29 de junio 2015 - 19:38

Defender lo conquistado en los últimos 12 años

Por Fernanda Vallejos, economista del Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo.-

"¿Sabe cuál es la víscera más sensible del hombre? La víscera más sensible del hombre es el bolsillo", dijo alguna vez el General Perón. En la medida que octubre se aproxima, se acerca el momento en donde la sociedad argentina se enfrentará a las urnas. En la soledad del cuarto oscuro será donde se deberá decidir no por un simple recambio de Gobierno sino por la continuidad o el retroceso de un proyecto de país, a no pocos les resonarán las palabras del General Perón. Para algunos ese eco, parece una marcha fúnebre. Como reacción, escuchamos críticas a diestra y siniestra, con un desprecio inocultable por ese hecho maldito al que llaman "populismo". Pero ¿por qué tanta urticaria?

En primer lugar, y para ser honesta con el lector, debo aclarar que si bien acuerdo con que el bolsillo resulta una visera sensible seguramente hay otros factores que también ejercen influencia en la decisión de los argentinos a la hora de votar. Observemos, por caso, la evolución del índice de confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Di Tella. Según el último dato de mayo de 2015 ese indicador, que alcanzó un valor de 2.09 (en una escala de 0 a 5), reflejó una mejora del 38% en relación con mayo de 2014 y del 10% en relación con el mes anterior. Se trata del nivel de confianza más alto desde mayo de 2012, en base a cinco dimensiones que, como podrá observarse, no se reducen a variables meramente económicas: la imagen general del Gobierno, la percepción sobre si se gobierna pensando en el bien general o en el de sectores particulares, la eficiencia en la administración del gasto público, la honestidad de los miembros de la administración y la capacidad para resolver los problemas del país.

La tendencia, que preocupa a los detractores de la Presidente Cristina de Kirchner, no parece tener visos de modificarse en los meses que nos separan de octubre. Es que el "populismo" tiene que ver, en realidad, con el carácter popular, en la defensa del interés nacional y de las mayorías que llevaron a cabo algunos gobiernos, como los últimos tres en la Argentina. Eso que el índice Di Tella cristaliza como "la percepción sobre si se gobierna pensando en el bien general o en el de sectores particulares" tiene también su correlato desde el punto de vista estrictamente económico. Se trata del conjunto de políticas públicas sostenidas a contramano de toda la cantinela liberal-opositora en los últimos 12 años, que permitieron crear y proteger, en momentos críticos, el trabajo de los argentinos; una comprensión del funcionamiento de la economía impulsada por la demanda; la convicción del rol crucial que le toca desempeñar al Estado cuando se tiene la vocación de recorrer un sendero de desarrollo nacional. En esa dimensión se inscriben las políticas de ingreso -aunque no sólo ellas- que han resultado clave para robustecer la capacidad adquisitiva de los argentinos y, con ella, el consumo y la demanda que son los que traccionan la inversión y el crecimiento económico. Son las decisiones del gobierno de la Presidente las que suenan como marcha fúnebre en los oídos de la oposición que, tal como lo refleja la consultora opositora Finsoport, no puede ocultar las elevadas expectativas de consumo que se abren de cara al último semestre. A título de ejemplo, esa consultora calculó que se volcarán $ 175.000 millones extra en el mercado interno, producto de los acuerdos paritarios que elevarán los salarios de los trabajadores, las actualizaciones en los haberes previsionales regidos por la ley de movilidad y el incremento de 30% para las Asignaciones que, a partir de la aprobación del proyecto de ley que envió el Ejecutivo, se actualizarán automáticamente en función del mismo algoritmo con el que se calculan los aumentos de las jubilaciones y pensiones. Para el mes de diciembre, con todos los incrementos vigentes, el crecimiento del consumo treparía 15,3%, según la misma consultora.

Difícilmente algún argentino pueda olvidar las expresiones del senador radical-PRO Ernesto Sanz, aliado del jefe de gobierno Mauricio Macri, cuando se sinceraba rogando a los Dioses del Olimpo que a la economía le fuera mal (es decir, sin eufemismos, a todos nosotros, estimados lectores) en las vísperas electorales, para alentar las chances de la oposición frente al kirchnerismo. No hace falta redundar para comprender la lógica del razonamiento opositor y el por qué de tanto desprecio por los gobiernos populares. Uno podría pensar que también hay un desprecio por el pueblo, toda vez que se trata del mismo senador que sostuvo que el ingreso percibido por la AUH se iba por "la canaleta del juego y de la droga". Es muy probable, de hecho el aliado jefe de Gobierno y candidato a Presidente del establishment económico y financiero, Mauricio Macri, también había sentenciado no sólo la pertinencia de reprivatizar las empresas recuperadas por el Estado y desfinanciarlo eliminando los impuestos progresivos que gravan a los que tienen más altos ingresos; sino su vocación de pagarles a los buitres a la medida del fallo Griesa, vaciar el Banco Central, abrir paso a una devaluación y licuar el salario de los argentinos que, a su parecer, "es un costo que hay que reducir" y luego volver a sobreendeudarnos, igualito que en los '90, tal como acaba de ratificar su compañera de fórmula, la diputada Gabriela Michetti.

Pero de lo que no caben dudas es que los preocupa severamente la correlación entre las políticas económicas de los gobiernos populares, el desempeño de la economía cuando las políticas se desenvuelven pensando en el interés general y esa víscera sensible de la que hablaba el General Perón, con su consecuente influencia a la hora del voto. Por eso un opositor bonaerense reconocía hace unos días atrás que "Cristina es imbatible". Es imbatible porque encarna un proyecto político que ha sabido interpretar el interés popular con la pericia desde la gestión para cristalizar en su política económica una lógica tan básica como ausente de la agenda liberal-conservadora: la justicia social y la racionalidad del crecimiento económico son dos caras de una misma moneda. El proyecto es imbatible. Cristina conduce y seguirá conduciendo un Proyecto que es imbatible. También eso les da urticaria.

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