L a pintura de Gustavo Charif -que inaugura hoy la muestra «Alquimia Profana» en Daniel Maman Fine Arteestá pletórica de incidentes, es un circuito interminable, una escritura de formas fantásticas. En algunos casos la imagen se satura de elementos, una suerte de caos alucinante. Se percibe un efecto «repentino», como si no pudiera contener el flujo de sus ideas y según Fernando Arrabal,«las imágenes lo invaden». Hay que estar atento para no perderse el más mínimo detalle ya que sus obras están situadas en la encrucijada de la magia y la fe religiosa, de la herejía y del misticismo que traen a la mente los cuadros de un Jerónimo Bosch.
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Los títulos hacen referencia a las Escrituras, a alguna frase de Víctor Hugo; por ejemplo, «Los niños de hoy crecen en barriles martillados» o también a Lautremont, «El hombre, simio sublime». Cuando no dibuja la luna, Charif escribe «aquí iría la luna», o desliza palabras como «Mem» que en hebreo significa mujer y en lenguaje cabalístico, agua.
¿Qué más?. «L' art brut o el arte otro». Dibujo sin sombras proyectadas ni perspectivas calculadas. Frontales, los seres alargados y lánguidos, animales monstruosos, objetos, se instalan en el espacio abigarrada y obsesivamente. Un mundo de leyes propias, una operación artística instintiva, a partir de sus propios impulsos, una suerte de teatro privado, a menudo enigmático. Los artistas de esa corriente cuyo teórico principal fue Jean Dubuffet eran, aún hoy lo son, maestros en el arte de recuperar, juntar, pegar.
En Charif aparecen figuritas de plástico, pomos de pintura, cientos de objetos encontrados que también combina con una pintura tradicional. Charif toma, como muchos pintores de la antigüedad, figuras, escenas, ideas de cuadros clave de la historia del arte y también de rupturas como la de Mondrian. Pero artista de su tiempo, se apropia de un Ratón Mickey -del cual se ha abusado bastante en la posmodernidad -que como otras criaturas animales han conquistado significación universal.
Las figuraciones animales del siglo XX revelan las ideas, deseos, temores, y aspiraciones del hombre contemporáneo, así como los monstruos fabulosos del gótico expresaban la vida espiritual de los hombres medievales. Gustavo Charif nació en Buenos Aires en 1966. Pintor, cineasta, escritor, realizó su primera muestra individual en la Argentina en la Galería Alberto Elía en 1997. Recientemente participó en exposiciones en las que se presentaron obras de Dalí, Saura, Alechinsky, Xul Solar. En 2001, Guillermo Whitelow, lo seleccionó junto a importantes figuras del surrealismo argentino para el espacio del Fondo de las Artes en Arte-Ba. En el catálogo de «Alquimia Profana», además del poético prólogo de Guillermo White-low, hay un texto «Diálogo de Fernando Arrabal con Satán» y el «Manifiesto Encarnado», escrito por el artista. Allí, Charif señala que el arte encarnado sólo puede ser visto con la superficie del globo ocular, sin «interpretaciones» o «lecturas» y en forma tajante agrega que «quien comprenda no podrá explicar así como quien pretenda explicar es porque no comprende». Nos permitimos disentir ya que comprendendemos y ensayamos una explicación porque hemos llegado al entendimiento.
Diálogo
Fernando Arrabal, uno de los escritores más controvertidos del siglo XX, que admira su obra y lo incluye en el Parnaso junto a Borges, Macedonio Fernández, Xul Solar, entablará hoy a las 19 un diálogo con el artista: «Los lenguajes de la cultura en el mundo globalizado», coordinado por el psicoanalista José Abadi en la sede de Maman (Av. Del Libertador 2475). La exposición clausura el 10 de Agosto.
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