Caída de las ventas, suspensiones y cesantías de personal, rumores de salida del país de empresas autopartistas y terminales. En la industria automotriz esto ocurre a un año del récord de ventas y de plantearse el plan “Un millón”, con esa meta de producción para 2023. Ahora, la realidad muestra que para 2019 se proyecta una producción de 500 mil unidades (algunos dicen 400 mil, con suerte), y ventas, en su versión optimista, de 600 mil unidades
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¿Qué pasó? Quizás debemos mirar qué fue euforia, qué realidad y qué cuestiones podrían definir el futuro del sector en la Argentina.
Las ventas en 2017 (901 mil unidades) y los primeros meses de 2018 auguraban que se superaría el récord existente de 2013 (956 mil unidades) y se alcanzaría la cifra mágica del millón de autos. En ese lapso hubo un combo que potenció la demanda: retraso cambiario, menor relación precio vehículos/salarios en décadas; disponibilidad de crédito; optimismo consumidor; liquidación de vehículos brasileños por caída de la demanda en ese país.
La producción oscilaba en 470 mil unidades y el producto importado tenía cada vez una mayor parte del mercado: lo más negativo para el modelo argentino era que las exportaciones no despegaban de las 200 mil unidades, generando un déficit comercial enorme.
Se festejó el aumento de la demanda y no se prestó atención a lo que estaba ocurriendo con la producción, sobre todo en el marco de un modelo de negocios que ha ido adoptando gran parte de la industria con especialización exportadora y por lo tanto absolutamente dependiente de su competitividad.
Mirando el mercado desde mediados de 2018 y lo que va del 2019 se puede ver el cambio de signo de los factores que impulsaron la demanda: aumento del tipo de cambio nominal, aumento de los precios de los vehículos y su mantenimiento (la relación auto/salario pasó de 10,6 en marzo de 2018 a 15,5 en enero de 2019), una política comercial que opera mediante descuentos y por lo tanto desalienta al segmento de planes de ahorro, tasas de interés prohibitivas para el financiamiento (crédito y leasing); pesimismo de los consumidores, reducción del ingreso disponible por caída del salario real. Desde el punto de vista de la producción, poco se puede esperar del mercado local, no sólo por los factores expuestos sino porque aproximadamente cubre sólo un cuarto de la demanda y el resto se exporta.
La variación del tipo de cambio, contrariamente a lo que ocurre con otros sectores, tiene un impacto menor sobre la competitividad ya que mayoritariamente los precios de los insumos y componentes están dolarizados o son importados. Pero en esto hay algo que empeora la situación, la modificación de derechos y reintegros hizo que el tipo de cambio de exportación aumentara menos que el tipo de cambio de importación, que impacta sobre los costos. Por lo que unos cuantos perdieron competitividad después de la devaluación. Para el caso de los autopartistas, el uso de la Aduana Factoría agigantó ese desbalance.
Hoy la demanda quiere novedad de producto y en el último ciclo de inversiones nuestro país tuvo pocas y los nuevos productos no siempre fueron bien recibidos por la demanda regional.
Actualmente los pocos proyectos en camino en Argentina se están postergando o tienen fecha de inicio a partir de 2020/2021. Analizar qué se está exportando y qué se vende en el mercado local es un buen indicador de esta situación. Hoy hay una sola empresa que está trabajando más o menos a escala internacional, de las 12 radicadas.
La sustentabilidad del modelo industrial está amenazada por un mercado interno deprimido, el aumento de la presión impositiva en todos los niveles, el costo del financiamiento y por la poca capacidad de atraer inversiones.
A la principal señal preocupante, que era el déficit comercial sistemático y la debilidad de las inversiones, hay que agregar dudas sobre la permanencia de terminales en la región por la sucesión de quebrantos y empresas que abandonan la producción de automóviles y arrastran a sus proveedores locales.
En lo global, la industria está pasando de fabricar autos a gestionar movilidad, del combustible líquido a la electricidad, Brasil no pasa por su mejor momento y la región no está bien vista. Hay un problema de oferta competitiva y de inviabilidad de un modelo industrial trabajando al 25% de su capacidad. O menos. Difícil que las cosas se arreglen solas y todo siga su marcha.
* Especializado en política industrial
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