El sábado pasado Ama Amoedo inauguró Estrella quieta, su tercera muestra individual en Ungallery, en pleno barrio de La Boca. El glamoroso estilo de sus obras perdura en la nueva exhibición. No obstante, durante el recorrido, se vuelve realmente explícita la aspiración de relacionar el arte con las derivas de los sentidos, los sueños y deseos, el amor y las ilusiones; las pasiones y los sentimientos mayormente afirmativos que vuelven grata la vida.
El arte como manera de poner el espíritu en libertad
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Al ingresar al inmenso salón de la galería se levantan, como pilas bautismales en un templo, cuatro pedestales de cemento que contienen esculturas realizadas con piedras semipreciosas -jade rojo, cuarzo, pirita y cuarzo rosa- junto a cuatro bloques de perfume sólido con distintos aromas que despiertan diversas sensaciones. Mi arte es esperarte, es el título de la obra, escrito con letra cursiva sobre las bases.
Amoedo despliega un arte que se afirma en el placer sensorial, aunque, según sus propias palabras, cumple otra función. Cuenta que la multiplicidad de sonidos de la vida diaria, en gran medida la resguarda, como un manto protector. El mundo suena, decía Kandinsky. Y allí, en la muestra Estrella quieta, se cruzan los sonidos de la lluvia o el viento que atraviesa los árboles con los de electrodomésticos y las máquinas, o los que provocan los roces entre las propias cosas. En la pieza sonora Lunática, la frecuencia de colores se combina con registros de audio de papeles de caramelo y también alguna melodía. Los colores tienen una importancia crucial en las emociones y se corresponden con el sonido. “El ruido de color aparece como un eje que organiza formalmente la muestra: rosa, gris, blanco y rojo”, anuncia el curador. Y para Amoedo, dicha existencia tiene un efecto tranquilizador.
Entretanto, con 150 piedras de cuarzo y otros tantos clavos, la artista creó Un cielo y llenó de estrellas la galería. Luego, el video Temporada de eclipses, se suma a los trabajos anteriores de Amoedo en esta disciplina , pero esta vez contrató bailarinas que hablan del cuerpo. Las ocho carameleras dispuestas sobre una luna gris de cristal, remiten a lo doméstico.
La imagen de la instalación Desvelos, transmite un clima de fin de fiesta: sobre una serie de sillas agrupadas, hay un vestido principesco.
Nada ni nadie es ajeno a la penosa realidad de la Argentina actual. Pero nunca estuvo tan presente la necesidad de vivir experiencias estéticas placenteras. La muestra recuerda la llamada “visión epifánica”, o el momento en que las cosas se muestran bajo una luz diferente, fenómeno que describe el genial Walter Pater. “Mientras todo se hunde bajo nuestros pies, bien podemos intentar aferrar alguna pasión exquisita, alguna contribución al conocimiento que al despejarse el horizonte parezca poner el espíritu en libertad un momento, o cualquier excitación de los sentidos, extraños tintes, extraños colores y olores curiosos, u obra de la mano del artista, o el rostro de la persona amiga”.
El vestido está realizado con brillantes papeles de envolver caramelos. Y su presencia cobra sentido si se recuerda el caballo de calesita que Amoedo presentó hace alrededor de 20 años cubierto de caramelos. La coincidencia con el pasado demuestra la permanencia de una misma sensibilidad estética.
El curador Antonio Villa con su formación teatral aporta lo suyo, trabajó junto a la artista durante el tiempo de producción de las obras. El texto, una carta dirigida a Mi extraviada, revela un grado de intimidad que él mismo explica, cuando dice: “El proceso entre nosotros fue muy íntimo también”. “La copa de los árboles bisbisea mientras la tormenta se organiza. Me encuentro así escribiendo esta carta, bajo el chapón gris que es el cielo ahora y este papel que podría volarse, pero no: porque entre esa tormenta y yo hay una distancia prudente. Porque al papel lo sujeta una piedra”, se lee en la carta. Como se sabe, la poesía y el arte suelen ser metafóricos.
Los amigos de Amoedo, mayormente artistas, colmaron las grandes salas de Ungallery y celebraron la muestra. Es obvio que los artistas tienen más desarrollada la capacidad para valorar el arte. Goethe lo explicaba de este modo: “Todo gran artista nos arrebata y nos contagia, despertando toda la capacidad creativa que haya en nosotros; y como ya tenemos una idea de grandeza y ciertas aptitudes para ella, nos imaginamos fácilmente que el germen lo llevamos dentro”.
La fidelidad de Amoedo con sus pares de las décadas del 80 y 90, incidió en la formación de un gusto muy definido. Se habló entonces del doble papel que cumple Ama, como le dicen sus amigos, una artista que exhibe su madurez y años de trayectoria. Como vicepresidente del Museo Amalia Lacroze de Fortabat que heredó de su abuela, cumple de modo responsable con su labor de operadora cultural. La estrella de este año fue la memorable muestra Emilia, curada por Rafael Cippolini. Además Amoedo ha presentado muestras de primer nivel de los años 80, como las de, entre otras, Santiago García Sáenz, Juan José Cambre y Marcia Schvartz. Con su empeño rescató del olvido a gran parte de los artistas de la década de los 90 en muestras colectivas como la que presentó en 2022 el curador Francisco Lemus y les dedicó exhibiciones exhaustivas a Marcelo Pombo, Benito Laren y Omar Schiliro. Si bien Amoedo está radicada actualmente en Uruguay, no elude la responsabilidad de preservar un patrimonio rico en grandes obras maestras y mantener vivo el Museo.




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