17 de abril 2001 - 00:00

Cavallo pelea en gabinete baja del gasto de ministros

Fernando de la Rúa presidirá hoy una reunión del gabinete nacional que espera sea el retablo de dos despedidas: él se va junto a Adalberto Rodríguez Giavarini y Daniel Marx mañana rumbo a Washington donde lo espera George Bush Jr. También mañana se va de viaje Domingo Cavallo, quien en Londres explicará ante el Grupo de los 30, una organización privada que integran celebridades del mundo de los negocios y la economía, qué significa eso de la nueva convertibilidad.

Empaña el viaje del Presidente que ayer se le adelantara el chileno Ricardo Lagos, quien salió del Salón Oval con la promesa de un tratado de comercio con EE.UU. antes de fin de año.

Como el futuro del tipo de cambio se juega en esas dos plazas donde se presentarán el Presidente y su ministro, el orden del día del gabinete tiene a Cavallo como estrella principal. Les explicará a todos los ministros la necesidad de que hoy mismo la Comisión de Presupuesto y Hacienda apruebe un dictamen favorable al proyecto de ligar el peso al dólar y al euro. Sólo con esa condición los interlocutores de Washington y Londres los escucharán con seriedad, porque llevarán la aprobación virtual del Congreso. Eso le costó al proyecto la amputación del artículo 2 del borrador original con el cual el gobierno trabajó hasta la madrugada de ayer lunes y que levantaba la prohibición legal de indexar deudas, algo que impuso la Ley de Convertibilidad en 1991. Una consulta con los principales punteros legislativos (en especial del Senado, dominado por el peronismo) le hizo ver al gobierno que el voto de una restauración de la indexación haría inviable la sanción pronta de la iniciativa. Por eso se eliminó del mensaje de envío del proyecto al Congreso que firmaron anoche De la Rúa, Cavallo y Chrystian Colombo el segundo artículo de la indexación.

Créditos

El ministro confía en ese argumento para desencadenar en este viaje a Gran Bretaña -país que se apartó del euro-la catarata de créditos europeos baratos que confía será el principal beneficio de la nueva paridad.

La explicación de Cavallo precederá una ronda de exposiciones donde cada ministro mostrará la tarea que les encomendó De la Rúa hace dos semanas: presentar la nueva estructura de cada cartera con una rebaja efectiva del gasto en número de funcionarios y oficinas. Esa es una tarea cuya responsabilidad es de Colombo y en la que se hará auxiliar en pocos días con el retornado Marcos Makón, un frepasista mediterráneo (fue funcionario de Cavallo bajo el menemismo) que ocupó la oficina que hoy tiene Armando Caro Figueroa y que espera volver con las mismas dignidades a la Jefatura de Gabinete. Como hasta nuevo aviso el número 2 de Colombo seguirá siendo Caro Figueroa, a Makón habrá que inventarle un cargo de secretario de Estado para la reforma administrativa.

Los papeles que acercará cada ministro son algo previsibles, como es previsible el interés con que los espera Cavallo: necesita bajar el gasto, y la oportunidad de escuchar las pretensiones de reforma de cada ministro se convertirá en un tribunal donde habrá sangre, sudor y lágrimas. En estos días la paciencia del ministro se mueve en un límite -lo sabe el canciller uruguayo Didier Opperti, con quien casi se trompeó hace pocos días-, y las apuestas son sobre cuánto tardará Cavallo en trenzarse con sus colegas de gabinete con el argumento de que la reducción que ofrecerán será siempre insuficiente para reducir los gastos.

Cavallo
llegará con el argumento de que no se puede ofrecer al público ninguna reforma del gabinete, algo que el propio Presidente ha anunciado varias veces, sin brindar al mismo tiempo una promesa de que un nuevo elenco será más barato. Más si el jefe de Gabinete ha dicho que el modelo a seguir en esta reforma es imitar a los países centrales donde hay gran cantidad de ministros, aunque con estructuras más chicas, más baratas y a la vez más especializadas (Estados Unidos, por caso, tiene 14 ministerios, uno de ellos dedicado a atender a los veteranos de guerra).

Sin recorte, en suma, no hay reforma del gabinete, una fórmula que puede servir más para congelar la situación que para dinamizarla, como quieren
Colombo-Cavallo frente a ministros que creen, con fundamento, que cualquier cambio les puede costar la cabeza. Por eso el gobierno no avanzará más que en los retoques ya anunciados: división de la oficina de Darío Lopérfido en Cultura y Comunicación, ésta en manos de Nicolás Gallo; creación de la agencia de reparto a los pobres y traslado a un nuevo ministerio de Desarrollo Social del manejo de la seguridad social, jubilados y riesgos de trabajo; cuanto más, un retoque para crear un ministerio de justicia y transparencia.

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