21 de mayo 2004 - 00:00

Bella muestra revela a la artista cubana Belkis Ayon

Las obras de esta estupenda artista prácticamente desconocida en la Argentina no sólo exhiben impecable técnica sino también el universo mágico y hasta perverso de una secta afrocubana.
Las obras de esta estupenda artista prácticamente desconocida en la Argentina no sólo exhiben impecable técnica sino también el universo mágico y hasta perverso de una secta afrocubana.
Aunque el vasto currículum de exposiciones individuales y colectivas, nacionales e internacionales, indique que Belkis Ayon integró una muestra de «20 Plásticos Cubanos» en el Centro Artístico Universitario de Mendoza y la 7a Feria ArteBa (1998), su obra es poco conocida en nuestro país. «Siempre Vuelvo», bajo la curaduría de la crítica de arte Lilian Llanes, permite conocer a una artista fundamental del arte cubano contemporáneo nacida en 1967 y que puso fin a su vida en 1999.

Sus colografías, especie de collage impreso estructurado con una amplia variedad de materiales sobre un soporte de cartón, técnica poco conocida en relación con el resto de los procedimientos gráficos, son impecables en su ejecución. Pero sin embargo no es esta perfección técnica lo que solamente deja atrapado al contemplador. Es el universo mágico, ancestral, quizás perverso de la temática «abakúa» que, según confesara la artista, constituiría «el punto de partida, el pretexto para las comparaciones con la vida.»

Belkis Ayon
penetra y se apropia de los mitos de esta secta cerrada y masculina, esfera prohibida de la religiosidad afrocubana. El blanco y negro son inquietantes. El cuerpo, asexuado, ambiguo, tatuado, más bien una silueta, de cabeza rapada y ojos vacíos, penetrantes. Como lo señala Yolanda Wood, estudiosa de su obra, «el uso del cuerpo hizo a sus figuras cómplices para el reciframiento de los viejos mitos y la reconstrucción de las antiguas leyendas».

Hay elementos recurrentes: el gallo, depositario de la virilidad y el poder, el pez, como principio de la fertilidad y la vida, el chivo, como símbolo de la fidelidad y la sumisión, todos ellos vigentes en el mestizaje y el sincretismo de la cultura cubana. La leyenda de Sikan, mujer emblema de la cosmogonía «abakúa», dice que se acercó al río Oldán para llenar su tinaja y en la misma se introduce el pez Tauzé, representación de Abasí, Sikan lo vio pero como era mujer no podía tener el secreto «abakúa», por eso deciden matarla.

Belkis Ayon
toma esta leyenda-ritual no como simple anécdota ni tampoco como reivindicación de lo femenino sino como ofrenda, como una rebelión ante la exclusión y una reflexión crítica sobre la condición humana. En sus obras hay otros atributos como el bastón de mando, la serpiente, evocadora de la fuerza primitiva, de la tierra y de lo profundo. Por eso tantos fondos negros que acentúan lo enigmático de la imagen y la convierten en sacral.

Imágenes desde el silencio, para el silencio, encuentro con lo misterioso, así debe verse esta obra cargada de energía y también trágica. Centro Cultural Recoleta. Clausura el 21 de Junio.

• Stupía

Según los preceptos de la pintura tradicional japonesa, la maestría sólo puede lograrse cuando la mano, dueña ya de la técnica, ejecuta lo que «ronda» ante el ojo del pensamiento en el mismo instante que el pensamiento empieza a concebirlo. La pintura se convierte entonces en una caligrafía. Es así que cuando se observan los grafitos, tintas y gouache de Eduardo Stupía, es inevitable relacionarlo con la caligrafía oriental. Un verdadero maestro en el sentido que trasciende a la técnica y su arte se convierte en un arte sin artificio, surgido del inconsciente.

Creemos que su mano se deja llevar, de allí, los movimientos circulares. De repente la mano se detiene, deja algunos espacios en blanco, todo parece fluir naturalmente. Encontramos trazos verticales, pequeños gestos que confluyen, cambios de lo claro a lo oscuro, en toda la superficie late un movimiento interior que
Stupía capta antes de que se desvanezca. Hay formas nebulosas, suaves como «...la gasa de mis medias...» o «...el tejido suave de una servilleta de papel japonesa...», versos pertenecientes a «Personae», poemas breves de Ezra Pound, que Jorge Mara, director de la galería, ha elegido para la delicada edición del libro que acompaña la muestra.

Stupía
presenta también tres pinturas sobre tela en las que el encuentro fortuito de la tinta, el esmalte y algún otro elemento no compatible revela formas más desplegadas, cuyo resultado podría calificarse como un intento de informalismo en el que, sin embargo, se percibe la presencia de un paisaje de cielos y de mares. La Ruche (Arenales 1321). Clausura el 14 de junio.

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