2 de mayo 2005 - 00:00

Salarios: mínimo, cerca del promedio

Salarios: mínimo, cerca del promedio
El salario mínimo argentino está entre los más altos del mundo, medido como parte del costo total laboral, según un estudio realizado por la consultora IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino). Está claro que por la decisión de mantener un dólar alto, los salarios en el país, medidos en moneda norteamericana, son bajos. Pero cuando al haber mínimo hoy en 450 pesos (sumándole las contribuciones patronales) se lo compara con el costo laboral promedio existente, queda al descubierto que llega a 60%. Un nivel exageradamente elevado y que refleja lo alejado que está de la realidad el salario mínimo.

El efecto inmediato que trae aparejada la intención oficial de subir por decreto los salarios en la Argentina es el « ennegrecimiento» del mercado laboral. Empresas, básicamente pymes, con imposibilidad de hacer frente al aumento del costo laboral.

• Datos salientes

A continuación, los datos más importantes del informe de IDESA a cargo de Osvaldo Giordano:

• La experiencia fallida de mejorar la distribución del ingreso a través de sucesivos aumentos en el salario mínimo legal es muy ilustrativa. Según datos de la OECD, del INDEC y del Ministerio de Economía, en los países desarrollados el salario mínimo legal más contribuciones patronales es 41% del costo laboral promedio. En Francia llega a 54% y en Japón, a 32 por ciento.

• En la Argentina, con niveles de productividad más bajos, el salario mínimo legal fue elevado a $ 450. Si a este monto se le agregan las contribuciones patronales, llega a representar 60% del costo laboral promedio de la economía. Esto explica que más de la mitad de los asalariados trabaje «en negro» y perciba una remuneración de $ 390 por mes.

• El alto crecimiento económico de los dos últimos años no garantiza la transformación del Plan Jefas y Jefes de Hogar: no alcanza para sostener tasas de crecimiento del PBI suficientemente altas como para generar oportunidades laborales a sus beneficiarios.

• Sin inversión suficiente, cualquier dispositivo de protección social o de redistribución del ingreso es un mero voluntarismo, como lo demuestra la política del salario mínimo legal en la Argentina. Usar instrumentos que pretendenproteger sin contemplarlos limitantes de contextocomo forzar aumentos de salario por decreto, imponer elevados impuestos al trabajo o establecer procedimientos litigiosos para la cobertura de los accidentes del trabajono sólo no logran el objetivo buscado sino que agregan factores que desalientan la inversión -sobre todo la inversión asociada la generación de puestos de trabajo de calidad- alejando la posibilidad de aumentar el ingreso y mejorarsu distribución.

• La Argentina muestra una alta propensión a confiar en que el desarrollo social puede alcanzarse a través de normas legales con un alto contenido voluntarista, pero la experiencia indica que, más temprano que tarde, las condiciones objetivas de la realidad se sobreponen a los buenos enunciados.

• Esto explicaría el fracasode la política del salario mínimo y puede llevar también a frustrantes resultados en el anunciado rediseño del Plan Jefas y Jefes de Hogar.

• Migrar desde el asistencialismo es conceptualmente correcto, pero como enunciado no constituye una novedad, ya que en la letra del Plan Jefas y Jefes estaba prevista una serie de acciones tendientes a promover la inserción laboral de los beneficiarios, muy similares a las que se están proponiendo.

• El hecho de que esas acciones no se hayan llevado a la práctica demuestra que el principal desafío no es sancionar una norma reformulando su diseño, sino la generación de más de un millón de puestos de trabajo.

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