29 de junio 2015 - 19:36

Con la mira más en el empleo, que en los precios

Por Mariel Fornoni, directora de Management & Fit.-

Sin desdeñar las cuestiones ideológicas (izquierda/derecha) o de identificación partidaria, el votante también decide "con el bolsillo". Desde las ciencias económicas se valida este argumento. El desempeño económico a corto plazo importa ya que se toma como señal de la (in)competencia del oficialismo de turno para gobernar, aún cuando los resultados observados pueden ser consecuencia de las decisiones de política económica o de shocks externos (sequía, precios internacionales, crisis global).

Nuestros sondeos reflejan que la intranquilidad por situación económica existe. Inseguridad al margen, la inflación y el desempleo aparecen en el podio de las preocupaciones sociales, condicionando la agenda. Según los últimos datos disponibles, el 63% de la sociedad considera a la inflación como uno de los mayores problemas de la coyuntura, mientras que el desempleo es mencionado en el 52% de las respuestas. Si tuviéramos que resumirlo, la sociedad se preocupa estrictamente por el corto plazo. Como consecuencia de una volatilidad macroeconómica con pocos precedentes a nivel mundial, la intención, literal, consiste en "llegar a fin de mes".

Partiendo de esta base, habría dos indicadores fáciles de evaluar para el votante y que pueden influir en su voto. Inflación y desempleo. Para algunos, el crecimiento económico también debería tenerse en cuenta, aunque el seguimiento de esta variable no es tan sencillo (sobre todo frente a la proliferación de estimaciones diversas). Asimismo, el desempleo tiende a moverse en sintonía con el nivel de actividad. Hecha esta aclaración, veamos que muestran los datos.

Al momento de votar, la sociedad dejó de preocuparse tanto por la inflación y más por el desempleo. Durante los ´90 (particularmente al principio), la hiperinflación pesaba mucho en la memoria social. Curiosamente, dicha crisis se produjo con un desempleo relativamente bajo. No debería sorprender que quien prometiera mantener la Convertibilidad (exitosa para erradicar la inflación, no tanto para lograr un crecimiento sustentable e inclusivo) tuviera mejor performance electoral. Tras el estallido del 2001, donde el desempleo se disparó a niveles récord, la memoria social cambió radicalmente. Mantener el trabajo se convirtió en la prioridad número uno. Suena lógico: hoy es preferible tener empleo y perder poder adquisitivo a manos de la inflación, que no tener ingreso alguno por estar desocupado.

Si analizamos las elecciones más recientes, los datos avalan esta hipótesis. El Gobierno venció en 2005, 2007 y 2011, años de fuerte crecimiento y reducción del desempleo, aunque con inflación creciente. En cambio, el oficialismo perdió en 2009 y 2013, años marcados por un deterioro económico (sobre todo en 2009, por la crisis internacional y la sequía). Por su parte, la inflación mostró un comportamiento disímil (se desaceleró en 2009 y se aceleró en 2013). Cabe hacer una aclaración: que las victorias de la oposición hayan sido en elecciones legislativas no es trivial. En elecciones presidenciales la sociedad tiende a volverse un poco más conservadora.

El Gobierno entiende la importancia de llegar a Octubre con la situación bajo control y ha trabajado en pos de ello. El nivel de actividad da señales de estabilización tras la recesión de 2014, y el desempleo se sostiene en torno al promedio de los últimos años. La inflación se desacelera y el frente cambiario también se mantiene (hasta ahora, al menos) estable. Nuevamente, los datos reflejan que la mejora económica implica una mejora política. De acuerdo a nuestras encuestas, tanto la aprobación del Gobierno como la imagen presidencial vienen en aumento, aunque todavía están lejos de los máximos históricos. Asimismo, la intención de voto por Daniel Scioli se incrementó algunos puntos en los últimos meses.

Considerando lo anterior, la economía, si no juega a favor del oficialismo, por lo menos no le juega en contra. Si bien la situación dista de ser óptima y la resolución de los problemas simplemente se ha pospuesto, el Gobierno ha logrado cierto margen de acción para los próximos meses. De aquí hasta Octubre, serán las decisiones económicas y (sobre todo) políticas las que terminarán de inclinar la balanza hacia la continuidad o el cambio.

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