29 de mayo 2002 - 00:00

Buen retrato del tanguero Cardei

María Maratea «Cardei» (Bs.As., Galerna, 2002, 156 págs.)

N o suelen hacerse buenos libros-homenaje desde el amor incondicional y la admiración ciega. Sin embargo, María Maratea -periodista, actriz, artista plástica-, que pasó los últimos años junto a Luis Cardei y fue su última mujer, logró romper con esa sentencia.
«Cardei» no tiene pretensiones biográficas -de hecho, no aparece siquiera la fecha de nacimiento del cantor-, ni historiográficas ni musicológicas. Sólo pretende, y lo logra con creces, hacer una pintura de un artista enorme que alcanzó la trascendencia apenas en los últimos años de su vida, que luchó duramente contra la hemofilia y murió con el mayor sufrimiento víctima de una suma de enfermedades -la cirrosis y el sida contagiado en una de las múltiples transfusiones, entre otras-. En esta obra, breve, bien escrita, de lectura sencilla y muy rápida, se suceden los recuerdos emocionados de la autora, las palabras de Cardei, las opiniones de algunos que lo conocieron de cerca, las anécdotas del tango y de una salud siempre castigada, los dolores y las alegrías de un hombre que a muchos hizo olvidar por un rato la anterior desaparición del Polaco Goyeneche.

Está entonces el Cardei del «vasito de whisky» prohibido por los médicos, el que de joven levantaba quiniela y le escapaba a la policía, el de la internación en el Hospital Borda -donde llegó para superar una adicción a la heroína que había adquirido para soportar sus dolores-, el que conquistaba a las chicas con su labia cuando el cuerpo siempre le jugó en contra, el que se atrevió de grande a quemar las naves y abandonar un matrimonio de muchos años, el que jamás se creyó una estrella aunque lo fue -y de eso podemos dar también cuenta quienes tuvimos la suerte de conocerlo-, el que no podía creer que alguien quisiera grabarle un disco, el que fue fiel a su compañero el bandoneonista Antonio Pisano -«Antonito», como él lo llamaba-a pesar de que muchos le aconsejaban el cambio, el que fracasó como comerciante cuando quiso administrar su propio boliche, el que tuvo a Gardel como gran mode-lo pero desde allí construyó su propio discurso.

Seguramente, sería justicia si alguien emprendiera ahora el trabajo de escribir una biografía más formal. Pero esta aproximación, desde la emoción y el afecto que hizo Maratea permitirá descubrir muchas intimidades de un gran artista y acercará su obra. Para quienes ya había tenido el gusto de conocerlo como cantor, será una manera de entender mejor por qué Cardei cantaba del modo en que lo hacía.

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