Las crisis pueden esperar. Los récords son urgentes

Economía

¿Ya pasó lo peor de la crisis real? Las acciones sostienen que sí. Los bonos lo niegan. Tan tercos los unos como los otros.

El que a hierro mata, a hierro muere. O se abre paso con su filo. Y los balances son la ley de hierro en Wall Street. Todos rinden examen. En esa inteligencia, a las compañías tecnológicas, luego de un rally furibundo larga duración, las pusieron en capilla. ¿Son una burbuja? ¿Qué revelaron sus estados contables tras la disección? Combinadas las cuatro mayores, Amazon, Apple, Facebook y Alphabet (Google), ganaron más de 28 mil millones de dólares en el último trimestre. Res non verba. Aunque también tuvieron que desplegar verba para aprobar la requisitoria del Congreso, preocupado por el potencial abuso de posición dominante. Caso cerrado (hasta la próxima). Y reapertura del rally. El Nasdaq hacia máximos flamantes. El S&P500, a tiro (-3,4%) de los que clavó en febrero.

La crisis del coronavirus no se apacigua. Marcó un récord el viernes con 292 mil nuevos casos diarios registrados. La pandemia es tenaz, no discrimina, está activa en los cinco continentes. La enfermedad es tan contagiosa que ya se afirma que, aun con una vacuna, no nos libraremos del agobio. Y Wall Street como si nada. Por muchísimo menos la teoría del caos predice una catástrofe. No aletea una mariposa en Tokio, por cierto, sino un virus letal que martiriza al mundo entero, y la Bolsa no se conmueve. Es la tormenta perfecta, sentenció el virólogo Anthony Fauci, y que lo diga la economía del segundo trimestre. EE.UU. se contrajo 8,2%; Alemania, 10,1%; la Unión Europea, 11,9%. En los emergentes, el choque fue más dañino. Por caso, México agachó 17,3%. El virus es incansable. Sin embargo, las economías se recuperan, y su repunte (parcial) es vigoroso. ¿Ya pasó lo peor de la crisis real? Las acciones sostienen que sí. Los bonos lo niegan. Tan tercos los unos como los otros. Todos aferrados a su libro particular de la crisis, montados a valores extremos. La Bolsa en máximos, las tasas largas estrenando mínimos. La curva de rendimientos de los bonos -el único oráculo que acertó el pronóstico de recesión- corrigió una opinión inicial favorable para volver a trasuntar fragilidad. Y sobre llovido, mojado. ¿Aumenta el peligro de una recaída? No hay acuerdo (todavía) entre republicanos y demócratas, los programas de emergencia que apuntalan la recuperación no se renovaron. La agencia Fitch revisó el panorama de la calificación AAA de los bonos del Tesoro de los EEUU, de estable a negativo. ¿Las razones? “El deterioro en curso de las finanzas públicas y la ausencia de un plan de consolidación fiscal creíble”. ¿Asoma una crisis de deuda? Las tasas tienen la palabra: no pestañearon. En 2011, cuando S&P rebajó la nota a AA+, tampoco. Eso sí, la Bolsa tambaleó. Cayó 20%, al borde de un mercado bear. También entonces el trasfondo era una pelea sin zanjar en el Congreso.

Las acciones en máximos, las tasas en mínimos, y el oro que se trepa al podio con un récord reluciente. ¿Qué lo impulsa? ¿La inflación que los bonos no alcanzan a ver, y les sería mortal? ¿La crisis del dólar que está en boca de todos? ¿Una crisis política en Washington que promete ser espectacular vistos los arrebatos de Trump? ¿O una burbuja como la que se les imputa a las tecnológicas y que estas procuran desmentir con sus balances? Los metales, se sabe, no emiten información contable. Es una ventaja. No se los puede refutar -aun si sus argumentos fueran errados- hasta el fin del viaje (en la crisis de Lehman de 2008, recién ocurrió en 2011). La explicación es más sencilla: la liquidez está levantando todos los botes. Suben las acciones, los bonos (de todo pelaje), los commodities. Y hasta los mercados emergentes. No hay crisis financiera. Y el estímulo proseguirá. Debe ser redundante, dice la lección de 1937/ 1938.

La pandemia no cede, la economía mundial funciona a media máquina, las historias truculentas y las posibles crisis se multiplican. Sin embargo, nadie corre hacia el cash, sino de Guatemala a Guatepeor. A contramano del discurso, que con un dólar débil viró hacia la decadencia del imperio americano. Res non verba. La inflación podría arruinarlo todo. Sólo tendría que hacer acto de presencia. En definitiva, lo que cuenta es un cambio de portafolios que le asigna más chances a un mundo en mejoría. Amanece, que no es poco. Aunque la crisis, como el monstruo de Monterroso, todavía está allí.

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