Wall Street y la vigencia del mercado bull: ¿qué hay detrás?

Economía

Que hablen las cifras. El índice S&P 500 escaló 26,9% en 2021. Con dividendos, su retorno superó 28%. El mercado bull, desde que nació el 23 de marzo de 2020, duplicó su valor. Y si se toma el mes que duró el mercado bear como una aberración que no causaron los osos sino un virus, Wall Street despliega un alza tenaz desde marzo de 2009 (luego de sufrir una caída de 56% con la debacle de Lehman Brothers) que multiplicó sus cotizaciones por siete. La pregunta inevitable: ¿es una burbuja? Sin dudas es un comportamiento exuberante. Sólo en 2021, consagró 70 récords flamantes. ¿Es la otra cara de la política monetaria de tasa cero?

Vale la digresión: días atrás se cumplieron 32 años del récord del índice Nikkei del último día hábil de 1989. Japón, desde entonces, duplicó varias veces la cantidad de dinero, recaló en las tasas cero y los planes fiscales de estímulo, inventó la expansión cuantitativa (QE) en 2001, su banco central ostenta la mayor hoja de balance (en proporción al PBI), invierte en acciones, y, sin embargo, nada. Apenas consiguió darle lustre al precepto clásico de que la política monetaria no tiene efectos reales en el largo plazo. Se dirá que Japón es excepcional, muy idiosincrático, y es cierto. Tampoco consigue fabricar una inflación de 2%.

Burbujas hay. El mundo de las criptomonedas las crea de todos los colores. Las infla, las destruye y las sopla de nuevo a la vista de un público embelesado. Todos quieren participar de la magia rediviva de los ferrocarriles del siglo XIX cuando en su época de oro las vías de hierro corrían frenéticas en trazos paralelos. Así son las obsesiones del capitalismo. No cejará sin descubrir hasta dónde nos lleva una idea que cree revolucionaria. No le van a faltar capital ni pioneros, y menos a tasa cero. Pero, la Bolsa es un animal distinto. Un paquidermo regulado. Sus atributos son mensurables. Bitcoin no presenta balances. Facebook y Google (ahora Meta y Alphabet), sí y cada tres meses.

Desde ya, ello no impide las burbujas; es que la Bolsa también mira hacia delante. ¿Qué se podía pensar en abril 2020 cuando EE.UU. destruyó 20,5 millones de empleos y las acciones avanzaron 30%? ¿Y en agosto 2020, cuando barrieron con los máximos anteriores a la pandemia? Era la Gran Desconexión, pero la fiebre financiera se probó luego un certero anticipo de la realidad. La recesión murió ese abril, la economía se recuperó como un rayo (y en junio 2021 superó el umbral previo a la enfermedad). Las vacunas, aprobadas desde noviembre 2020, fueron eficaces frente al covid y sus variantes.

Además, burbuja o no, la efervescencia bursátil decae. Los precios se ciñen más a la realidad. Los índices brillan, la procesión va por dentro. La acción promedio del S&P500 cotiza 10% debajo de su máximo anual. Un tercio, debajo de su media de 200 ruedas. Un mal balance es la guillotina en el acto. Rige una disciplina, no la suba indiscriminada. La Bolsa respeta a rajatabla un “techo” que se redujo en 2021. Su valuación –la relación entre las cotizaciones y las ganancias esperadas para los próximos 12 meses– ya no supera un múltiplo de 22. La Bolsa estampa récords pero sube pari passu con la rentabilidad esperada sin violar esa frontera no escrita. Desde ya, el múltiplo es alto, y una valuación excesiva podría corregirse por la vía de su compresión.

Allí tallan las tasas de interés, y hasta el año pasado la desinflación que gestó Paul Volcker desde 1982. Esa alineación se rompió: la inflación triplica la meta oficial pero toda la curva de bonos se preserva por debajo de 2%. Si hay una burbuja anida ahí. Si existe un error grosero de valuación comienza con las tasas libres de riesgo. Y se refleja en una montaña de crédito –público y privado– que lleva décadas de acumulación sin trauma pero sin límite, entre otras razones, por las buenas razones de la estabilidad macroeconómica: crecimiento y baja inflación. El déficit del Tesoro sumó 27 puntos del PBI en dos años y lo hizo en paz. S

alvo la inflación indócil. La FED ya avisó que la devolverá al redil. Le urge. Subirá las tasas, quizás tan pronto como en marzo. La Bolsa, la experiencia dice, resistirá los primeros perdigones. De haber problemas vendrán después. En ese sentido, 2021 no concluyó, dejó un legado en controversia. La banca central debe ordenar lo que la política económica desacomodó, pero sin que se desmorone la estantería, mercado bull incluido.

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