Ceramista Gachi Hasper cede a la eterna seducción de los volcanes

Espectáculos

La galería Vasari inauguró su nueva muestra, “Confluencias”, cuya condición artesanal queda en evidencia, al igual que los colores planos, uniformes y radiantes, de las grandes pinturas abstractas.

La galería Vasari acaba de inaugurar “Confluencias”, una exhibición de Gachi Hasper (1966) que presenta por primera vez sus cerámicas junto a 20 acuarelas y unas pocas, pero contundentes, pinturas de gran formato. La serie de los Volcanes realizados en cerámica esmaltada con bandas de colores, exhibe las imperfecciones y cualidades de la materia. Del mismo modo, las acuarelas ostentan los rastros que ha dejado el temblor de la mano, la huella del lápiz o una gota casi imperceptible. La condición artesanal de estas obras queda en evidencia y los rasgos sensibles contrastan abiertamente con los colores planos y uniformes, pero siempre radiantes, de las grandes pinturas plenamente abstractas.

La artista utiliza de manera intuitiva los colores (rosados, celestes, verdes, rojos, anaranjados, azules, amarillos) que, aplicados sobre los dibujos de superficies redondeadas o en las curvas y contra-curvas que se desplazan rítmicamente por las telas, se perciben como expresiones de su propia identidad. El color se combina con la forma a partir de impulsos, sin respetar reglas y, el resultado de estas ejecuciones pictóricas, es invariablemente “un Hasper”.

Antecedentes

Partiendo del conocimiento de los movimientos abstractos de principios del siglo XX, pasando por los de la actualidad y la extensa tradición latinoamericana, Hasper ha logrado un sincretismo con los elementos personales. En las pinturas se advierte la ruptura con los patrones y la búsqueda de la inestabilidad y el desequilibrio de la forma. Hasper descoloca sus geometrías con audacia y es dueña de un estilo propio. Cree, además, en la capacidad salvadora de la belleza, y así lo afirma: “Elijo ubicarme en territorios problematizados e históricamente desvalorizados del arte: el ámbito de lo decorativo, lo femenino, lo primitivo, lo intuitivo, un posicionamiento estético-político que se expresa en mi obra en el uso exacerbado del color. Mi pintura puede reducirse al color. Busco el verdadero placer del color puro y las líneas, la búsqueda de la belleza por sí misma, como una instancia de alegría y un medio para superar la angustia”.

Con este capital estético salió a explorar la calle, a pintar murales en Miami y Puerto Madero, a montar obras de sitio específico debajo de la Autopista, en la Usina del Arte y el subte porteño. Entretanto, en 2019, presentó en Buenos Aires una de las primeras instalaciones inmersivas, en la enorme sede de la Fundación Santander. Allí, en una sala coloreada por sus pinturas sobre los ventanales, el espectador caminaba entre gigantescas gotas de acrílico de colores. Las mismas gotas que hoy reaparecen en una breve acuarela. “En mi obra el color es el soporte del contenido. Los colores estimulan el movimiento ocular y el movimiento sentimental”, aclara Hasper, refiriéndose a la gracia del chaparrón de colores que configuran las gotas.

En el texto de presentación, Lara Marmor observa que los volcanes inauguran una nueva etapa en la obra. Y señala: “Ahora llegó el turno de la figuración, y con ella el aspecto narrativo que se desprende de esta elección”.

Hasper esquiva el término “figuración”, y si bien reconoce que las cerámicas que realiza desde hace una década se llaman “volcanes”, agrega que su espíritu es abstracto. Lara Marmor, por su parte, enlaza los volcanes con el origen del mundo y encuentra en la obra un posible mensaje ecologista. El texto se titula: “La promesa de los volcanes”.

Se sabe, el arte es un río donde navegan las más diversas interpretaciones. Cuanto más fuertes sean los recuerdos que suscita y diversos los significados que emite una obra de arte, mayor es el potencial del artista para movilizar la sensibilidad. Mientras Marmor se pregunta: “¿Acaso los volcanes de Hasper pueden ser parte de un nuevo relato, el estímulo para la imaginación que visualiza un futuro donde las fuerzas constructivas son capaces de desplazar a la acción demoledora del hombre por otras más amables y contenedoras?”; otros asocian estas formaciones geológicas a la pasión. El volcán es la metáfora por excelencia de los estallidos de la pasión, y con su magnetismo trae a la memoria “Stromboli”, la película de Roberto Rossellini con Ingrid Bergman que conmovió la sociedad de la época; o la locura alucinada de “Bajo el volcán”, la novela de Malcolm Lowry o, el deseo a través del “El amante del volcán”, de Susan Sontag. Con su apariencia inocente, la cerámica de Hasper cabe en la palma de una mano, pero basta ver cómo se desborda el color rojo como la lava, para arrastrar una marea de recuerdos.

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