6 de enero 2026 - 07:00

La nueva carrera espacial: energía de fusión e inteligencia artificial general

Para países como Argentina, el camino realista no es competir con las grandes potencias, sino integrarse estratégicamente.

La energía de fusión y la Inteligencia Artificial General ya no son promesas lejanas. En conjunto, representan un cambio de paradigma capaz de redefinir cómo producimos energía, desarrollamos inteligencia y organizamos nuestras sociedades.

La energía de fusión y la Inteligencia Artificial General ya no son promesas lejanas. En conjunto, representan un cambio de paradigma capaz de redefinir cómo producimos energía, desarrollamos inteligencia y organizamos nuestras sociedades.

Una nueva carrera global está en marcha. Ya no se trata de llegar a la Luna o a Marte, sino de alcanzar la supremacía tecnológica aquí en la Tierra. En el centro de esta competencia se encuentran dos avances profundamente interconectados: la energía de fusión y la Inteligencia Artificial General (IAG). Juntas, prometen transformar la economía, la geopolítica y la vida cotidiana con una profundidad comparable a la de las grandes revoluciones tecnológicas de la historia moderna.

La IAG se refiere a sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender, razonar y planificar con flexibilidad y autonomía comparables -o incluso superiores- a las de un ser humano. Sin embargo, su desarrollo enfrenta un cuello de botella crítico: la energía. A medida que los modelos de IA crecen de forma exponencial en tamaño y capacidad, la disponibilidad energética se ha convertido en la principal limitación. Como señaló con claridad Jensen Huang, CEO de NVIDIA: “El futuro de la IA no está limitado por el silicio, sino por la energía”. En este sentido, la energía de fusión -la fuente limpia, abundante y prácticamente ilimitada que alimenta a las estrellas- aparece como la pieza clave para sostener el futuro impulsado por la IA.

Fusión: del sueño científico a la realidad industrial

La energía de fusión replica el proceso que ocurre en el Sol, donde núcleos de hidrógeno se fusionan para formar helio, liberando enormes cantidades de energía a partir de una pequeña cantidad de masa, tal como lo describe la ecuación de Einstein, E = mc². Durante décadas, la fusión fue considerada una promesa siempre lejana. Alcanzar las temperaturas extremas, la eficiencia de reacción y el confinamiento del plasma necesarios parecía casi imposible.

Ese escepticismo hoy se desvanece rápidamente. En los últimos años, los tres grandes desafíos históricos de la fusión -temperatura, confinamiento y ganancia neta de energía- han sido superados. Estados Unidos, Europa y China han alcanzado hitos sin precedentes, con temperaturas superiores a los 150 millones de grados Celsius y confinamiento exitoso del plasma tanto mediante tecnologías inerciales basadas en láseres como a través del confinamiento magnético en reactores tipo tokamak. La fusión ha dejado de ser solo investigación básica para convertirse en una tecnología con un futuro industrial y comercial concreto.

La mayoría de los expertos considera que el confinamiento magnético en tokamaks es la vía más viable para el despliegue a gran escala, gracias a su escalabilidad, modularidad y capacidad de operación casi continua. Europa proyecta su reactor DEMO para inyectar electricidad a la red en la década de 2040, mientras que empresas privadas en Estados Unidos y Europa apuntan a plantas piloto en los años 2030, lo que podría acelerar aún más los plazos.

La promesa es extraordinaria: una energía abundante, segura, libre de carbono y sin los residuos radiactivos de larga vida asociados a la fisión nuclear. Lo que durante décadas fue ciencia ficción comienza a perfilarse como la base de los sistemas energéticos del futuro.

China, Estados Unidos… y Europa

La energía de fusión y la IAG se han convertido en pilares centrales de la estrategia geopolítica global. Estados Unidos ha encuadrado sus esfuerzos en iniciativas comparables a un “Proyecto Manhattan de la Ciencia”, mientras que China ha elevado la fusión a un componente clave de su planificación tecnológica de largo plazo. Europa, por su parte, lidera el enfoque de cooperación internacional a través de proyectos como ITER, el mayor experimento de fusión del mundo, con sede en Francia.

