Periodista: Ucrania y los mercados están en llamas. Desde que comenzó la invasión de Putin, quizás haya sido la jornada más dramática fuera del campo de batalla. El gas natural europeo hoy (por ayer) aumentó 34% en un solo día. La crisis de energía (y alimentos) se exacerbó. ¿Qué pasó?
Diálogos de Wall Street
Un embargo de energía a Rusia sin contar con fuentes seguras de reemplazo. ¿Cuál es la lógica, Gekko? ¿Quién piensa las sanciones?
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Gordon Gekko: El ejército ruso bombardea sin piedad Kiev y las principales ciudades. Es una catástrofe humanitaria pero no en Chechenia, Georgia o Siria. Es en el umbral de la Unión Europea. Es una guerra en la puerta de casa. Y los refugiados suman más de un millón y medio. Téngalo presente porque la presión de la opinión pública es un factor importante.
P.: Ya lo vimos con el covid. Una cosa era la epidemia en Wuhan, y otra la sensibilidad cuando diezmó Milán y el norte de Italia. Pero la crisis petrolera que se debía evitar entró ya por la ventana. ¿Cómo fue que se contagió? ¿Falló el “barbijo”, el muro cortafuegos?
G.G.: No fue Putin el que encendió la mecha de la energía y de las materias primas. Rusia no le cortó el suministro de combustibles a Europa. No es la guerra en sí, son las represalias las que motorizan las turbulencias.
P.: Los primeros problemas comenzaron con las sanciones, pero hay un salto cuantitativo notable entre la semana pasada y lo que vemos hoy (por ayer). No es sólo la energía. El níquel, por caso, subió 76%. ¿Qué ocurrió? Porque esto no pasó ni con la desconexión de Swift. De hecho, Gazprom pagó el cupón de sus obligaciones. No se sabe cómo hizo, pero lo abonó.
G.G.: El gatillo está a la vista. El secretario de Estado de EE.UU., Tony Blinken, aseguró el domingo que su país junto con Europa consideraban aplicarle un embargo al petróleo ruso. Nancy Pelosi, la líder demócrata del Senado, ya había manifestado la intención similar de los legisladores. No es la artillería rusa, no es una extorsión de Moscú, esto es fuego amigo, y que alcanza no solo a Rusia sino a un blanco indiscriminado, mucho más amplio. Y que daña mucho a los propios aliados.
P.: Era una solicitud repetida del presidente Zelenksi de Ucrania.
G.G.: Y también de la opinión pública internacional, indignada por la matanza.
P.: Y por no pocos expertos.
G.G.: Seguro. Lo que hay que tener en claro es que no es una ofensiva que inicie Putin sino los aliados. Y yo diría, con precisión, Washington.
P.: ¿Doblegará a Putin? ¿Qué es lo que se espera del embargo?
G.G.: Lo que se podía esperar con seguridad, ya se obtuvo. Los precios de la energía se fueron a las nubes. Jugar con la idea de un bloqueo sin tener a mano fuentes alternativas de energía le pone una prima al petróleo remanente. No se podía esperar otra cosa. Y el contagio a los demás commodities, que son menos relevantes o estratégicos, se produce por añadidura. Sobre la presión que esto ejerce sobre Putin o la estabilidad política rusa esto lo sabrán los servicios de inteligencia. La experiencia de Irán, Corea del Norte o Cuba sugiere que puede ser muy poca.
P.: Europa, parece que no acompaña la idea del embargo.
G.G.: Es que está atada a una dependencia energética de imposible solución aun en el mediano plazo. EE.UU., es diferente, tiene una oferta de petróleo y gas de shale que a estos precios puede entrar en producción con relativa rapidez. Son posiciones muy distintas, y es obvio que asoma aquí un potencial conflicto de interés. Lo que se reparó cuando Alemania canceló la certificación de Nord Stream 2 vuelve a surgir a la luz.
P.: La inflación es muy alta tanto en EE.UU. como en Europa. Y un shock petrolero, y del precio de los commodities, no luce muy beneficioso para nadie. ¿No se tuvo en cuenta? ¿Cómo se van a arreglar los bancos centrales?
G.G.: La prioridad de la Fed es la inflación. La prioridad de la Casa Blanca era la misma, pero la guerra cambió la ecuación de corto plazo para Biden, que hoy remonta en las encuestas. ¿Le redituará más impulsar un embargo, acentuar su liderazgo y congraciarse con el público? Yo lo dudo. Él parecería que no. Pero cuando le llegue la factura a los consumidores, de la gasolina y la calefacción, quizás cambie de opinión. Mañana (por hoy) la Fed recibirá el informe de inflación minorista y no sería raro que trepe a 8% interanual. La suba de tasas es cantada, y si se le suma un shock de oferta adverso, las probabilidades de caer en una recesión trepan sobremanera. No creo que así, en noviembre, ni Biden ni sus legisladores puedan hacer un buen negocio en las urnas.
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