Duhalde dio luz verde al proyecto anoche en Olivos
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Se la llevaron en un helicóptero, en ausencia de los responsables finales de la iniciativa Jorge Remes Lenicov y Mario Blejer (anoche en un avión de regreso de los Estados Unidos), los secretarios del Ministerio de Economía Jorge Todesca, Lisandro Barry, Juan Carlos Pezoa y los directores del Banco Central, Aldo Pignanelli y Eduardo Henkel. Duhalde los esperó junto a sus secretarios Aníbal Fernández y José Pampuro.
El Presidente pidió la posibilidad de que ese plazo se extendiera, pero que se pusiera un día fijo, por ejemplo el 1 de enero de 2003.
La segunda orden, asegurar que no caería ningún banco, tampoco se la pudo imponer por ley, iría contra el mercado. Le explicaron que en la hermética redacción de uno de los artículos del proyecto se reforman la Ley de Entidades Financieras y de la carta orgánica del Banco Central para darles a las autoridades un margen de maniobra más amplio para atender bancos en crisis. «¿Qué quiere decir eso hablando en plata?», se inquietó Duhalde. Que se les puede dar redescuentos (un préstamo) a bancos en problemas, aunque estén suspendidos.
Se le informó al grupo que a Jorge Capitanich no le iba mal en su estreno como megaoperador legislativo. Había dedicado el fin de semana a recorrer el espinel telefónico de los punteros de cada bloque y aseguraba que hoy podrá empezar a tratarse en el Senado el proyecto.
Se estimó que el terreno más difícil está entre los socios radicales. En el Senado despunta un ala antigobierno que encabezan Mario Losada y Gerardo Morales (dos hombres de la era De la Rúa) y que integra también Juan Carlos Passo, el pampeano que renunció a un cargo en el bloque quejándose de la sociedad Duhalde-Alfonsín. «¿De qué se queja?», preguntó el Presidente. A regañadientes le respondieron: «Es un grupo de radicales que ha 'comprado' el diagnóstico de que el gobierno Duhalde termina mal y que lo mejor para los radicales es estar lo más lejos que se pueda cuando estalle».
•Apoyo
Duhalde dijo que contaba con el apoyo de otra ala, la que integran Raúl Alfonsín y maniobra Carlos Maestro.
El Presidente había hablado por la tarde con Alfonsín para saludarlo antes de la partida hoy del ex presidente rumbo a Francia para participar de una cumbre de la Internacional Socialista. Debió consolarlo al jefe radical por la derrota de Lionel Jospin, el socialista que se quejó afuera del ballottage desplazado además por el innombrable -para Alfonsín-y ultraderechista Jean-Marie Le Pen.
Está claro que ni el gobierno ni el Congreso quieren pagar el costo político de decirle al público que le cambian dólares por papeles, algo que hoy quizá sólo aceptarían pacíficamente los depositantes del Scotiabank (hoy suspendido por 30 días). Tampoco pueden obligar a la otra parte a que soporte las críticas de la medida.
Dos cuestiones demoraron el final de la noche en Olivos, que se precipitó porque empezaba «Fútbol de primera»: primero, Duhalde se mostró obsesionado por las quejas del público (los primeros, sus propios funcionarios) ante los cajeros automáticos sin fondos. Pignanelli le prometió que para hoy los abogados del Banco Central tendrán lista una solución. Le explicó que pasa por una interpretación sobre qué es un feriado bancario. «Hay que lograr que los jueces que dan amparos entiendan que no pueden pedirles fondos a bancos con feriado, que los bancos puedan cargar los cajeros sin que los jueces asalten los cajeros con cerrajeros», le explicaron al Presidente.
La última fue sobre la creación del Banco Federal o Banco Nacional (según la última redacción del proyecto). Se interesó por la suerte de una vieja idea que llevó a ley cuando era gobernador y peleaba sobre esas minucias con Carlos Menem: la integridad del Banco Provincia en el nuevo esquema.
Todesca le dijo que ya había logrado la adhesión para la nueva entidad (en realidad, un holding de bancos con identidad propia con capacidad para tener un clearing propio y, por cierto, recibir redescuentos) de Ricardo Gutiérrez para que se integre el Provincia, de Julio Alak para el Municipal de La Plata, de Roberto Feletti para el Ciudad de Buenos Aires y que podría pensarse en que también se sumará el Banco de Córdoba, cuya privatización fracasó hace pocos meses.
Al oír la palabra privatización, se erizó Duhalde. ¿Privatizar el Provincia o el Nación? Sería quebrar todas las alianzas con que cuenta el Presidente. Le aclararon que la ley que sale ahora es liviana, de transición y que cualquier definición sobre la suerte de las entidades queda para una nueva ley que debe salir en 90 días.



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