar el contragolpe.
El fallo de la "Pulga" supuso un punto de inflexión en el partido. El Mallorca empezó a pagar el notable esfuerzo físico desplegado hasta entonces y sus marcajes ya no fueron tan eficaces.
En el minuto 37, una obra de arte creada entre Keita y Messi rompió al equipo balear. El maliense se inspiró en Michael Laudrup para levantar, de cuchara, el balón con la misma técnica y calidad que lo hacía el danés, y el argentino marcó de vaselina y de cabeza ante la salida desesperada de Aouate.
No estaban Puyol, Alves ni Xavi, es cierto, pero con el mínimo esfuerzo, los azulgranas ya tenían el partido de cara. El Mallorca le puso músculo y garra a las acciones en la segunda parte como única manera de equilibrar el marcador, pero el Barça ya se parecía mucho al de siempre, es decir, dueño del balón, apretando en la salida del rival y con grandes espacios.
Todo eso se tradujo en el segundo tanto del Barcelona, obra de Villa, que arrancando en posición dudosa, sentenció, prácticamente las acciones.
El broche de oro lo puso Pedro con otro golazo, y ya el Mallorca se hundió de manera definitiva. En las filas del Barça dio tiempo al debut del defensa Martín Montoya, que sustituyó en los últimos minutos al brasileño Adriano, y en las del Mallorca, se estrenó en Palma el japonés Akihiro Ienaga.



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