Barro TV: en busca del lado B de los artistas

Espectáculos

Por lo que se ve en el primer envío, las entrevistas tienden a incomodar y mostrar otros perfiles.

En el mundo del arte, el lugar que ocupan los avances tecnológicos se agiganta día a día. Las pantallas son verdaderas ventanas, permiten no sólo asomarse al contenido de los museos de todos los tiempos, galerías y talleres, sino además interactuar con el universo artístico desde el lugar más recóndito de la tierra. La modalidad del video circula por internet y la televisión aparece ahora por esta vía, como un servicio más, otro entre tantos.

La galería Barro ubicada en La Boca está hoy al alcance de la mano. Barro TV nació hace apenas unos días y hoy, a las 19, estrena el Canal 1, Entrevistas, con el artista Marcelo Pombo (1959). quien durante 17 minutos expondrá sus ideas sobre el tema “Naturaleza”. Pombo es una figura ineludible del grupo que en la década del 90 surgió del Centro Cultural Rojas con un arte lúdico e hipotéticamente ajeno al contexto sociopolítico. Trabajó como profesor de manualidades en una escuela para niños diferenciados de San Francisco Solano, y así se convirtió en un creador de ilusiones. Para este auditorio creó su “Navidad en San Francisco Solano” (unos envases de jabón y lavandina sobre los que cae dulcemente la nieve), o los cartones de jugo Cepita engalanados con cotillón, obras que le dieron una inesperada vuelta de tuerca al arte Pop.

Lejos está el Pombo que vemos en Barro TV de pensar o mencionar siquiera aquel ese plus afectivo, ese inefable capital sentimental que regaló en sus obras con un chispazo de brillantina o algunas guirnaldas floridas. ¿El rigor de la vida cotidiana habrá afectado su refinada sensibilidad? En todo caso, ¿por qué no hablar sobre el arte? “Yo tengo una relación muy profunda con la naturaleza, muy ambivalente, llena de contradicciones”, señala el artista. Para ejemplificar su conflicto, acaso el de una persona sensible al extremo, admite su visión de la naturaleza no como algo idílico y menciona que la entiende como vida, muerte, enfermedad, putrefacción, dolor, accidentes, catástrofes. Así cuenta que ama los pájaros pero que no puede dejar de verlos como pequeños asesinos. A pesar de su crueldad, se convirtió en un especialista en pájaros argentinos.

Al igual que Oscar Wilde, Pombo pone en primer lugar el arte, antes que la imperfecta naturaleza. No obstante, las ideas de Pombo circulan por otro canal. Llega el momento en el cual el espectador, sobre todo aquel que aprecia a un artista virtuoso, se pregunta por qué insiste el entrevistador -cuya voz está siempre ausente- en un tema que lo lleva a mostrar lo peor de sí mismo. Pombo asegura entonces que el arte es para todos y la naturaleza ahora es para los ricos. “Como soy un resentido, esto incide en que no me interese tanto la naturaleza. A la gente frívola le gusta la naturaleza. Pero hay que tener mucho dinero para disfrutarla”. Así agrega que algunos amigos, cebados con ese sueño, terminaron viviendo en la casita del campo. “Y ahí te empezás a embrutecer” señala. La imagen de un trigal en pleno incendio se divisa en la pantalla.

“Amo la ciudad, un ejercicio constante de tolerancia, de abrir tu mente. Es realidad pura, te da lo que necesitas”. “A esta altura de mi vida no se puede estar fuera del error y el nacionalismo es un error en el que me siento cómodo. Me gustan los animales argentinos, mariposas y polillas y mamíferos. Admiro mucho a los pájaros cómo se adaptan a la ciudad y me vuelven loco las gallinas. Cuando era chico ejercitaba su imaginación hasta ver a animales fantásticos. Añade que le gustan los paisajes que se pintaron y jugar a estar en medio de una obra de arte. Finalmente reconoce la influencia que tienen en sus dibujos los animales humanizados de Disney y otros creadores que admiró en su infancia y que, entretanto, desfilan por la pantalla. Al final, admite que se consuela integrando “el crimen organizado” de quienes comen animales. “Me tranquiliza ser un pecador y no un santo” concluye. En una de sus muestras, Pombo presentó un globo recargado de joyas tan falsas como hermosas. “Escombros flotantes” reunía las formas e imágenes que a lo largo de años transitan por su obra para embellecer el mundo.

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