A esta fábula le falta sustancia

Espectáculos

La protagonista de esta comedia es una anciana luminosa, capaz de navegar entre el humor y la poesía sin que nada empañe su amorosa actitud ante el mundo, ni siquiera su estadía en un geriátrico, donde debe lidiar contra las maldades de Flora, una empleada resentida que la amenaza con vengarse de sus chistes y de sus supuestas impertinencias. Pero Flora es como una bruja de cuento, cuya inclinación al mal -se dice en la obra-está de alguna manera habilitada (y controlada) por la bondad a toda prueba de la simpática anciana.

El resto de los personajes: una millonaria capaz de desprenderse de su egoísmo y de sus prejuicios por simple contacto directo con estos seres de fantasía que pululan por el geriátrico. Desde Murta, la jovencita con aire de duende que vive escapándose del neuropsiquiátrico en donde está internada, hasta Pedro, el peluquero gay y boliviano, todos los personajes que circulan por allí parecen vivir en un permanente estado de gracia, a excepción de Salvatore, el único cuyo perfil corresponde al de un verdadero residente de geriátrico.

El viejo, muy decrépito ya, vive perdido entre sueños y no hace más que repetir: «Presente vuol dire regalo» (presente quiere decir regalo). Pero su presencia en escena entra en conflicto con el clima generado por los demás personajes, sin aportar otra cosa que una frase, un leitmotiv cuyo valor dramático resulta bastante endeble.

El director
Roberto Villanueva condujo a sus actores con sensibilidad logrando que su trabajo transmitiera la frescura y emotividad necesarias para que esta ingenua fábula sobre la solidaridad humana resultara medianamente creíble. En este sentido, se destacan la actuaciones de Miriam Odorico (la Lady) y, muy especialmente, la de Ana María Castel (la anciana del geriátrico), cuya presencia ilumina el escenario.

Lamentablemente, la obra se pierde en apuntes aislados que se limitan a describir la pintoresca naturaleza de estas criaturas, pero que no alcanzan a plantear un verdadero conflicto que los reúna. Todo parece suceder como por arte de magia y sin tener en cuenta las complejidades y contradicciones del alma humana, lo que termina por empañar el mensaje solidario de la pieza, que propone ayudar al prójimo en sus carencias y ponerlo a salvo de sí mismo.

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