El hidrógeno verde atraviesa en España una etapa de maduración. Tras el entusiasmo inicial que lo colocó como uno de los grandes pilares de la transición energética europea, hoy el sector empieza a bajar las expectativas y poner los pies en la tierra, con plazos más largos y obstáculos regulatorios que ralentizan su despliegue.
España enfría la euforia del hidrógeno verde y apuesta a un desarrollo más realista
Industriales de España aseguran que el hidrógeno verde “vino para quedarse”, pero admiten que el sector dejó atrás la euforia inicial y enfrenta demoras regulatorias y de inversión. Andalucía se posiciona como polo clave, mientras avanzan proyectos millonarios como el de Hyren en Huelva.
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El hidrógeno verde sigue siendo clave para descarbonizar la industria pesada, pero en España su despliegue será más gradual de lo que se imaginó.
Así lo resumió Jorge Paradela, consejero andaluz de Industria, durante una jornada sobre gases verdes en la industria organizada por la Asociación de Grandes Industrias (AGI) del Campo de Gibraltar. “Es una industria que ha venido para quedarse, pero ha pasado de un momento de euforia a otro de pies en el suelo”, afirmó, al reconocer que los tiempos de desarrollo “no están siendo tan rápidos como esperábamos hace unos años”.
Paradela vinculó esta desaceleración tanto al contexto internacional como a decisiones internas. Señaló que la geopolítica volvió a poner a la energía en el centro de la escena, pero cuestionó que las expectativas sobre nuevas tecnologías hayan sido “erróneamente modelizadas por economistas”.
En particular, apuntó contra el Gobierno español, al que responsabilizó por no haber realizado la transposición de la directiva europea conocida como Red 3, clave -según su visión- para que emerjan los proyectos de hidrógeno.
El contraste, dijo, es Francia. “Ha establecido que el 1% del combustible para el transporte en 2030 debe ser derivado del hidrógeno y que el 40% del combustible usado en la industria tenga ese origen”, explicó. Esa señal regulatoria, sostuvo, genera demanda y acelera inversiones, algo que hoy no ocurre en España.
Andalucía, polo estratégico
Más allá de las críticas, Paradela destacó el rol de Andalucía como centro neurálgico del hidrógeno verde en el sur de Europa. Señaló que el proyecto de Moeve en Huelva y el Campo de Gibraltar es el más avanzado de la región y reiteró que no existe “mejor lugar para producir hidrógeno verde” que el sur español, por sus condiciones naturales y su infraestructura energética.
También se refirió a dos temas sensibles. Por un lado, el cierre de la central térmica de Los Barrios, en Cádiz, sin que se haya concretado el proyecto de hidrógeno verde asociado. En ese punto, aseguró que la Junta de Andalucía sigue el caso de cerca y confía en que EDP no cancele, sino que retrase sus planes.
Por otro, mencionó el pedido conjunto de la Junta y Enagás para incluir el ramal de Algeciras en la red europea de hidroductos, con la expectativa de que en 2026 vuelva a solicitarse su declaración como proyecto de interés común europeo.
Inversiones que avanzan
En paralelo a este debate, algunos proyectos siguen su curso. Uno de los más relevantes es el de Hyren Almonte, que planea invertir más de 345 millones de euros en una planta de hidrógeno verde en Almonte, Huelva. La iniciativa prevé una capacidad de 72,5 MW en su primera fase, con una producción estimada de 9.134 toneladas anuales, y una ampliación posterior hasta 280 MW, que elevaría la producción a 42.331 toneladas por año.
El proyecto, que ya ingresó en fase de información pública ambiental, utilizará electrólisis a partir de agua tratada de la EDAR local e incluye infraestructura asociada como tuberías de agua, colectores, líneas eléctricas y un hidroducto para el transporte del hidrógeno producido. Según la empresa, el objetivo es contribuir a la descarbonización energética y al desarrollo económico regional.
De la promesa al realismo
El mensaje que dejó la jornada fue claro: el hidrógeno verde sigue siendo clave para descarbonizar la industria pesada, pero su despliegue será más gradual de lo que se imaginó.
Para países productores de energía como Argentina, el caso español ofrece una señal de alerta y aprendizaje: sin marcos regulatorios claros, demanda asegurada y coordinación público-privada, la transición energética puede chocar con la realidad de los tiempos y las inversiones.
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