21 de octubre 2004 - 00:00

Audacia teatral: llevan a escena al poeta Georg Trakl

Debieron pasar muchos años para que la directora Helena Tritek se atreviera a llevar a escena la obra poética de Georg Trakl (1887-1914). Este extraordinario artista austríaco, que frecuentó a la élite artística e intelectual de su época (integrada por los pintores Oskar Kokoshka, Egon Schiele, Gustav Klimt; los músicos Arnold Schönberg, Alban Berg, Anton Weber y por pensadores como Ludwig Wittgenstein) dejó un fulgurante legado literario cuyas preocupaciones ontológicas, años más tarde, despertaron el interés del filósofo alemán Martin Heidegger. Víctima de sus obsesiones de pureza y absoluto, y dueño de una extrema sensibilidad, agravada por el consumo de drogas (a las que tenía libre acceso por su profesión de farmacéutico), Trakl se suicidó mientras estaba internado en un hospital de campaña. Tenía apenas 27 años y los horrores que vio en el campo de batalla fueron demasiado para él. «Estirpe Salvaje» se está exhibiendo en el teatro Abasto Social Club (Humahuaca 3649), los viernes a las 20.30, con un elenco integrado por Alejandro Viola, Cristina Villamor, Alba Castillo, Liliana Gattás, Alejandro Granado y Analía Rosenberg.

Periodista:
¿Cómo era Trakl?

Helena Tritek: Era un hombre obsesionado por la idea de infinito, por la pureza y por el sentido de la vida. El sostenía que sólo los no nacidos eran puros, que «ser, es ser culpable», por todo eso se lo considera un poeta maldito. En algunos momentos se conectaba con la realidad, pero ésta le resultaba demasiado dolorosa. Su poesía es como la de Rimbaud, un rayo intenso y fugaz que atravesó todas las cosas. Este tipo de artistas tienen forzosamente una existencia muy breve, porque se consumen en su propio fuego. Por otra parte, Trakl sentía un profundo rechazo por todo lo material. En una ocasión un mecenas ofreció darle un subsidio muy grande para que pudiera editar sus poemas, pero él lo rechazó asqueado. Más tarde se desprendió de todos sus bienes, incluso de sus libros más amados. A la guerra se llevó sus dos últimos tomos de la obra de Dostoievsky, un autor al que él admiraba con locura, y se los regaló a su asistente que fue el que después le avisó a la familia que Trakl había muerto.


P.:
Después de haber llevado a la escena la obra poética de Fernando Pessoa en «De Pessoaa persona», y la de Adelia Prado en «El corazón disparado», cuesta creer que no se animara con Trakl. ¿Qué dificultades encontró en este poeta?

H.T.: Siempre me pareció demasiado elevado. Pero este verano viajé a Chile para dirigir actores en una película y ahí conocí a uno que también admiraba mucho a Trakl. Nos pusimos a conversar y en un momento empezó a decir uno de sus poemas con una naturalidad increíble, ahí me dí cuenta de que Trakl se podía hacer en teatro. El personaje quedó en manos del actor Alejandro Viola, uno de los integrantes de «Los Amados», con él que ya trabajé en el espectáculo de Pessoa. Los demás actores funcionan como coreutas. También aparecen la madre y el padre, pero como una madre me parecía poco, puse tres: una muy enferma que está habituada desde hace años a la morfina, algo que a Trakl le rompía el corazón, otra que es una transmisora de cultura y una tercera que es la madre autoritaria. Son aspectos muy distintos como para que los interprete una sola actriz, por eso incluí varias. Otro personaje importante es la hermanita, que estudiaba piano y a la que él adoraba a un extremo que consideraba malsano.


P.:
¿Tiene algún otro proyectoteatral en marcha?

H.T.: Sí, mi próximo espectáculo está relacionado con el peronismo. Estoy investigando mucho sobre el tema junto a la dramaturga Patricia Suárez.


P.:
¿Y con Alejandro Romay no tiene ninguno?

H.T.: Por ahora no, estuve dos años con él y fue muy productivo,llevé «Venecia» a Europa, dirigí comedia musical... Todo eso fue muy bueno, pero ahora quiero volver a lo mío, que es más chiquito y apresable, no sé... Creo que hay mucha gente que ama la poesía y que ésta tiene una trascendencia espiritual que es muy difícil de encontrar en los dramaturgos de ahora. Los grandes poetas son como faros que iluminan nuestras vidas y a mí me resulta imprescindible llevarlos a la escena.

Entrevista de Patricia Espinosa

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