22 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Si bien Néstor se copó, diciendo que «ahora el mundo nos va a copiar...», al menos la Presidente dio marcha atrás con la expresión de júbilo por la desdicha del «primer mundo» y corrigió, diciendo que no se iba a alegrar por la desgracia ajena. Y que ésta nos podía perjudicar en alguna forma. Obviamente, tal el estilo imperante, se desdijo y enmendó sin reconocer la equivocación primera. Pero algo es algo, mucho más no se podía desear (en un tiempo de talentos y brillantez escasos).

Mientras tanto, desde la cúpula de Estados Unidos lanzaban otro ataque al incendio y siempre con el mismo recurso: sumar y sumar cifras billonarias, pasar el cargo y la factura de todo al Estado. Y que los que vengan atrás se arreglen. Esquema muy típico de nuestras tierras, así que hay que avisarle a Néstor que se quede tranquilo: desde el «primer mundo» ya nos están copiando... lo malo. Y cuesta ahora ubicar cuál resulta el verdadero rector mundial, después de todo el show norteamericano y su grado preocupante de improvisaciones y de falta absoluta de entender la gravedad real de la crisis. Hasta que los nombres históricos de la banca no se les vinieron encima, y amenazaban ser unos cuantos -más en estos días-, estuvieron jugando a los «salvadores» y fracasando de manera grotesca. A cada nueva medida, otra entidad que se iba por la rejilla. Chávez y Evo dirían que eso era una « conspiración», para hacer quedar mal al gobierno.  

Esto proporcionó, en especial aquí, un «viernes de gloria» para los activos accionarios. Pero habrá que esperar la decantación del nuevo plan instrumentado y si esto se puede dar como salvador, de una economía que tiene serios ratios comprometidos y una población presa del miedo. Lo anterior, cuando prácticamente estatizaron a las dos entidades madre en lo inmobiliario, parecía resultar la «última bala». Pero, como dicen en las películas: parece que les quedaba una más en la recámara y se la jugaron el fin de semana. Nada está dicho, como que sea una verdadera bisagra, un girar sobre los talones y encarar hacia arriba de una vez, así que los días que faltan hasta fin de mes deberían resultar cruciales. Para saber si el cuadro salió del estado «reservado» en que venía decayendo.

De lo peor que se ha podido ver hasta ahora es que mucho «enemigo público» y autores de esta tragedia están siendo protegidos por la alfombra de dólares que se tiende. Y, acaso, se los ve sueltos y coleando, intentando otra maquinaria del diablo. De lo mejor que también se insinúa es que se separe a la verdadera « banca», la responsable, la segura, la tradicional, de lo que es una banca de inversión, por naturaleza y negocio, amiga del riesgo al límite. Recuperar la «raza» del banquero y cerrar caminos a la aventura.

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