8 de agosto 2003 - 00:00

Buena visita al mundo del turf

«Volvoreta» (id, Francia-Argentina, 2001, habl. en francés y español). Guión y dir.: A. Yaccelini. Videodocumental (C.C.R. Rojas, Corrientes 2038.)

E ste agradable documental sobre el caballo favorito de un entrenador judeo-argentino residente en las afueras de París, seria la joya del mes en cualquier canal de cable, no importa si rural, deportivo, o de películas nacionales. En cambio, se exhibe (solo los lunes y jueves de agosto) en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Curiosidades del negocio cinematográfico, relativamente emparentadas con las curiosidades del negocio turfístico que la obra presenta.

Relato llevadero, entretenido, el mismo maneja con habilidad natural, con una liviandad que no debe confundirse con ligereza, un imprescindible aspecto informativo: datos de la crianza, preparación, etc. Y cuando el espectador ya está al tanto de la cosa, el autor saca la fusta y también maneja, con esa misma habilidad natural, un suspenso casi insoportable: el pingo se halla en vísperas de hacer su carrera consagratoria. Si gana, su entrenador también se consagra. Pero si pierde...

El autor es Alberto Yaccelini, conocido montajista de «Invasión» y «La película del rey», entre otros buenos títulos criollos, y casi desconocido autor de «Gombrowicz, la Argentina y yo», «Le peril rampant», y otros trabajos para el mercado francés. A recordar, porque viene al caso, un viejo documental suyo sobre el remero Alberto Demiddi. Un film interesante y al mismo tiempo doloroso, porque mostraba las duras autoexigencias de entrenamiento de un atleta solitario, y la igualmente dura tarea del documentalista, para hacer lo suyo sin molestar en ningún momento al deportista, y sin saber tampoco si al final los esperaba el éxito, la derrota, o acaso el abandono, el simple agotamiento.

«Volvoreta»
muestra algo similar, pero con otro tono, nada doloroso, mas bien placentero, lleno de luz, templado para toda circunstancia, quizá por la ventaja de los años, porque el animal casi nunca esta solo, o porque la historia, llena de vaivenes, tiene un lindo epílogo, que deja una enseñanza cinematográficamente burrera y filosófica.

P.D.:
Hablando de burreros, cerramos la ventanilla con la famosa esquela del director Manuel Romero a uno de sus actores: «Amigo Roldán, lo ando buscando para ofrecerle un papel en una película que estoy preparando. Me dijeron que estaba en el Hipódromo, y ahí fui, con un resultado pésimo. Me debe usted cien pesos».

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