La incertidumbre económica, la limitada actividad bancaria y la expectativa sobre la paridad de la nueva moneda paralizaron las actividades agropecuarias. El comercio de cereales, agroquímicos, maquinaria agrícola y las ventas directas de ganado en pie sufren un fuerte impacto negativo: no se concretan negocios porque no existen precios como consecuencia de que productores y fábricas no pueden pactar una forma de pago.
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Asimismo, ya existe temor por el desabastecimiento de insumos y de alimentos durante los próximos días mientras los precios ya se mostraban inflacionados, con subas que llegarían a las góndolas.
Sólo los rubros frutihortícolas y los de concentración de carne -que se mueven con pago casi inmediato-lograron mantener el nivel de actividad aunque la falta de clearing durante la última semana afectó más la cadena de pagos.
• Sin granos
En el rubro granos la parálisis es total. Mientras el Mercado a Término de Buenos Aires (MAT) -que cotiza en dólares-ya avisó que no realizará operaciones «hasta nuevo aviso» debido a que «no hay una decisión clara sobre el levantamiento del feriado cambiario», los exportadores de cereales y oleaginosas frenaron sus compras internas porque productores evitan vender («no saben en qué moneda cobrarán», se dice). Lo cierto es que los exportadores de granos tomaron cerca de u$s 1.500 millones en créditos de prefinanciación de exportaciones que, por el problema actual, no podrán cumplir en tiempo y forma.
Mientras existe la certeza de que cada productor se sentará sobre su cosecha hasta que se aclare el panorama económico, los molinos comienzan a inquietarse ante la falta de su insumo principal. Algunas empresas molineras, por caso, ya evalúan el cierre de sus establecimientos la semana próxima si no se reanuda con fluidez la comercialización de trigo. «La gente no sabe cómo y qué se le va a pagar, es lógico que no quieran vender, pero si esta situación sigue así va a haber desabastecimiento porque falta materia prima», decían desde uno de los molinos líderes. • Soja en peligro
Los empresarios rurales argentinos no tienen acceso a los principales fertilizantes y agroquímicos, hecho que podría hacer peligrar la prevista supercosecha de soja. Algunos analistas indicaban que la falta de precio de glifosato impediría su aplicación sobre algunas sojas de primera, situación que afectaría los rendimientos de la oleaginosa. Lo cierto es que un relevamiento entre productores demandantes de productos mostró ayer que algunas compañías distribuidoras de insumos -pagados, naturalmente, en dólares-aumentaron los precios del producto, exigían su pago al contado, decían no contar con lista de precios, o bien, ofrecían la mercadería en pesos pero con un dólar cotizado a valor del mercado marginal.
Las empresas fabricantes de maquinaria agrícola daban también otro matiz a esta problemática generada por el inminente lanzamiento del «Argentino» y por expectativas devaluatorias, que en muchos casos, generaron cierto clima pre inflacionario. De hecho, por compra de tractores se exigía ayer pago contado y en dólares.
Con este escenario, pocas empresas concretaban negocios mientras se esperaban anuncios económicos que destrabaran una situación que no se recordaba desde fines de los '80.
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