21 de mayo 2004 - 00:00
Bella muestra revela a la artista cubana Belkis Ayon
-
En boca de todos: Euphoria estrenó su tercera temporada y dio que hablar
-
"Clayface": la película de terror sobre el villano de Batman presentó su primer adelanto
Las obras de esta estupenda artista prácticamente desconocida en la Argentina no sólo exhiben impecable técnica sino también el universo mágico y hasta perverso de una secta afrocubana.
Belkis Ayon penetra y se apropia de los mitos de esta secta cerrada y masculina, esfera prohibida de la religiosidad afrocubana. El blanco y negro son inquietantes. El cuerpo, asexuado, ambiguo, tatuado, más bien una silueta, de cabeza rapada y ojos vacíos, penetrantes. Como lo señala Yolanda Wood, estudiosa de su obra, «el uso del cuerpo hizo a sus figuras cómplices para el reciframiento de los viejos mitos y la reconstrucción de las antiguas leyendas».
Belkis Ayon toma esta leyenda-ritual no como simple anécdota ni tampoco como reivindicación de lo femenino sino como ofrenda, como una rebelión ante la exclusión y una reflexión crítica sobre la condición humana. En sus obras hay otros atributos como el bastón de mando, la serpiente, evocadora de la fuerza primitiva, de la tierra y de lo profundo. Por eso tantos fondos negros que acentúan lo enigmático de la imagen y la convierten en sacral.
Creemos que su mano se deja llevar, de allí, los movimientos circulares. De repente la mano se detiene, deja algunos espacios en blanco, todo parece fluir naturalmente. Encontramos trazos verticales, pequeños gestos que confluyen, cambios de lo claro a lo oscuro, en toda la superficie late un movimiento interior que Stupía capta antes de que se desvanezca. Hay formas nebulosas, suaves como «...la gasa de mis medias...» o «...el tejido suave de una servilleta de papel japonesa...», versos pertenecientes a «Personae», poemas breves de Ezra Pound, que Jorge Mara, director de la galería, ha elegido para la delicada edición del libro que acompaña la muestra.
Stupía presenta también tres pinturas sobre tela en las que el encuentro fortuito de la tinta, el esmalte y algún otro elemento no compatible revela formas más desplegadas, cuyo resultado podría calificarse como un intento de informalismo en el que, sin embargo, se percibe la presencia de un paisaje de cielos y de mares. La Ruche (Arenales 1321). Clausura el 14 de junio.



Dejá tu comentario