17 de agosto 2000 - 00:00

"ALMEJAS Y MEJILLONES"

C uando, en reciente conferencia de prensa, le preguntaron al actor español Jorge Sanz («Belle epoque», «Amantes», «La niña de tus ojos», y un largo etcétera, porque viene trabajando en toda clase de títulos desde los nueve años) cómo había asumido su participación en «Almejas y mejillones», el muchacho fue bastante franco: «La encaré como una gamberrada». Puesto a explicar el término, sugirió «algo ligero, alegre, desinhibido», calificativos que aplicó simpáticamente a la película. Con más claridad, pero menos simpatía comercial, se pudo emplear el rioplatense «pendejada». A fin de cuentas la película, como diría cierto animador televisivo, «es una joda».
La historia, relativamente hilvanada, apenas da para pasar el rato, y a veces roza el mal gusto: un joven científico se enamora de la lesbiana gritona que le está usurpando el departamento, y cuyo amigo travesti espera la visita de una hija, habida en especiales circunstancias.

Disparate

Esto es, hay un disparate pretendidamente romántico, dos hermosas mujeres con ganas de exhibirse, un cómico en tono tragicómico, Antonio Gasalla, bastante desaprovechado, una cómica, Loles León, que dice el mejor bocadillo de la obra, ya divulgado en las promociones («que en mi casa somos putas pero muy mujeres»), y hermosos paisajes de Tenerife. No hay mucho más, salvo uno de los mejores afiches de los últimos tiempos, idea original, muy bien aprovechada, de un tal Botticelli, muerto hace 490 años.
Responsable de todo esto es
Marcos Carnevale, un verdadero hombre de cine. Debutó con «Noche de ronda», definió luego los guiones de «Esa maldita costilla», «Papá es un ídolo» y «Los Pintín al rescate», y ahora, doblaje mediante, también llevará sus moluscos a España, donde Buena Vista los difundirá en 150 salas simultáneas. ¿Qué pueden importarle las críticas?

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