La economía: un "activo electoral" del oficialismo
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No es el objetivo específico del citado plan encarar los gruesos desequilibrios macroeconómicos de fondo operantes; incluso, algunos de éstos pueden empeorar. Lo relevante para aquél, como se dijo, es mejorar la fachada de la economía y encauzar la transición de cara a las elecciones.
Su arquitectura es visible: sustentarse en el ancla cambiaria de inflación (acentuando probablemente el retraso real), empalmando con pronunciadas tasas de interés (altísimas en dólares, y siendo atendibles en pesos), apostando bajo ese marco a la expansividad fiscal y a cierta mejora de los salarios reales -tratando de fijar aquí algún límite a la presión costista respectiva- para incentivar el consumo y la demanda doméstica en general. La decantación de esto sería el avivamiento de la actividad económica, suponiendo que se tienen divisas -vía la financiación externa ad hoc- para bancar la instancia, sin una gran resignación de reservas.
Si el eslabonamiento en danza funciona, ahora, como se adelantó, toca a la tercera etapa: la fase de la "parusía". Los motores involucrados deberían andar a pleno, proyectándose así una animación de la demanda de determinado porte, con su efecto positivo en términos de actividad. Confirmándose que fuera dicho contexto, la economía gravitaría con un sesgo favorable para el oficialismo, erigiéndose en un "activo" con vistas a los comicios, corriendo con éstos en forma simultánea (yendo más allá, con relación al desafío de la política económica tangible post electoral, tal como diría R. Kipling, "esa es otra historia"). Y la oposición debería buscar cómo neutralizar la impronta descripta.
¿Qué podría matizar o perturbar un cuadro como el aludido? Que la animación económica se imbricara con un fuerte reempinamiento de la inflación. A su vez, si la financiación externa ad hoc se viera en figurillas para completar exigencias y compromisos pendientes, aparecería otro estorbo. Queda otro tópico, no trivial, y que merece un breve comentario particular.
En el correr del 2014, se cimentó afuera y adentro del país, un imaginario colectivo acerca del futuro de la economía nacional -a partir de 2016- sumamente halagüeño. Muy relacionado con el cambio de administración a verificarse a finales de 2015, lo que habilitaba, se aducía, un enfoque básico de superación con relación a la cuestión económica en general. Una tal onda gallarda englobaba a todos los candidatos potenciales más importantes de la época, incluido el gobernador Scioli, aun no formalizado en su espacio. Paradójicamente, una serie de efectos "retroactivos" devenidos de ese imaginario optimista a futuro fueron sagazmente aprovechados por la actual conducción económica para reforzar el plafond de su gestión. En síntesis, los capitales comenzaron "a merodear" y "a prestar atención".
Establecida ya la fórmula electoral definitiva del espacio oficial, pinta como una cuestión sensible la manera en que se combinen en su torno las nociones de continuidad-superación, y sobre cuáles sean las señales, tics y mensajes emitidos al respecto.
Esta es una instancia en la que tallan particularmente los famosos "mercados". Los mercados, efectivamente, no votan, pero, pueden tentar, llegado el caso, una peculiar modalidad de veto. Luego, según el rumbo de sus humores, no pueden descartarse así como así -si aquéllos discurren en dirección harto adversa-, intentos de reflujo de portafolios, presiones cambiarias robustecidas, y otras molestas reacciones por el estilo. Claro: en todo esto importará mucho la manera en que se vaya moldeando la "figura" o imagen del candidato, y el mensaje asociado.
Es verdad que es posible pertrecharse ante este tipo de circunstancias írritas, buscando salvavidas en fuentes alternas de financiamiento, reafirmando las operatorias de corte policial y/o extremando controles y sanciones, usando algunas reservas si cabe, y demás. Pero, si esta clase de acciones ionizaran el ambiente de modo muy generalizado, la plenitud del cuadro propicio para la opción oficialista arriba descripto, correría el riesgo de afearse y de resentirse, lo que podría arrimarle disfuncionalidad a aquélla. Y, quizás, se insinuara un intersticio a ser eventualmente explotado por las fuerzas de oposición.
Aquí un intento de esbozar algunos escenarios, vistos desde el instante presente. Pero, es obvio que la briosa dinámica subyacente, bien puede ponerlo en jaque.




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