Proyecto Manhattan EEUU
A partir del bombardeo japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos canalizó 2.000 millones de dólares de la época para construir lo que se dio en llamar el

A partir del bombardeo japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos canalizó 2.000 millones de dólares de la época para construir lo que se dio en llamar el "Proyecto Manhattan".

Al mismo tiempo, el sector privado ha irrumpido con fuerza en este campo. Más de 15.000 millones de dólares de capital de riesgo han sido invertidos en empresas de fusión, marcando una diferencia fundamental respecto de las tecnologías nucleares del pasado, dominadas casi exclusivamente por el Estado.

Energía, IA y el shock de demanda que se aproxima

La relación entre energía e inteligencia artificial es hoy ineludible. Incluso las primeras aplicaciones de IA ya consumían mucha más electricidad que los servicios digitales tradicionales. Los modelos generativos de última generación requieren órdenes de magnitud mayores de energía, no solo para cada consulta, sino también para su entrenamiento, los centros de datos y nuevas aplicaciones como la generación de imágenes, música y video.

Con más de cinco mil millones de usuarios de internet en el mundo, una adopción masiva de estas tecnologías podría provocar un salto cuantitativo radical en la demanda energética global, que se sumaría a las exigencias ya enormes de la transición hacia energías limpias. China parece haber comprendido esta dinámica antes que otros países, instalando en 2024 casi diez veces más capacidad de generación eléctrica que Estados Unidos.

La oportunidad estratégica de Argentina

En este contexto, Argentina vuelve a adquirir relevancia geopolítica gracias a sus recursos naturales. El país posee un alto potencial en Tierras Raras pesadas, insumos críticos para los superconductores de alta temperatura. Estos materiales son esenciales para el confinamiento magnético del plasma en reactores de fusión, así como para la computación cuántica, que podría potenciar la inteligencia artificial a un nuevo nivel, y la Defensa.

El litio, otro recurso estratégico argentino, también es indispensable para la fusión nuclear. El isótopo Litio-6 se utiliza para producir y regenerar tritio, uno de los combustibles clave de la fusión. Aunque las plantas de fusión requerirán volúmenes de litio mucho menores que las baterías, su disponibilidad sigue siendo crítica, y Argentina cuenta con ventajas comparativas claras.

isótopo Litio-6
El isótopo Litio-6 se utiliza para producir y regenerar tritio, uno de los combustibles clave de la fusión.

El isótopo Litio-6 se utiliza para producir y regenerar tritio, uno de los combustibles clave de la fusión.

Sin embargo, el país no dispone hoy de un programa experimental de fusión ni participa en ITER. Sus fortalezas se concentran en la energía nuclear de fisión, la producción de radioisótopos y la ingeniería nuclear avanzada, fruto de un entramado institucional sólido desarrollado a lo largo de décadas. Brasil, en cambio, cuenta con varios tokamaks experimentales, lo que le otorga una ventaja relativa en investigación en fusión dentro de la región.

¿Cooperación o competencia?

La energía de fusión se encuentra en un punto de inflexión. Como advirtió recientemente Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, existe el riesgo de que la fusión pase de una fase cooperativa a una etapa de competencia geoestratégica.

Para países como Argentina, el camino realista no es competir con las grandes potencias, sino integrarse estratégicamente. A través de la cooperación internacional -en particular con la Unión Europea y eventualmente en asociación con Brasil- Argentina podría incorporarse al ecosistema emergente de la fusión. La colaboración científica, el codesarrollo de materiales avanzados, la participación en cadenas de suministro y la transferencia tecnológica son vías concretas que podrían articularse, por ejemplo, mediante una ampliación estratégica del acuerdo Unión Europea–Mercosur.

Un momento decisivo

La energía de fusión y la Inteligencia Artificial General ya no son promesas lejanas. En conjunto, representan un cambio de paradigma capaz de redefinir cómo producimos energía, desarrollamos inteligencia y organizamos nuestras sociedades.

Argentina llega tarde a esta carrera, como en otras áreas estratégicas, pero no está fuera de juego. Con visión, planificación y cooperación internacional, aún puede desempeñar un papel relevante en una de las transformaciones tecnológicas más trascendentes del siglo XXI.

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