19 de abril 2005 - 00:00

Cedrón volvió a su mejor veta

Presentación de «Piove en San Telmo. Canciones lunfardas». Cuarteto Cedrón: J. Cedrón (voz, guitarra), F. Torres (bandoneón), E. Cedrón (violín), M. Praino (viola) y R. Cedrón (contrabajo). (Teatro ND/Ateneo, 16 de abril.)

Luego de una experiencia con la orquesta típica -de la que parece que ningún tanguero puede escapar por estas épocas-, el «Tata» Juan Cedrón volvió a una marca que lo ha convertido en un artista distinto hace ya muchos años. Y no importa demasiado que ahora el Cuarteto Cedrón sea en realidad un quinteto; o que se haya sumado el violín y el violoncello haya sido reemplazado por el contrabajo.
 
Tampoco importa que dos de sus hijos -
Emilio en violín y Román en contrabajo- integren este Cuarteto/quinteto actual, o que el joven Facundo Torres tenga el lugar del bandoneón, o que de la vieja guardia sólo permanezca el guitarrista Miguel Praino. Porque el espíritu de aquel grupo fundante, con el que el músico y cantante logró imponer su estilo, se mantiene intacto en esta formación.

Cedrón
vuelve profundamente a la poesía cantada. Su flamante álbum «Piove en San Telmo» recupera para la música textos lunfardos Luis Alposta (la mayoría), Dante Linyera o Nacho Whisky.

De allí hubo varios títulos en este concierto de presentación, incluido el bellísimo instrumental «Los adioses». Pero, como no podía ser de otro modo, también hubo un lugar destacado para la poesía de Raúl González Tuñón, su favorito, y el de su público, de todos los tiempos («Eche veinte centados en la ranura», «Los seis hermanos rápidos dedos en el gatillo», «La cerveza del pescador de Schiltigheim»), y de su también admirado Acho Manzi. En cambio, ha dejado de cantar el repertorio sobre poesías de Juan Gelman, que también fue emblema de su estilo en otras épocas.

Sólido, impecable en el armado, con una seriedad que golpea por su contundencia, Cedrón tiene un excelente respaldo en este remozado grupo. Y su voz -arrastrada, algo escondida detrás de los músicos, apuntada a los graves, trabajada a ratos como un instrumento más- conserva la contundencia de siempre.

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