Enviada especial Miami- Acaso una de las ciudades más afectadas por la merma turística desde el 11 de setiembre, y que definitivamente no ostenta el brillo de sus buenas épocas (lo que sí ostenta en cambio son banderas y banderitas norteamericanas en negocios, taxis y hoteles, sobre todo desde la guerra en Irak), es sede de varios acontecimientos simultáneos: en primer lugar, esta semana tiene lugar el Festival de Cine Latino; segundo, se desarrolla la Primera Cumbre de la Industria de la Telenovela y, por último, al igual que en la tradicional New Orléans, se celebró también ayer el Mardi Gras, la folklórica prolongación del carnaval con un despliegue especialmente montado en la zona del Bayside.
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Todo se vincula con la difusión de la cultura hispana en la zona, donde la población hispanoparlante ya alcanza 70% y la inmigración, especialmente cubana pero también peruana, colombiana, venezolana y argentina, es notable. Hay en EE.UU. 40 millones de hispanos y son primera minoría racial, porque ya superan a los afroamericanos. Se calcula, también, que los hispanos gastan 14% de su ingreso en entretenimiento y van al cine 3 veces más que el norteamericano medio.
El festival latino de cine incluye dos títulos argentinos («Un día de suerte», de Sandra Gugliotta y «Apasionados», de Juan José Jusid). La muestra va por su séptimo año y perdura la voluntad de los organizadores ( Jaime Angulo es su director) por difundir en Estados Unidos el cine hispano.
En tanto, el acontecimiento que está reuniendo importantes referentes de la industria televisiva es la Cumbre de la Telenovela, que se realiza por primera vez en esta ciudad y ha convocado históricos del género como Delia Fiallo (su tema será «El arte de hacer llorar»), Jorge Maestro, Enrique Torres (residente en Los Angeles), Pablo Delbene («Yago, pasión morena»), Fernando Gaitán («Betty, la fea»), entre otros, y directores de las principales cadenas latinoamericanas como Tele-visa (México), O Globo (Brasil), Caracol (Colombia) y Telemundo (Miami).
Lo más interesante hasta el momento fue la mesa sobre la presencia de la telenovela en el mercado asiático y de Europa del Este. Representantes de Rusia, Bosnia y Eslovenia expusieron las razones por las cuales Natalia Oreiro o la heroína del furor «Esmeralda» se convirtieron en rotundos éxitos en esos países. Tanto que las visitas de esas mujeres lograron aglutinar multitudes desenfrenadas, equiparables solamente -según dijeron-a la visita del Papa o el fervor por Tito en la ex Yugoslavia.
Quienes investigaron el tema sostienen que la pasión por lo latinoamericano cobró magnitud tras la guerra de los Balcanes, cuando la telenovela y sus derivados fueron la descarga emocional contra la depresión y angustia colectivas. Respecto de los mercados conexos, proliferó la venta de música latina, y esperan que se editen las bandas de sonido de las telenovelas; también creció abruptamente el número de gente estudiando español, deseosa, entre otras cosas, de comprender la lengua en que hablan heroínas y antihéroes.
En 2002 los países del Este importaron 18% de material argentino, 18% de México, 9% de Venezuela y las mismas proporciones de Brasil y Colombia.
La presencia argentina se ha equiparado al resto si se tiene en cuenta que en 2001 el origen de las telenovelas provenía en 58% de México y sólo en 17% de Argentina. Y en Rusia las telenovelas han tenido un éxito abrumador, que responde, según los programadores de canales en ese país, a que América Latina y la ex URSS tienen características que los emparentan: problemas sociales y económicos, clases sociales similares y culturas proclives a lo emotivo. En Rusia ganaron claramente los clásicos culebrones y no las tiras costumbristas que incluyen conflictos contemporáneos con personajes paródicos. Y el fenómeno se repite en Hungría o la República Checa: Cuando se programa una telenovela latinoamericana, logra ganarle en rating a producciones locales.
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