28 de octubre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

«Miren, muchachos, queremos prorrogar el impuesto al cheque por un tiempo prudencial. Hasta que el país se empiece a recobrar... digamos, para abrir el juego, unos 30 años.» Los gobernadores se miraron, había un ambiente tan espeso que se podía cortar con un cuchillo. Al poco rato, uno de ellos -el más canoso- le asestó las gafas al representante oficial y le dijo: «Lo que nos piden es que nosotros no se lo rebotemos. Es una barbaridad de años, pero... en fin. Si vamos prendidos en las provincias, puede ser que lo apoyemos». Esto es un diálogo solamente imaginado, en base a una foto que vimos en un matutino del miércoles y con la sonriente cara de los señores gobernadores, completando una nota acerca de esta intención de extender el impuesto. Uno piensa, se enamoraron del cobro fácil. Y puede seguir pensando, acerca de qué pensarán los que tengan alguna intención de inversión. Algún proyecto, los mismos tipos del exterior que se enteran de esto al instante. Otro papelonazo. Hablar de treinta años para levantar el más absurdo y regresivo impuesto de todos los inventados, es recibirse de caras de cemento. Claro, como el asunto es llevar algo en la porción, los «muchachos» no pierden tiempo en analizarlo. Si igual baja hacia la gente. Como bajará un nuevo impuesto al combustible, para el tema de las inundaciones. Y así sigue el corso, de un país que es un carnaval sin caretas (se usa la propia cara, nomás...).

Pero, había más para un solo día: los ciudadanos enterándose de un «viaje secreto» del titular de Economía, al que lo pasaban como enfermo para cubrir su salida del país (quizá, disfrazado de viejecita). En lugar de tratar esto como lo que fue, una nueva burla a todos, los medios se dedicaron a contar pormenores como quien relata algún cuento de Sherlock Holmes. Es nuestro ministro de Economía, vamos... no se trata de un actor de telenovela, o de Maradona, es un funcionario de alto rango que se mueve entre las sombras, escapando como esos tantos buscados por la ley que parten presurosos al exilio. ¿Y qué iba a hacer nuestro hombre misterioro, que llegó a Estados Unidos con la anuencia de palacio?... Pues, parece que a entablar una nueva «manga» formal de un sistema económico que es un barril sin fondo. Y al que los ciudadanos ya no le vierten más líquido: porque advirtieron que no hay fondo. También esto se trató como si tal cosa, es tan normal en el mundo que un ministro de Economía salga como «el fugitivo» de sus fronteras, a pedir diez mil millones... La dosis de anestesia que tenemos la mayoría de los argentinos, llega a límites impensables. ¿O habremos asumido que somos un país de ficción?...

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