13 de marzo 2001 - 00:00

"Brizuela es toda una orquesta en sí mismo"

Rodolfo Mederos.
Rodolfo Mederos.
Hace un tiempo, el reconocido bandoneonista y renovador del tango Rodolfo Mederos se unió «como jugando» al guitarrista más emparentado con el folklore Nicolás «Colacho» Brizuela (acompañante habitual de Mercedes Sosa) con la idea de tocar tangos clásicos, retomando la vieja tradición de la «parrilla», es decir, sin arreglos, apoyándose exclusivamente en la partitura de piano o en la memoria y dejando que las piezas se fueran desarrollando en el momento. Sus primeras apariciones públicas fueron en Oliverio Allways. El año pasado, foguearon, en varios pequeños ámbitos, «Tangos», el primer disco común que el próximo sábado presentarán con un concierto en La Trastienda. Dialogamos con Mederos al respecto.

Periodista: A usted se lo reconoció durante mucho tiempo como un innovador del tango, más cercano a la experimentación y a los arreglos muy elaborados. ¿Qué lo llevó a cambiar tan radicalmente?

Rodolfo Mederos:
Hay una frase de Verdi que me parece muy atinada: «Seamos modernos, volvamos al pasado». No creo que esta frase deba tomarse en el sentido acomodaticio, sino en el de que es preciso apoyarse en lo que sucedió antes para ir hacia adelante. No hay futuro sin pasado. Son como placeres distintos. A veces, uno tiene ganas de ponerse traje y corbata, y otro, de andar descalzo por la arena suave. «Colacho» sería, en este caso, la arena suave. Todo se complementa como vasos comunicantes. Pero, por otra parte, ahora me estoy dando cuenta de las ventajas de la economía musical, o sea que no siempre lo mejor está en poner muchas cosas, sino solamente las necesarias.

P.: Sin embargo, más allá de sus épocas como integrante de la orquesta de Pugliese, usted no se había acercado tan abiertamente a lo popular en el tango.


R.M.:
Seguramente, hace 20 años esta conversación hubiera sido distinta. Ahora necesito de esto por varias razones. La primera es personal, de encontrarme con los viejos referentes, con el patio de la casa, donde siendo muy chico empecé a tocar con un guitarrista vecino, con aromas que son vitales para mí. Otra está relacionada con la elección de tangos y de autores clásicos, con la intención de recordar los fantásticos músicos que son y las cosas por las que soy quien soy.

No es una especulación para hacerme el moderno, pero me encanta volver a tocar para que la gente baile o se involucre de otra manera, distinta de la del concierto con la gente sentada a oscuras, y nosotros iluminados sobre el escenario. Y hay una tercera razón que es el hecho de haber encontrado un partenaire como «Colacho».

Es un privilegio, porque toca la guitarra, pero es una orquesta en sí mismo. Con él puedo tocar sin preconceptos, sabiendo que no vamos a chocar, que las señales viales van a ser respetadas, y con el placer, además, de no saber exactamente cómo van a suceder las cosas. Por eso, nunca termino de convencerme de grabar un disco, que de algún modo congela esto que naturalmente se hace sobre la marcha; pero así son los códigos del mercado por estos tiempos.

P.: ¿Está trabajando en algo más, además del dúo?


R.M.:
Hice la música para «Contraluz», la película de Bebe Kamin que se dio en Mar del Plata. Estoy trabajando en algo que me da mucho placer y es en la formación de una orquesta tí-pica. Eso también es una forma de volver al pasado para seguir en el futuro. Y, además, estoy con un proyecto pedagógico, que es muy importante para mí: estoy escribiendo un libro sobre arreglos en el tango.

P.: ¿Cómo fue la experiencia de grabar y tocar tangos con Daniel Baremboim, un pianista muy elogiado en el terreno clásico pero cuestionado por muchos cuando hace música popular?


R.M.:
Eso fue más que nada un evento social. El error está en creer que porque un músico es genial en un terreno puede serlo en todo. Y lo cierto es que cada cosa se ubica en el lugar que le corresponde. Yo disfruto de tocar con gente diferente, y esto me gustó hacerlo. Me admiran su gran musicalidad, su sonido expansivo, su concepto camarístico. Pero Daniel habla con un acento distinto. Fue lo que fue; no habría que exigir otra cosa.

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