La paralización del comercio de granos continúa hasta tanto el gobierno no defina con precisión las normas cambiarias que regulan el ingreso y la liquidación de divisas destinadas a compromisos de prefinanciación y pago de cereales. La Argentina se encuentra hoy con la cadena de pagos rota para el sector agropecuario y sin la existencia de precios de referencia para cereales y oleaginosas.
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Pero, para cerrar un panorama negro que muestra pocas señales de recuperación, al menos desde políticas sectoriales, la Argentina podría perder el mercado de trigo de Brasil, hacia donde se coloca 85% del saldo exportable que -según los años-no disminuye de 7 millones de toneladas de cereal y suele alcanzar los 12 millones, como el año pasado.
Si bien es cierto que en plena cosecha fina (desde principios de enero hasta bien entrado febrero), cuando se recolecta el grueso del trigo argentino, los brasileños comienzan a presionar con la posibilidad de comprar cereal en Estados Unidos y en Canadá, con el fin de impulsar la baja de precios en la Argentina. Pero esta maniobra conocida se superó este año con los problemas argentinos. De hecho, con la paralización del comercio, los molinos brasileños afrontan serias dificultades para acceder al trigo argentino y temen subas en las cotizaciones, aunque anticipadamente las califican de «especulativas». En realidad, la devaluación haría más competitivo el trigo argentino en relación con otros destinos.
Si bien se indica que el trigo argentino comprado por Brasil entre noviembre y diciembre se recibió con normalidad, la mayor preocupación se centra en la imposibilidad de concretar nuevos negocios de compra ante el desconcierto de cómo actuará el gobierno argentino frente a las exportaciones de cereal. Ante esta preocupación, se reactivó el lobby de molineros brasileños para obtener una cláusula transitoria que les permita adquirir trigo extra Mercosur -se supone que desde Estados Unidos sin el pago del arancel diferencial de 13% pactado en el interbloque. Si el pedido no tuvo éxito es porque Fernando Henrique Cardoso sigue apostando al Mercado Común del Sur. Estados Unidos ya tomó nota de la situación y, en Chicago -mercado sanamente especulativo, al fin-, mostró interesantes aumentos con la excusa de ganar un volumen de demanda interesante que podría rondar las 5 millones de toneladas anuales, que, a simple cálculo de un trigo a u$s 120, totalizarían u$s 600 millones. «Eso no nos preocupa, porque, aun con la eliminación del arancel entre Brasil y Estados Unidos, existe una cuestión de flete que es de difícil manejo, especialmente para los Estados del sur de Rio de Janeiro», decía un empresario argentino.
• Molienda incompleta
Los cierto es que en la Argentina no existe trigo para comprar, porque los productores ya vendieron su cosecha o prefieren sentarse sobre ella para pactar el nuevo precio posdevaluación. Con este marco, a los molineros locales les faltará trigo para completar la molienda anual.
«La inexistencia de trigo debería presionar el alza de precio por un lado (cuestión de mercado), y luego el productor debería elegir a quién venderle, si a un molinero o a un exportador. Esa elección dependerá del valor de la moneda y de la confiabilidad que presenten las medidas económicas», indicaba otro empresario rural argentino.
La preocupación de los brasileños le será planteada por Celso Lafer el próximo jueves al ahora canciller argentino, Carlos Ruckauf, cuando se encuentren en Brasil para repasar la agenda del Mercosur.
La preocupación del gobierno al que representa Lafer se extiende también, por estos días, a la caída de hasta 30% en las exportaciones de cerdos a la Argentina y al prácticamente cierre de mercado para los pollos luego de la imposición de medidas antidumping, temas que tratarán de desempolvar.
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