Cepa ómicron asusta a brokers de mercado

Economía

Una economía robusta -que vuelve a crecer a tasas chinas en el margen- es buen argumento para plantar batalla. Se debe cambiar la guardia, poner al Nasdaq y la tecnología adelante, pero Wall Street se tiene confianza.

La Bolsa dará la pelea, pero a otros precios. Necesita informarse mejor. Lidiar con la variante delta que causa estragos en Europa, y forzó la cuarentena total en Eslovaquia tras el encierro de Austria, era faena suficiente para preocuparse. Una economía robusta -que vuelve a crecer a tasas chinas en el margen- es buen argumento para plantar batalla. Se debe cambiar la guardia, poner al Nasdaq y la tecnología adelante, pero Wall Street se tiene confianza. Si hasta el consumidor, quien se deprime en las encuestas, gasta con soltura. Que la Fed estrene el taper de la compra de bonos, y ya quiera acelerarlo, lejos de ser una amenaza, rinde tributo a su instinto insuperable. Cuando la economía zafó del atasco del tercer trimestre, la Bolsa ya había puesto proa a récords flamantes. Que los pedidos de subsidios de desempleo se hundan a sólo 199 mil, la cifra más baja en medio siglo, le masajea el ego. Nadie lo vio primero. Pero una cosa es pelear con delta y otra con un alfabeto de cepas malignas que se perfeccionan con la experiencia. En Sudáfrica y Botsuana se gestó ómicron, una variedad con notable versatilidad para las mutaciones. Europa hierve de contagios “convencionales” -y en EE.UU. crecieron 25% en un par de semanas- y ahora despunta esta novedad. ¿Cuántos casos se detectaron en el Viejo Continente? Uno solo, en Bélgica (en días serán miles), pero bastó para sembrar el pánico. De las autoridades, que cerraron sus cielos a los vuelos desde Sudáfrica y países vecinos. Y de los mercados, que cancelaron el rally en curso y todas sus funciones.

El miedo no es zonzo. El pánico, las más de las veces, sí. Pero para poder tener miedo hay que saber más. ¿Cuán efectivas son las vacunas existentes? ¿Habrá que rediseñarlas? ¿Cuán letal es la nueva variante? Los laboratorios prometen respuestas en un par de semanas; pero los mercados deben operar ya, en la incertidumbre espesa. No pueden alegar ignorancia. Para sobrevivir, ellos también mutan. La volatilidad implícita del S&P500 saltó 54% para ponerse a tono. Y el nerviosismo es contagioso. Wall Street reculó entre 2,2% y 2,5% (y 3,7% el Russell 2000 y el Transporte). En Europa, la merma fue más cortante: de 3,5% a 5%. Los bonos del Tesoro se habilitaron como refugio. La tasa de diez años -que el miércoles arañó 1,68% después de leer las minutas de la Fed- se zambulló por debajo de 1,50%. No los demanda la banca central, sino los privados. ¿Qué nos espera? ¿Penar con ómicron como con delta? De ahí el castigo a la energía. La factura que recayó sobre el barril de WTI fue un sablazo de 13% (12,3%, la poda a los futuros de gasolina sin plomo). ¿Vuelven las restricciones de movilidad y el imperio de la dinámica sanitaria? Ya se dijo: no hay certezas. Pero la sensibilidad apuntó rápido hacia allí. Es una reacción de trazo grueso; para pulir detalles habrá tiempo. Quien decía que los mercados viven una burbuja, ¿qué pensará ahora? El pánico mata dos pájaros de un tiro. Es una liquidación exprés que con tanto leverage y algoritmos en danza, una vez iniciada tampoco precisa motivos. Nótese su efecto en el mercado de cambios. ¿Arreció la suba del dólar, la tendencia preinstalada? No. Treparon el yen y el franco suizo; también el euro. Se achica exposición, se busca cobertura. Para cancelar posiciones apalancadas se requieren las monedas que (por sus bajos o nulos rendimientos) se usaron para la financiación.

Antecedentes

El bull market actual nació el 23 de marzo de 2020. Una semana antes, el famoso paper del Imperial College (de Neil Ferguson et al) convenció a Trump y Boris Johnson de recurrir al encierro total. El bull no se cohibió. Con la pandemia a sus anchas la Bolsa clavó nuevos máximos absolutos (cuando la vacunación exitosa era un albur). El virus contraataca hoy con una daga refinada. Pero la saga continúa. ¿Cuándo volverá a tronar el “buy the dip”, la voluntad desafiante de comprar en los tropiezos? No asomó el viernes en ningún momento. El S&P 500, a decir verdad, soportó el temporal sin tocar fondo. No puso a prueba el sostén de la media de 50 ruedas, que sí quebró en octubre. En un año espléndido, la corrección más profunda no superó 5%. Y el retroceso está a mitad de camino. Tarde o temprano, según haya más o menos encierro, los toros volverán a embestir. Su convicción es tenaz como el virus. La política económica los estimula (y se abstiene del control antidoping), y así su pujanza siempre encuentra recursos, en el botiquín o en el tránsito de la propia realidad.

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