24 de octubre 2000 - 00:00

DIALOGOS EN WALL STREET

Ganancias de dos dígitos por año en un mundo que crece a 6% anual, no se pueden sostener indefinidamente. Esta es una buena razón para entender por qué todavía no se han visto los mínimos. La Bolsa es la debilidad principal de Alan Greenspan. A la Fed no le hace falta bajar las tasas para conducir una política monetaria más expansiva: con ver los agregados monetarios uno se da cuenta.

(El diálogo es conun veterano analista de la Bolsa de Nueva York, a quien se lo llama GordonGekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película«Wall Street». El tema es la volatilidad del NASDAQ y la desconfianza sobre losfuturos balances trimestrales de grandes empresas. Hay temor de que el ciclo deexpansión esté llegando a su final.)

PERIODISTA: ¿Terminóla caída libre del NASDAQ? La verdad es que el rebote fue sumamente violento.

Gordon Gekko: Subió 15% desde los mínimos. En un par de ruedas.Revirtiendo seis semanas consecutivas de baja. Y recuperando 40% de la caídatotal. Deberíamos haber visto los mínimos para lo que resta del año. Esa es miimpresión.

P.: Finalmente losbalances dieron una mano. Intel, Sun, Microsoft.

G.G.: Los balances contribuyeron a la baja, primero. El mismodía en que el NASDAQ se recuperó vimos los malos números de IBM y de Chase. El«core» del costo de vida trepó 0,3% en línea con lo que ya habíamos observadoen el «core» de mayoristas. Y los inventarios de petróleo -por segunda semanaseguida-trajeron una declinación superior a 3 millones de barriles. El contextono podía ser peor y efectivamente no lo fue. Tuvimos un «sell off», unaliquidación en medio del pánico y allí entró a tallar el dinero que habíabuscado reparo en espera de detectar un «piso» antes de volver a ponerse enjuego.

P.: Si ese dinerohizo una diferencia tan rápida, ¿no sería lógico que intente tomar lasganancias?

G.G.: En un todo de acuerdo. Sería razonable esperar ahorauna etapa de consolidación. Eso pienso que sucederá. Una fase de distribución,o sea, un cambio de manos.

P.: Resta todavíaconocer un torrente de balances. ¿Podrán marcar el rumbo?

G.G.: A esta altura, más importante que los números de losbalances resulta saber cuán firme es el espíritu de los inversores. Sin dudasque el gran problema de Wall Street es que los inversores han vuelto apreguntar por las ganancias. El acento ha pasado de la liquidez, del momentum,de los espejitos de colores que repartió la tecnología en abundancia a unesquema más tradicional de valuación y a una apreciación más acabada de losriesgos que supone invertir en acciones. No es que la tecnología haya agotadosu magia. Ni que las ganancias se hayan volatilizado (tampoco la liquidez seevaporó ya que M3 crece a un ritmo cercano a 10%) sino que los inversores hancambiado el patrón de sus exigencias.

P.: No es que lasganancias se han volatilizado pero sí que desaceleran el paso.

G.G.: Conforme los balances presentados hasta ahora, crecen16% en el tercer trimestre respecto de igual período el año pasado. No está malaunque se esperaba más. A principios de julio la estimación de los analistasera un avance de 18%. Y como los analistas subestiman de manera sistemática elverdadero número, en promedio, en 2 puntos porcentuales; yo le diría que laexpectativa era toparse con un incremento en torno de 20%. Un registrolevemente inferior a los observados en el primer y segundo trimestre para lascompañías que integran el SP 500. No va a poder ser.

P.: Tampoco va apoder ser en el cuarto trimestre. Muchas empresas dan en el blanco con losnúmeros presentes pero avisan que hay que bajar los estimados hacia delante.

G.G.: Una buena razón para pensar que hemos visto los mínimospara lo que resta del año. El mercado ha corregido hacia abajo este trimestre,el que viene y lo que puede otear del 2001. No se explica, si no, la paliza querecibió un, digamos, Intel. De 75 dólares a 35 simple-mente porque sedesaceleraron las ventas. Pero el punto principal es entender que laexpectativa de un crecimiento de dos dígitos en las ganancias de las compañíasen un mundo que crece -en el mejor de los casos-6% en términos nominales no sepuede prolongar indefinidamente. Y ésa es una buena razón para pensar que habervisto los mínimos de este año no significa haberlos visto para lo que resta delciclo.

P.: AlanGreespan. Cuánto tiempo hacía que no escuchábamos su voz. Reapareció y tendióuna mano amiga.

G.G.: Nunca negó un apoyo cuando el mercado estuvo endificultades. Evidentemente la Bolsa es su debilidad.

P.: Buscó calmarlas aguas respecto de la suba del petróleo.

G.G.: Hay que tener presente que los números de inflaciónresultaron horribles. Sobre todo si se miran las canastas que excluyen laenergía. Las presiones alcistas en el «core» de mayoristas eran un asunto de1999. Estaban enterradas. Ahora resucitan y van de la mano del alza en el«core» de minoristas. Todo confirma que el Greenspan agresivo que comenzó lasuba de tasas en junio de 1999 tenía razón. Pues bien, con el «bull market»quebrado y pese a las presiones de precios -que son tan lentas comopersistentesprefiere sentarse a fumar un puro. La apuesta es que el aire quepierde la Bolsa (y que tarde o temprano le faltará al consumidor) serásuficiente para mantener el proceso bajo control. Convengamos que el petróleose salió de la vaina pero ha sido el único caso evidente.

P.: ¿Tendremosuna Fed que omitirá intervenir el próximo 15 de noviembre?

G.G.: Así será.

P.: ¿Y bajandolas tasas más adelante?

G.G.: Tal vez si el NASDAQ repite su última acrobacia. Laverdad es que no hay apuro. No le hace falta a la Fed bajar las tasas deinterés para conducir una política monetaria más expansiva. Que es lo que estáhaciendo. Echeles un vistazo a los agregados monetarios y se dará cuenta. Estopermite que pese a la fuerte suba del combustible, el impacto sobre elconsumidor norteamericano -como Greenspan bien lo dijo-haya sido moderado. Sino tuviese más dinero y crédito a su disposición no podría pagar la abultadacuenta de la gasolina y a la par, la de sus otros consumos creciendo a un ritmode 5 por ciento.

 

 

Te puede interesar