Diálogos de Wall Street

Economía

Comienza la temporada de balances y Gekko nos da su impresión.

Periodista: El Fondo Monetario Internacional se agrega a la larga lista de instituciones que han rebajado sus proyecciones de crecimiento para 2021.

Gordon Gekko: En efecto, preveían una expansión global de 6% en julio y ahora creen que será de 5,9%. Una precisión envidiable.

P.: Eso tampoco los coloca en el campo de la estanflación...

G.G.: No. Mantuvieron la estimación para el año próximo en 4,9%. Las economías avanzadas sobrepasarán en 0,9% el corredor de la tendencia previa a la pandemia. El mundo, no; y quedará todavía -2,3% por debajo.

P.: Con todo, el escepticismo copó la escena. Asustan las dislocaciones en el funcionamiento de la economía real. Y la inflación que campea.

G.G.: Es el tiempo de tomar examen. Y de ser riguroso con todas las objeciones, que son muchas.

P.: Qué mejor que usar la temporada de balances para interrogar a las compañías de a una en fila...

G.G.: Hay una nueva tirada de números de inflación – minorista, mayorista, precios del comercio exterior – que se difundirá esta semana. Ya vimos las cifras de empleo y de salarios. Las tasas de interés no aflojan el trazo alcista de su comportamiento reciente. Tenemos noticias de China – pocas específicas de Evergrande, y confusas, porque la firma se sumergió en la nebulosa que vaticinamos – pero existe un estrés evidente en el mercado de bonos corporativos de baja calidad allí. Hay de todo como en botica.

P.: Y los mercados tienen la palabra.

G.G.: Nos guste o no son el árbitro final. Y con sus defectos, el mejor.

P.: La Bolsa perdió la audacia de ir a la caza incesante de los récords. Que quede claro: recalcula. Pero la corrección anunciada, la que todo el mundo vio con suma perspicacia, no se termina de desplegar.

G.G.: Tiempo tiene. Y es su turno. Mueven los bears, los que tienen una visión adversa aunque sea táctica, oportunista o de muy corto plazo.

P.: Y no han hecho tanto daño.

G.G.: Todavía no. Conste que acá no hay una conspiración de silencio. La data es pública. Y no escasean los argumentos negativos de peso.

P.: ¿Será que nadie está tan convencido de lo que afirma?

G.G.: Eso es lo informativo de los mercados. La estanflación está metida en todos los titulares, y en cada comentario. Pero, por alguna razón, no está metida en precios.

P.: Quizás la visión de fondo de los inversores remeda la que tiene el Fondo. Conviene enrollar las proyecciones de corto plazo, pero, a la larga, los cuellos de botella se van a remediar, y la dirección continuará positiva.

G.G.: No es lo que dicen quienes están preocupados en serio por una estanflación. No todos piensan que la inflación es transitoria, muchos sostienen que se abrió una caja de Pandora y devolver el monstruo a su interior no será nada fácil. Y el listado de problemas estructurales que esgrimen, que no se arreglan con políticas de demanda agregada, es más severo que el que señala el Fondo. O más incierta su resolución.

P.: Entonces, se los escucha mucho, pero les falta convicción o predicamento.

G.G.: Veremos. La ventana para una corrección plena, como Dios manda, está abierta. Hasta ahora lo que hizo daño fue la debilidad de Biden después de la retirada en Afganistán que es lo que anida detrás de los problemas con el techo de la deuda pública, el límite para aumentar el gasto y el plan de infraestructura. No obstante, los balances echarán más luz sobre el impacto micro de los problemas económicos, de actividad y de inflación.

P.: ¿Qué cabe esperar?

G.G.: Si la Bolsa resiste es porque cree que la proyección de un crecimiento interanual de 27% de las ganancias por acción de las compañías del S&P500 va a cumplirse. No sólo eso, la idea tácita del consenso es que aumentarán 30% o más. Si de veras los mercados necesitan quitarse las dudas, no bastará con que la Bolsa responda a satisfacción el programa previsto. Indagarán sobre el futuro. Hoy no ocurre ninguna estanflación, pero, ¿hacia delante? La orientación que den las empresas -“guidance”- será la clave. En principio, quien no dé la talla será guillotinado. Claro que si emerge algún patrón que no se limite a una compañía aislada, que confirme los temores y permita inferir una vulnerabilidad macro, ahí es donde la Bolsa tendrá que soportar el chubasco. Contrario sensu, lo que no mata fortalece. Eso sí con tasas largas en alza y tanta incertidumbre la Bolsa no va a subir porque aumenten los múltiplos de precio/ganancias, tendrá que ganarse el pan por la vía de la rentabilidad.

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