Ayer, el presidente Bush le presentó al Congreso su proyecto para recortar impuestos en la próxima década, por u$s 1,6 billón (billón latino). Puede que a los políticos el anuncio les resulte importante.
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De hecho, el novel secretario del Tesoro, Paul O'Neill, se dio «una vuelta» por Wall Street para desayunar con alguno de los nombres más importantes del mercado. Prácticamente, un absoluto desconocido entre los operadores (de hecho, más de uno lo confunde con su homónimo, jugador de béisbol en los Yanquees); la idea de introducir al reemplazante de Rubin y Summers con un regalo de semejante magnitud debajo del brazo no parecía mala. El problema es que al mercado le importó muy poco y, mas allá de las cortesías de rigor, se considera que cualquier efecto que tenga el proyecto es demasiado dilatado en el tiempo como para solucionar los problemas que tiene hoy el mercado.
Después de todo, ni siquiera Alan Greenspan pudo algo. Si bien la jornada marcó el comienzo extraoficial de la temporada de IPO con la colocación de las acciones de KPMG, el primero de los «big five» de la consultaría mundial en hacer lo que desde años atrás vienen aconsejándoles a sus clientes (es decir, alistarse públicamente), y la operación resultó exitosa con el papel ganando más de 31% en su primer día de operaciones (la idea de la gente de Morgan Stanley de reducir el número de papeles ofrecidos e incrementar el precio base de colocación fue buena), esto no evitó que el NASDAQ tuviese otra jornada negativa retrocediendo 1,75% y teniendo como principal responsable -según el decir de una parte del mercado- a Cisco, que perdió 3,42%.
Con Microsoft que no pudo confirmar los rumores que circularon el miércoles, Home Depot, Wal Mart y gran parte del sector de empresas vinculadas al comercio minorista cediendo terreno (el índice sectorial que elabora S&P mostró una baja de 3,8 por ciento), el Dow también quedó del lado perdedor, retrocediendo 0,6 por ciento a 10.880,55 puntos.
En los demás frentes, las cosas tampoco fueron demasiado bien; por un lado, el dólar continuó apreciándose frente al euro a 91,88 centavos y, por el otro, el yen retrocedió a 116,62, mientras que el petróleo superó los u$s 31,25 por barril.
Si la tasa de largo cedió a 5,526% fue sólo por ser uno de esos días en que se volvió a buscar la seguridad. ¿Que cómo les cayó el hombre a los capitanes del mercado? No estuvimos, pero basta con que usted mire lo que dicen los índices.
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