25 de abril 2008 - 00:00

Renunció Lousteau. Se adelantó al despido, no le aceptaron un plan contra la inflación (lo reemplaza hoy Carlos Fernández)

Carlos Fernández y Martín Lousteau.
Carlos Fernández y Martín Lousteau.
Aunque abundaban las versiones de cambio, se imaginaba que a Martín Lousteau lo iban a despedir del Ministerio de Economía. Fue al revés. Anoche, él tomó la decisión. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le aceptó la dimisión. Debe haber sido insostenible la continuidad del joven ministro luego que, en las últimas semanas, venía soportando todo tipo de objeciones desde el otro búnker presidencial: el de Puerto Madero. Su salida, por otra parte, también quizás descomprima el pleito con el campo: lo que se pierde por un lado se puede ganar por otro (finalmente, el área de Lousteau instrumentó las retenciones móviles que escandalizaron al sector del agro y le provocaron al gobierno su revés más significativo desde que la pareja Kirchner empezó a gobernar hace 5 años). Igual, Lousteau acumulaba disgustos por un lado -el tropiezo constante y persecutorio de Guillermo Moreno, alimentado por Néstor Kirchner- e insatisfacciones por el otro: nunca obtuvo respuestas en torno a sus observaciones por la inexistente política contra la inflación. Ya este diario, hace meses, divulgó algunos de sus papers cuestionando no sólo las cifras del INDEC, sino también la actuación en áreas que no le corresponden del controvertido secretario de Comercio Interior. "Tranquilo, tranquilo, ya vamos a ver. Estamos trabajando, vamos de a poco. No queremos que se enfríe la economía, despreocupate". Palabras más, palabras menos, ésas fueron excusas constantes a las apelaciones de Lousteau en materia de inflación (por no hablar de otras quejas políticas), la que a juicio del ministro renunciante podría espiralizarse con el avance del año. Mientras, trascendían presuntas exploraciones de Néstor Kirchner sobre Martín Redrado, Carlos Melconian e, inclusive, hasta se hablaba de que le había pedido ideas a Roberto Lavagna. Cierto o no, la verdad es que ese rumoreo no le pasaba inadvertido a Lousteau, quien comenzó a anticiparse a la ejecución. Razonamiento: si me voy, me voy cuando quiero, no cuando me lo impongan. Cuidadoso, sin embargo, mientras le había llevado a Cristina diversas iniciativas de macroeconomía (también algunas micro) que podrían ser arrancadas de un manual básico de cualquier facultad. Un esbozo de ese resumen:
  • subir las tarifas de los servicios, un cambio que, en subsidios, representa 0,4% del PBI y que hasta ahora lo disfrutan los más ricos (y lo gastan, por supuesto, en otros rubros). Ese porcentaje, unos 4.000 millones de pesos, modificaba el exceso de consumo y constituía un ahorro en subsidios para el Estado.
  • Congelamiento de la actividad de Guillermo Moreno al sector de los supermercados, evitando su intervención arbitraria e imprevista en otras áreas privadas y públicas.
  • Aunque no tuviera relación con sus quejas contra el avance inflacionario, Lousteau se habría negado a firmar la OPA (Oferta Pública Inicial de Acciones) de YPF que requiere autorización oficial. No hizo lo mismo con otro proyecto cuestionado: el tren bala.
  • Planteó también una suba de la tasa de interés pasiva, en rigor, una suba de los encajes en cuenta corriente y una baja en los de plazo fijo. Objetivo: estimular el ahorro de la gente. También la necesidad de que el Banco Central esterilizara más en serio la emisión.
  • Replanteo de la tarea del INDEC, volverlo confiable. Aunque no lo decía en público, la falsedad de los índices permitía formar en todos los sectores un criterio de "subjetividad" que, finalmente, le otorgaba un número propio. Y ese número, tal vez, no era el correcto: más bien la economía se ajustaba por lo que se creía que era más de lo que es.
  • Otra manifestación exigida era el mantenimiento del tipo de cambio para evitar presuntos derrapes y tensiones. En ese plano, le divertía escasamente el control del BCRA que se practica actualmente.
  • También demandó un control -curioso que un gobierno que gusta de controles quisiera evitar éste- sobre el gasto público, ya que a su juicio la tendencia sería creciente durante el año y se corría el riesgo de volverlo explosivo. Aunque ésta fuera la base de su batería para justificar la retirada, referida casi en exclusividad al tema inflacionario, también tuvo desacuerdos por la cuestión de la carne y el trigo, desaveniencias por el ONCA. En suma, alguien que nunca vio que lo atendieran en una de las ventanillas del poder, que se esforzó por allanarse al estilo santacruceño, sin demasiadas solidaridades en el resto del gobierno, finalmente convencido de que lo ajusticiarían con una sonrisa. Aunque poco hay para sonreír en la economía actual de la Argentina, y el ministro retirado se adelanta para que no le enrostren -como ayer al sector agropecuario- que él era responsable de un alza imponente de la inflación. Los Kirchner, tal vez, no se sacan un problema con esta renuncia: quedan expuestos por demorar el enfrentamiento de un problema y urgidos para conseguir un reemplazante cuando en verdad lo estaban adiestrando para que les fuera fiel. Anoche, en la residencia de Olivos, demudados, los Kirchner cenaron con Alberto Fernández definiendo la sucesión, que finalmente recayó en el hasta ahora titular de la AFIP, Carlos Fernández.
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