29 de diciembre 2021 - 00:00

Diálogos de Wall Street

¿Qué nos augura el rally de Santa Claus, Gordon Gekko?

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Pixabay

Periodista: Las preocupaciones vienen y van. Llámese taper, inflación, delta, ómicron. El mercado alcista queda. El S&P 500 le apunta al récord número 70 en el año. El Dow Jones, encaramado por encima de los 36 mil puntos, merodea el suyo. Los toros mandan, y una vez más, como dice el refrán, se abrieron paso escalando una muralla de inquietudes.

Gordon Gekko: Y todavía las preocupaciones persisten. Ómicron es menos letal que delta, y la desplaza porque es más contagiosa. Todo Wall Street lo sabe, aunque la ciencia lo discute. La Bolsa ya tomó partido, sea así o no, y avanza muy rápido por esos atajos.

P.: Basta comparar las estadísticas de nuevos casos con las de fallecidos para darse cuenta.

G.G.: Sí, no es una presunción caprichosa, está basada en la observación empírica. Pero por alguna razón -que la Bolsa no precisa- la ciencia sigue revisando el tema.

P.: Pasamos de la sobreventa a la sobrecompra en una exhalación.

G.G.: Típico de fin de año.

P.: ¿La tendencia alcista se prolongará en el inicio de 2022?

G.G.: Es la navaja de Occam, lo más sencillo, que la inercia instalada se imponga. Lo difícil era saltar el cerco hostil de los bancos centrales y el covid, las dos oleadas que se solaparon y nublaron la visión en la segunda mitad de noviembre. Ni la pandemia se acabó ni el estímulo va a durar por siempre. Ya lo sabemos, costó un poco digerirlo, y hay muchos cabos sueltos, pero viva la vida.

P.: Usted planteó el peligro de la convivencia entre ómicron y la estrategia de covid cero que persigue China. Beijing cerró la ciudad de Xian, que tiene 13 millones de habitantes, por un brote que acumula 180 casos. Y aplicó un candado hermético, la cerró por completo.

G.G.: La población está aislada como los soldados de terracota.

P.: Sin embargo nadie se espanta. ¿No habrá consecuencias adversas? China es la mayor fábrica del mundo, después de todo.

G.G.: Vamos rumbo a una desaceleración fuerte en el primer trimestre. Y que no vuelvan a bloquearse los puertos chinos o a limitarse la producción de insumos claves.

P.: Sin embargo, la Bolsa no pierde el sueño, no esta vez.

G.G.: No hay peor ciego que el que no quiere ver. La factura -que hoy es incierta, y puede escalar mucho- va a llegar de todos modos. En este momento no importa. Alcanza con la voluntad de EE.UU. de mantener la economía abierta, funcionando lo más a pleno posible, e inclusive con la reducción de restricciones sanitarias, como las cuarentenas de los infectados o contactos estrechos, para juzgar el vaso medio lleno, y que impere una visión positiva. Pero no se puede tapar el sol con la mano. Si la situación se agrava, nos obligará a prestarle atención.

P.: ¿Cómo leer el hecho de que los grandes índices establecen récord tras récord, pero la mayoría de los papeles que los integren hayan tenido caídas muy fuertes y estén bastante lejos de sus máximos?

G.G.: Es muy claro que no conviene sacar los pies del plato. No es imposible superar a los índices, pero es muy fácil pisar alguna mina con los papeles individuales en la cartera, y luego remar esa merma es agotador. Soplaron vientos muy cambiantes sobre los empresas y sectores. Este año no fue tanto una pulseada entre valor y crecimiento; las acciones grandes marcaron la diferencia.

P.: ¿Por qué cree que el giro de los bancos centrales hacia una posición más dura, y recelosa contra la inflación, no dañó a la Bolsa?

G.G.: Primero, la comunicación hace de colchón. La Fed nos señala con tiempo los obstáculos. Nadie se asusta, porque no corre deprisa ni por delante de los acontecimientos. Segundo, el andar de la economía es brioso, los balances prometen una rentabilidad atractiva; y la moderación de la macro, dada la micro, es muy conveniente. Tercero, la experiencia enseña que la primera suba de tasas no es la vencida

P.: Hace 39 años que no lidiábamos con una inflación tan alta. Y el cántaro tendrá que ir muchas veces a la fuente.

G.G.: Nadie confunde a Powell con Volcker. Es fundamental que no lo haga el mercado de bonos, que entonces rendía 15%. Powell ya tuvo su prueba de fuego entre 2015 y 2018, y se chamuscó mal cuando apuró el paso a fines de 2018. Irá con cuidado, y los futuros ya masticaron sus dos primeros movimientos. Si la inflación se prueba recalcitrante, ahí sí, volveremos a hablar porque la Bolsa lo va a sentir.

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