Los inversores no quieren quedar “pegados” a la transición del 2023

Economía

Al día de hoy, antes que cierre el primer semestre del próximo año, al Tesoro le vence casi la mitad de su deuda en pesos mientras que al BCRA el total de sus pasivos remunerados. Todo un gran desafío.

Que el Tesoro no haya podido cubrir todos los vencimientos de deuda en pesos en la última subasta, por primera vez en mucho tiempo, fue una señal de atención. Sobre todo por lo que viene por delante, y no precisamente por este año sino por el próximo. Ocurre que el devenir de las últimas semanas reflejó que el apetito de los inversores mostró cuál era su preferencia revelada: nadie quiere quedar sobre expuesto en bonos en pesos en medio de la transición política del 2023.

O sea, en buen romance cada vez hay menos interesados en quedar “pegados” a las turbulencias que, se anticipan, emergerán en la previa electoral y en la transición presidencial. Basta un solo número para entender el porqué de la inquietud de los inversores: antes del cierre del primer semestre del 2023 vence, aproximadamente, la mitad de la deuda en pesos del Tesoro y toda la deuda del BCRA.

Hasta ahora el “mercado de pesos” fue un noble corcel para los jinetes de la Secretaría de Finanzas, a cargo de Rafael Brigo. Pero ya empezó a mostrar otros bríos. Al parecer ya no digerirá todo lo que le tiren, ni ayudado con ingentes dosis de algún protector hepático. Desde hace meses los analistas intentan desentrañar los peligros inherentes al creciente stock de deuda en pesos del Tesoro. Como en algún momento ocurrió con las añoradas Lebac, y otro tanto con las Leliq, ahora el consenso procura calmar las ansiedades de los inversores que ven que el taxímetro de la deuda no para. Al fin de cuentas, todos se preguntan hasta adónde aguanta. Es decir, cuándo la estrategia de financiamiento oficial empezará a crujir o experimentará serios signos de agotamiento.

Diferencial

Entonces, ¿qué están mirando los inversores, además del roll-over de la deuda en pesos?. Al respecto los analistas de 1816 dan una pista al sintetizar los temores del mercado a la transición presidencial en el diferencial (spread) de rendimiento entre el bono del Tesoro en pesos ajustado por CER que vence en marzo 2023 (TX23) y su par que vence en marzo 2024 (TX24). Este spread cerró la semana pasada muy cerca de los 1.100 puntos básicos cuando un mes atrás estaba en unos 200 puntos. Otro tanto ocurre con las posiciones a futuro o forward donde la tasa pasó de 3% al 14%. Vale señalar que el spread entre el forward del TX24, que vence en marzo 2023 y el del TX23, que vence a mediados de agosto 2023, o sea, luego de las PASO pero antes del traspaso presidencial llegó a trepar al 18%. Lo cual muestra que el apetito o interés de los inversores es asumir riesgo en este mandato presidencial pero al mismo tiempo bien alejado del período de transición.

¿Cómo hará en tal caso el Tesoro para transitar esos meses? Esa es la cuestión. Porque, hasta el momento, los distintos tipos de cambio informales no están expresando los miedos a través de la brecha, lo que sí ya se está solidificando a través del spread de los rendimientos de los bonos en pesos que vencen en el mandato de Alberto Fernández y en el que lo suceda. Hoy por hoy, el calendario de vencimientos de deuda en pesos, del Tesoro, muestra que en agosto de este año, en marzo y en agosto del año que viene los compromisos en dichos meses rozan en promedio los $900.000 millones (al dólar oficial unos u$s8.000 millones cada mes). Por eso no extraña que en medio de todo el ruido político reinante, tanto oficial como opositor, sobrevuelen, nuevamente, los fantasmas “reperfiladores” o similares en las mentes de los inversores. Está claro que el cepo no es negociable, por lo menos, en este gobierno, y dejar todo en manos de una licuación, vía devaluación, es una frazada corta porque gran parte de la deuda pública está indexada a la inflación y tipo de cambio.

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