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La clave para ganar una elección descansa en la posibilidad de instalar en la sociedad la consigna de referencia dominante de los comicios ¿Qué es una consigna de referencia dominante? Es un concepto que se transforma en acción concreta de campaña y se logra imponer en el imaginario colectivo de la mayor parte de la sociedad. En síntesis, es la idea fuerza más significativa de una elección que implica, además, incorporar una correcta lectura e interpretación del contexto.
En toda elección a cargos ejecutivos (presidente, gobernadores, intendentes) el núcleo de anclaje de una consigna de referencia dominante se apoya en la percepción de gobernabilidad. Esa es la llave de una campaña exitosa: demostrar la existencia de un proyecto concreto de gobernabilidad. Sin embargo existe un dato de la realidad que no se debe pasar por alto: la percepción de gobernabilidad debe ser contextualizada de manera adecuada. Y justamente es allí donde hay que encontrar otros indicadores que la potencien.
Un rápido repaso de las elecciones presidenciales llevadas a cabo en nuestro país desde el regreso de la democracia en 1983, deja al descubierto la importancia de la economía. Con la sola excepción de 1983, donde el núcleo de anclaje fue el propio retorno de democracia, en un contexto de recuperación de un "bien social" perdido. Luego, desde 1989 a la actualidad, la economía ocupó el centro de la escena del contexto electoral.
Sin excepciones de ninguna índole y con aspectos concretos relacionados con la especificidad de cada etapa que al país le tocó transitar, el peso de la economía fue realmente significativo. Y estas elecciones que se avecinan no son una excepción: los estudios empíricos (tanto a nivel cualitativo como cuantitativo) son elocuentes al respecto. La economía importa y mucho. Hoy por hoy los argentinos prefieren navegar en aguas tranquilas y le escapan a la posibilidad de cambios abruptos. Dicho de otro modo, prefieren transiciones a fines de ciclos. Los recuerdos de la hiperinflación de fines de los ochenta y principios de los noventa y la crisis del contrato social de la convertibilidad han dejado huellas indelebles en los imaginarios; incluso a través de un boca a boca que trasciende lo estrictamente generacional.
La economía, así percibida globalmente, es un concepto sistémico cuyo todo funciona como un dique de contención: en la medida que la gente percibe que la economía está bajo control, se convierte en una neta ventaja competitiva para los oficialismos. Por tal motivo, un dato de la realidad es elocuente: la actual gestión logra al día de hoy una aprobación del 53%. Un excelente posicionamiento (que obviamente incluye a la economía) para enfrentar las elecciones presidenciales.
Una economía sin sobresaltos se convierte en un valor muy significativo que influye de manera notable en la vida cotidiana de la gente, en sus proyectos personales y familiares, en sus perspectivas laborales y en su visión del futuro. Por tal motivo de algo debemos estar muy seguros: la economía también estará presente en el pensamiento de los argentinos a la hora de emitir su voto en las presidenciales de 2015.
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